El Arte de Aceptar

Mindfulness es prestar atención de manera intencional al momento presente, desde una actitud de aceptación, curiosidad y no juicio.Jon Kabat Zinn

No aceptamos cada vez que nos enfadamos o nos violentamos con alguien: me resisto a ti, me molesta lo que haces, no me gustas, quiero que cambies.

No aceptamos cuando nos criticamos o nos sentimos culpables por nuestra conducta: no me permito errores ni limitaciones… me trato con exigencia y dureza.

No aceptamos cuando juzgamos, para bien o para mal, a una persona o situación.176 AGUSTIN

No aceptamos cuando nos quedamos atrapados en el odio o el resentimiento. Me resisto a soltar el pasado, a tolerar una conducta.

No aceptamos cuando nos preocupamos por alguien o por el futuro: no confío en la vida o en alguien, no me dejo fluir con lo que es.

No aceptamos cada vez que rechazamos la incomodidad, las diferencias. No me abro a los cambios y dificultades, no tolero a los diferentes,…

No aceptamos cuando nos resistimos a un hecho doloroso; la vida se puede paralizar en torno a ese acontecimiento… y además solemos transformarnos en víctimas de forma consciente o inconsciente. Me resisto al dolor y a la pérdida.

¿Aceptación o resistencia?

No podemos cambiar nada hasta que lo aceptamos. La condena no libera, oprime.C. G. Jung

Aceptar es la capacidad de acoger lo que viene, sea agradable o doloroso; es permitir lo que es, es lo contrario de oponer resistencia.

Cuando sucede algo que nos disgusta o aparece un obstáculo, solemos reaccionar oponiéndonos a ello.

Esta resistencia puede hacerse de forma directa, por ejemplo reaccionando con ira, enfado, rebeldía o bien de forma más pasiva como negándolo, reprimiendo los sentimientos o huyendo. Hay muchas formas de huida: mirar para otro lado, esquivar responsabilidades “esto no va conmigo”. Siempre que no estamos presentes estamos huyendo: nos evadimos con nuestra fantasía (por ejemplo, empezar a trabajar el lunes pensando en el viernes que viene). Las drogas son otra forma de huida. Las drogas tapan el malestar. Hablamos de drogas en sentido amplio: incluso el trabajo, la comida y el sexo se pueden usar como huida. Es el refugio en la inconsciencia.

Hay que aclarar que aceptación no significa resignarse. Aceptar no implica renunciar a cambiar las cosas, sino solo reconocer cómo es la realidad en el presente, afrontarla y desde ahí poder trabajar para superar el obstáculo. En la vida nos sobrevienen muchas experiencias adversas que no podemos eludir: decepciones, rechazos, enfermedades, accidentes, pérdidas, muerte de seres queridos. Si al dolor que acompaña a estas experiencias le sumamos nuestra resistencia, estamos produciendo un sufrimiento innecesario.

Dolor (inevitable) x Resistencia = Sufrimiento (evitable)

Otra consecuencia nociva de la resistencia es que empeñándonos en eliminar un obstáculo molesto, y siendo esto imposible, no se logra nada más que nos quedemos atrapados en una conmoción emocional que nos roba la calma y claridad necesarias para encontrar un camino adecuado y poder actuar.

La aceptación es un proceso.

Para poder aceptar debe haber comprensión en alguna medida. También tolerancia. Son parte del camino hacia el Amor.

Lo primero que tenemos que aceptar es a nosotros mismos y por extensión a nuestros padres, que son nuestros predecesores. Luego a los demás seres: estamos interconectados, crecemos, amamos, sufrimos a través de las relaciones. Aceptar es decir SI a la vida. Aceptar el papel que la vida nos ha propuesto. Aceptar lo que nos trae la vida, con su inevitable doble faceta de dolor y placer. Aceptar lo que nos disgusta y también lo que nos agrada.

La mayoría de las veces, la aceptación es un proceso gradual. El psicólogo K. Germer ha distinguido varias fases que pueden verse por ejemplo en el duelo por un ser querido. Se empieza por el rechazo o aversión al hecho. Aquí podemos pasar por sentir dolor, para luego negar y también rebelarnos, pues la rabia nos hace sentir más fuertes Más tarde se avanza hacia una fase de curiosidad por el hecho y por cómo estamos reaccionando. Otros momentos serían la tolerancia, o ser capaces de llevar la situación sin desbordarse y la conformidad, o permitir el ir y venir de los sentimientos, los altibajos del estado de ánimo. Por último llegaríamos a la reconciliación con el hecho y poder abrirnos a las posibilidades de la nueva situación.

Puede ser un proceso más o menos largo, según cada persona y situación. Desde luego, ciertos acontecimientos vitales son de muy difícil asimilación.Cada ser humano en su camino de maduración va aprendiendo a aceptar el presente, a soltar el pasado, a abrirse al futuro. A veces el último escollo a superar para poder aceptar es el orgullo, la suficiencia. Es la forma más sutil de resistirnos a lo que es. Cuando la aceptación es total, se habla de rendición. A veces una persona tras mucho sufrimiento y resistencia, abrumada por unos hechos inevitables, acaba cediendo por completo, rindiéndose a ello. La rendición nos lleva a un nuevo estado de conciencia, se puede llegar a sentir sintonía con la vida, con todo lo que es.

La actitud de aceptar en mindfulness

Cultivar la aceptación es clave en la práctica meditativa, lo que significa abrirse a lo que hay, observar sin juicios. Al meditador principiante esta actitud le puede causar sorpresa, incluso rechazo, quizá porque se opone a esa inercia mental tan común que hemos comentado: la resistencia.

La meditación de la atención plena (mindfulness) propone no luchar con los contenidos mentales que aparecen, sino observarlos; poco a poco el practicante va acogiendo lo que viene con una actitud benevolente necesaria para el proceso.

La aceptación en la vida cotidiana también debe extenderse a los pensamientos y emociones provocados por las experiencias vitales. En el caso del duelo, p.ej., hay que aceptar la aparición reiterada de pensamientos y emociones dolorosas relacionadas con la pérdida. Muchas veces hay un rechazo de los sentimientos que esa situación nos provoca. La meditación ayuda en este punto. Cuando empezamos a aceptar nuestras vivencias internas se transforman las situaciones.

Al no resistirse, los pensamientos y emociones perderán su fuerza y persistencia. La consciencia nos hace ver que los pensamientos son simples productos de nuestra mente, y dejamos de confundirlos con la realidad, pudiendo evitar que nos arrastren. El cultivo de una actitud de aceptación radical de la experiencia presente del cuerpo-mente es básico en la práctica meditativa, y es lo que permite que ocurra la transformación y nos lleve a espacios de mayor libertad interior.

La aceptación significa por tanto permitir que las cosas sean como son, lo cual en la vida significa muchas veces abandonar proyectos que habíamos forjado y desligarnos de ataduras emocionales a personas o cosas. En la meditación aprendemos a observar los pensamientos, juicios, cavilaciones y resistencias, y si es posible, dejarlos ir. Por eso la aceptación está relacionada con desprenderse. La actitud de permitir se complementa con el soltar o dejar ir. Sin olvidar como decíamos anteriormente que aceptación va unida a la comprensión, a la tolerancia, es decir al AMOR

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