En relación con el tiempo

185-AGUSTIN

Mindfulness o atención plena es prestar atención de manera intencional al momento presente, desde una actitud de aceptación, curiosidad y no juicio. J. Kabat Zinn

Hubo una época en que las actividades humanas se adaptaban al ritmo de la naturaleza, teníamos que ir más lentos al caer el sol por falta de luz, había más momentos para la calma, por ejemplo junto al fuego de una hoguera.
Hoy día, además del trabajo diario, podemos seguir activos a todas horas, distraernos y relacionarnos virtualmente o en persona, podemos vernos arrastrados por un bombardeo de estímulos y sensaciones, acceder a un exceso de información y de alternativas. Encontrar un tiempo para meditar o interiorizar, puede ser difícil e incluso muchos tienden a considerarlo una pérdida de tiempo.
Hay etapas en la vida en que nos falta tiempo para hacer todo lo que querríamos. Quizá tenemos tantas obligaciones, proyectos y temas pendientes, sentimos que el tiempo pasa tan deprisa… que dejamos de hacer actividades valiosas. Muchas veces lo urgente desplaza a lo importante. Nuestra vida suele estar dividida en compartimentos: tiempo para el trabajo, tiempo para la familia, tiempo para los amigos, y, si es posible, tiempo para mí.
Entonces, estando llenos de actividad y escasos de tiempo, ¿cómo vamos a buscar un espacio de tiempo para practicar el no hacer, para meditar?

En otras situaciones nos podemos encontrar con exceso de tiempo, sin nada que hacer, que el tiempo se nos hace interminable, no sabemos cómo manejarlo (imagina que estás convaleciente por enfermedad o accidente, que estás en paro o con abundancia de  tiempo muerto). Aburridos y sin actividad  de nuestro interés, nos gustaría llenar este tiempo vacío, entonces ¿cómo podríamos hacer para motivarnos y encontrar sentido a meditar, a una actividad que implica no hacer, si precisamente nos sobre inactividad?

El presente sin límites
Podemos proponer una respuesta a estas cuestiones: La paz interior está dentro de cada uno y fuera del tiempo. ¿Y si fuera precisamente entrar en esta dimensión atemporal lo que nos libre del agobio del tiempo?
Para la persona activa, el pasar un tiempo cada día en quietud y silencio  va a aportarle una experiencia diferente en relación con el tiempo, puede que algo cambie al poner conciencia en el presente, y que en lugar de luchar con el tiempo, pueda aprender a fluir, a estar más presente.
Alguien con escasa actividad, probablemente sí está haciendo algo en su mente, -por ejemplo creando aburrimiento, frustración, rabia, etc.- Estos contenidos mentales pueden minar las energías y hacer interminable el paso del tiempo. Esta persona podría aprovechar la situación de parón en su trayectoria vital como una oportunidad de hacer un trabajo interior, el trabajo de ser, el trabajo de la comprensión y conciencia de nosotros mismos.
Cuando se practica habitualmente mindfulness los estados negativos tienden a atenuarse, porque aprendemos a relacionarnos mejor con los pensamientos, fomentamos paz mental y probablemente obtengamos  una visión más clara sobre nosotros mismos y nuestra vida.

Como liberarnos del agobio del tiempo.
J. Kabat-Zinn propone varias modos de sanar nuestra relación con el tiempo:
Primero recordar que el tiempo es solo un producto del pensamiento, y que lo vivimos subjetivamente y con relatividad.
Todos hemos experimentado que cuando nuestra mente está apremiada por mucha actividad o enfrascada en algo placentero el tiempo parece encogerse. En cambio cuando nos aburrimos o sufrimos, parece expandirse. Debemos saber que podemos aprender a trascender el pensamiento y la dimensión temporal.

Una 2ª forma es dedicar una rato cada día a meditar, a no hacer, solo ser.
Practicando la atención a la respiración, a nuestras sensaciones, o al fluir de nuestros pensamientos, dejándolos pasar, nos salimos de la vorágine del tiempo y empezamos a vivir en el presente.
Al darnos un tiempo de consciencia o presencia conectamos con otra dimensión profunda y liberadora. Cuando nuestra cadena de pensamientos está acelerada, actuamos de modo automático, nos cuesta cambiar de dirección. Cuando hacemos espacios entre pensamientos, silencios momentáneos, podemos decidir movernos en cualquier dirección, es decir, ser más libres.
Necesitamos saber dar importancia a ese tiempo y no considerarlo secundario por estar vacío de acción. También necesitamos saber decir no a otras actividades o personas para reservarnos un espacio para interiorizar. El comprometernos en esta práctica nos ayuda a reforzar nuestra capacidad de vivir en el presente el resto del día.

Una 3ª forma es vivir más el presente.
Podemos ir poniendo conciencia gradualmente en más momentos de nuestra vida. Inicialmente nos damos cuenta de nuestras prisas y otras inercias mentales para poder soltarlas. Desperdiciamos una gran cantidad de energía en preocupaciones relativas al futuro o en elucubraciones sobre el pasado. Ello nos sume en la ansiedad o en estados de malestar, añorando lo que fue o temiendo lo que pueda pasar…
Vivir el momento presente es un gran regalo que nos hacemos: significa que podemos reclamar nuestra dicha en el presente, en vez de vivir solo para nuestras vacaciones o para determinados momentos placenteros. Ocurre que cuando esos momentos llegan, suelen ser efímeros y pueden decepcionar las expectativas que teníamos. El reto consiste en introducir la calma en nuestra cotidianidad, en reconciliarnos con el ahora. ¿Cómo?
En primer lugar, abriéndonos al ahora con toda nuestra atención. Podemos hacerlo en medio de cualquier tarea: caminar, comer, lavarnos los dientes, escuchar a una persona, etc. Al aportar presencia a una actividad le damos vida. Al unir nuestra mente y nuestra intención, todo adquiere una cualidad diferente; nos sentimos reforzados,  se unifican nuestras energías.
Al habituarnos a vivir así, nos damos cuenta de que es muy agradable estar en el momento. Al conectar con nuestro cuerpo, sensaciones, respiración, emociones, etc. nos implicamos realmente en la vida y, al hacer esto, la percepción del tiempo cambia.

Una 4ª forma es simplificar nuestra vida. Esto significa priorizar lo importante y descartar lo superfluo. Podríamos empezar por pequeños cambios graduales. Es importante clarificar nuestras prioridades y optar con decisión por abandonar actividades innecesarias .
 Gandhi, que llevaba una vida muy activa, priorizaba cada día el tiempo de meditación e interiorización. Cuenta uno de sus  biógrafos   que  un periodista le preguntó un día, ‘señor Gandhi, ha trabajado durante 15 horas al día durante 50 años. ¿No cree que debería tomarse unas vacaciones?’ Gandhi , sonriendo amablemente, respondió: “siempre estoy de vacaciones
La palabra vacación tiene la misma raíz que vacío y vacante. Es la esencia  de la atención plena, de la consciencia en el presente.

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