DANIEL GABARRÓ

DANIEL GABARRO FOTOREFLEXIONES PARA EL DESPERTAR
Imparte formaciones para empresas, administraciones y organizaciones que quieren adaptarse al nuevo paradigma: los viejos tiempos no volverán y es imprescindible abrirse a la nueva realidad que ahora se está imponiendo. También cursos para personas interesadas en su crecimiento personal y despertar espiritual, en la línea de Antonio Blay y Anthony de Mello. Profesionalmente es empresario, escritor, conferenciante, formador, diplomado en dirección y organización de empresas, maestro, psicopedagogo, licenciado en humanidades, diplomado en dirección y organización de empresas, experto en PNL y exprofesor de la Universitat Ramon Llull y de la Universitat de Lleida.

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¿Que significa se padre o madre?

Un padre y una madre no son para toda la vida

Sin excepción, el primer domingo de mayo se celebra el día de la madre. Nada fuera de lo común, si no fuese por la cantidad ingente de anuncios bombardeándonos con regalos para nuestras madres. Este año, recuerdo especialmente uno sobre una medalla. Decía algo así como “una madre es para toda la vida; hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana”. No obstante, siento decirte que “una madre y un padre NO son para toda la vida”.

¿Te atreves a descubrir por qué? 

217 ILUS GABARRONO HABLAMOS DE BIOLOGÍA

Cuando decimos que un “padre o una madre no son para toda la vida”, no estamos hablando de biología. Biológicamente un hijo/a siempre habrá surgido de la unión entre un espermatozoide y un óvulo, paterno y materno respectivamente. Así pues, no se trata de un tema biológico, sino que nos estamos refiriendo al rol de padre y al rol de madre.

Socialmente, nos han hecho creer que debemos seguir ejerciendo ese papel toda nuestra vida. Sin embargo, si lo hacemos, inevitablemente generaremos conflictos con las personas que amamos: nuestros hijos e hijas.

ENTONCES, ¿QUÉ SIGNIFICA SER PADRE O MADRE?

Bajo mi punto de vista, ser padre o madre significa cumplir con tres características fundamentales que podríamos sintetizar en tres palabras: portal, amor y poder. Cuando estas tres premisas se aúnan, estaremos cumpliendo con el rol de padre y el de madre. Al contrario, si una de ellas falla, nuestro papel como padres y madres será incompleto.

La primera palabra es portal. Como padres y madres, ya seamos biológicos o adoptivos, somos un portal a través del cual dejamos entrar a otro ser humano a la Vida. Un portal no escoge las personas que lo atraviesan. Simplemente, se limita a abrir sus puertas y a dejar que, cualquiera que lo desee, lo traspase. De la misma manera, nosotros no podemos escoger qué hijo/a atravesará nuestro portal, simplemente nos abrimos a la Vida.

Por esta razón, ser portal implica un enorme gesto de generosidad, pues significa acoger a todo el mundo al margen de cómo sea. Abrir el portal es sinónimo de aceptar lo que venga, renunciando a nuestras expectativas. Recuerda: lo más fundamental de un portal no es que escoge, sino que acoge.

A continuación, nos encontramos con el amor. Precisamente, porque estamos dispuestos a acoger a cualquier persona, estamos dispuestos a apoyarle, a darle lo que necesite para que llegue a ser quien está destinado/a ser. Esta es la segunda característica de la maternidad y la paternidad: la decisión de buscar el máximo bien para nuestros hijos/as, al margen de los sentimientos que nos despierten.

Los padres y las madres somos como la tierra: acogemos a nuestros hijos/as como a una semilla. Independientemente de la semilla que sea, le damos abono y la regamos para que crezca. Este apoyo incondicional es el verdadero amor.

Por último, es necesario el poder. Se trata de la obligación paterno y maternofilial de tomar decisiones en nombre nuestros hijos/as. Como progenitores, debemos tener la capacidad de decir “no” a ciertas cosas y la capacidad de decir “sí” a muchas otras. Si no somos capaces de decir “no” y mantenerlo, nuestros “síes” no tendrán ningún tipo de valor. A eso se le llama jerarquía, a eso se le llama poder. Ningún padre ni ninguna madre pueden renunciar a ello.

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Tu vida es el camino, ¡Conócete!

La vida puede ser un camino apasionante si se sabe cómo recorrerlo. Hay quiénes lo andan con una pesada mochila, replanteándose constantemente el volver atrás; otros viajan mucho más ligeros, motivados por una meta idílica y lejana; y, otros, caminan por el simple goce de andar, disfrutando de cada paso. 

En realidad, la diferencia no está en el camino, sino en cómo lo afrontamos. 

Y tú, ¿con qué actitud te identificas? ¿deseas gozar del aquí y del ahora? 

215 ILUS DANIELEL CAMPAMENTO BASE

Antes de emprender su ruta, el montañero/a se prepara en todos los sentidos: busca un mapa topográfico de la zona; marca los puntos más difíciles; busca posibles refugios a lo largo del camino; prepara concienzudamente su mochila; revisa el material técnico; etc. Todo ello, antes de dar un solo paso. ¿Por qué? Porque todo recorrido complejo requiere de una serie de pasos previos, de un entrenamiento.

En el camino de la vida sucede lo mismo. De nada serviría lanzarnos a la aventura si antes no nos hemos preparado lo suficiente, es decir, si antes no hemos entendido y asimilado cómo podemos ser felices con cada paso que demos, aquí y ahora. 

Lo importante no es la longitud del camino que debamos recorrer, sino nuestra actitud y nuestra sabiduría. Y ambas vendrán determinada por nuestro grado de auto-conocimiento. 

El auto-conocimiento nos permite descubrirnos y dejar de confundirnos con lo externo, con lo superficial. Descubrirnos nuestro yo, el aquí y el ahora, nuestra esencia más alla de lo simplemente físico, emocional o mental. Al saber quiénes somos, podemos mantener nuestra paz en todo momento y toda circunstancia: lo externo no nos hace dudar porque sabemos que nuestro valor está dentro, al margen de lo que ocurra fuera. Centramos toda nuestra energía hacia lo interior, hacia lo nuclear y así comprendemos lo realmente importante, vivimo el significado profundo de la vida.

EMPRENDER EL CAMINO

El auto-conocimiento, sin embargo, no es un objeto que podamos meter en nuestra mochila sin más. Surge tras un trabajo y tras una profunda necesidad de conocernos, de comprender quiénes somos y saber cómo expresarnos. Si esta llamada no se produce dentro de nosotros, no podemos forzarla.

Sin embargo, muchas personas sí oyen esa llamada y la siguen. Entonces empiezan a dejar atrás la ignorancia y el sufrimiento en el que mucha gente vive. El trabajo interior se revela para aquellas personas que ya no quieren sufrir más. 

Pero, ¿qué hay de ti? ¿Te apetece? ¿Es ahora tu momento?

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¡Levántate y Anda! Tu enfermedad no determina tu vida

Hace unos meses recibí un correo con una consulta de una mujer, que me pedía consejo debido a su enfermedad, que podía volverse crónica e incluso mortal. Me preguntaba, básicamente, cómo podía sobrellevar la enfermedad. Yo, me pregunté ¿qué consejo puedo darle? ¿Cómo puedo ayudar a una persona enferma? Y enseguida lo supe. Ella no estaba enferma. Eso es lo que se decía a sí misma, pero, en realidad, estaba perfectamente sana. 

EL ERROR DE CREERME ENFERMO 

Ocurre todos los días, en cientos de miles de hospitales del país. Una persona con una bata blanca entra discretamente en una habitación, cabizbajo/a, y diagnostica al paciente con una enfermedad grave. Le explica que la medicina ya no puede paliar sus síntomas, convirtiéndola así en una persona enferma. Puede que sea una enfermedad crónica, o puede que sea una enfermedad mortal. 

En ese momento, surge un sentimiento de temor por parte del paciente. “Yo, ¿voy a morir?” se pregunta. Segundos después, aparece otro pensamiento opuesto: el deseo inmediato de sanarse.  

La historia que os acabo de explicar reproduce un patrón de conducta común en la gran mayoría de los pacientes. Primero nos aferramos a la enfermedad y a sus consecuencias y, luego, nos invade la profunda convicción de que debemos luchar contra ella. No digo que, a priori, no sea normal adoptar esta actitud. Sin embargo, asumir que uno/a está enfermo es un inmenso error. Y, como cualquier error, lo único que hace es condenarnos al sufrimiento. 

PERO, ¿QUIÉN ES EL YO? 

En la frase inconsciente, “yo voy a morir”, hay dos ideas implícitas: por un lado, hay una muerte y, por otra, la de un “yo”. En la afirmación “yo estoy enfermo”, también reside la idea de una enfermedad y, además, de un “yo”. La declaración “yo debo sanarme” muestra, como las anteriores, el mismo esquema.  

Esto nos indica que siempre existe un YO permanentemente presente. Por ello, deberíamos preguntarnos: ¿qué quiere decir ser yo? ¿a quién me refiero cuando hablo del yo? Y, al hacerlo, es casi seguro que todos y todas nos descubramos hablando, aunque sea indirectamente o implícitamente del cuerpo. Y ese, es otro error. 

Asociar el cuerpo con el yo es una terrible equivocación. Pensad un momento en lo siguiente: vuestro cuerpo no es el mismo que cuándo eráis un bebé, ni será el mismo dentro de treinta años. Aun así, el “yo” sigue siendo el mismo. Vuestra esencia no ha variado independientemente de vuestro cuerpo, aunque ésta se exprese en él. 

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El cuerpo es el vestido del yo, simplemente eso. Si el cuerpo fuera mío, este me obedecería a mi merced. El hecho de que el cuerpo enferme, se canse o tenga hambre, son indicadores que me recuerdan que yo solo lo habito, es un vehículo y, como tal, tiene sus necesidades. Cuando nos damos cuenta de que somos conciencia que se expresa a través del cuerpo, podremos entender que el cuerpo puede morirse, pero no lo que reside en su interior.  

Por lo tanto, no debemos identificarnos con el cuerpo porque, si no, sufriremos al pensar que habitamos un cuerpo enfermo. Pero, si hago un pequeño ejercicio de conciencia, descubriré que no soy yo, sino que es el cuerpo quién vive una enfermedad.  

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