MARTA PATO

MARTA

PSICOLOGÍA HUMANISTA

 

Psicóloga. Psicoterapeuta humanista y transpersonal. Formadora de grupos de desarrollo personal y organizacional. Experta en inteligencia emocional. Intervención terapéutica en procesos de duelo. PNL e hipnosis ericksoniana. Proceso Hoffman. Técnicas de respiración, meditación y exploración del espacio interior. Consultora especializada en comunicación, liderazgo, gestión de cambio y habilidades directivas.

 

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En caída libre

188 MARTA

Su mundo estaba patas arriba, sobre todo en lo que se refiere al tema de relación de pareja. Siguió la recomendación de la última sesión de psicoterapia y repasó su biografía sentimental. Cayó en cuenta que, en el tema del amor romántico, el tiempo pasaba y la pauta se repetía una y otra vez. Distintas relaciones y los mismos patrones anclados hasta la médula. ¿Qué dificulta la disolución de lo vivido? Anotó en su cuaderno de psiconauta sentimientos y carencias que se habían dado en cada historia. Descubrió que había un común denominador en todas ellas. Señaló los patrones comunes y trazó una ruta de principio a fin como si se tratara de las estaciones del metro que recorría a diario. Ante sí, tenía ahora el mapa que mostraba el trayecto repetido a lo largo de su vida amorosa. Era el mapa de lo que había estado temiendo y pidiendo al amor. Por primera vez, vio con claridad y comprendió con los ojos de su mente y de su corazón.

En la siguiente sesión psicoterapéutica abordó los aspectos inconscientes de este mecanismo automatizado. Guiada por el hilo conductor de la sensación sentida, la respiración y su psicoterapeuta cayó hacia el pasado sin buscar nada, sin descartar nada. Las paredes del cerebro tienen muchas ventanas. En cada ventana asoma una relación. Fragmentos de historias de amor en caída libre a la velocidad de la gravedad. Del ático al sótano más de cuarenta pisos y tres historias en esa sesión. En el piso treinta y tres, el último chico con el que vivió. Volvió a ver la despedida del <<Adiós, me voy>>. Las palabras no dichas congelaron su corazón. Ahora mientras se dejaba caer, letras y sílabas derretían en sus labios el vacío del abandono. Expresó lo guardado con candado y un latido templado alivió su corazón.
Como brújula, la voz de su acompañante de vuelo le llevó hasta el piso veintidós donde se detuvo inmóvil ante el sueño roto del no pudo ser. ¿Cuánto nos cambia lo que no podemos cambiar? Se dio cuenta que tan solo era posible cambiarse a si misma. La realidad despierta al sueño. Lo único cierto es que estaría con ella el resto de su vida. Esta ventana, como tantas otras, sirvieron para aprender.
Y llegó a los cimientos. Se sintió flotar en el saco amniótico mientras su madre acariciaba el vientre. Descubrió el tacto del amor incondicional que le nutría en sentido ascendente; piso a piso, ventana a ventana, relación a relación.
Se dejó caer por completo para darse a luz a si misma. ¿Qué nos impide recibir el amor que siempre estuvo ahí a disposición? Nutrida ya por fin y plena de alegría renovada, sintió que la vieja ruta aprendida y repetida abría espacio en su interior. Libre de distorsión estaba preparada para vivir amores nuevos y su mundo comenzó a llenarse de luz otra vez.

Actúa

187 MARTA

Desde primera hora del día, Luis esculpe su tupé como si fuera el mismísimo Juan Muñoz. Elige los colores de sus corbatas siguiendo las recomendaciones del artículo de la BBC sobre David Zyla. Prepara su tartera con el ingenio de Mikel López Iturriaga en el blog de El Comidista. Sin embargo, no se siente suficientemente vivo.

Camina por el frío polar de la ciudad con paso firme. Se hace uno con el asfalto.  Sorprendido, se da cuenta que lleva demasiado tiempo mirando al suelo. Alza su mirada de los adoquines y ve el cielo azul clarito. Romántico o tierno, sus ojos dibujan una sonrisa. Endereza la postura y suspira. Cansado de desarrollar ideas acerca de ser libre y feliz quiere realmente serlo. Un time lapse de nubes anuncia que algo está a punto de moverse a la velocidad de la luz. Mete la mano en el bolsillo del abrigo y saca una tarjeta. Renovar tu Vida. Marta Pato. Psicóloga. Psicoterapeuta. Facilitadora de grupos en desarrollo personal y espiritual. Sin pensarlo dos veces, coge el móvil. Marca los números. Fija una primera sesión.

Llega a la consulta. Ve a una mujer de labios rojos que juega con el color como él hace con las corbatas. Ella tiene el pelo rizado y parece no interesarse demasiado en esculpirlo a base de cincel. Le llama la atención unas letras decorativas pintadas en agua mar y fuego sobre la pared blanca. Dicen: Actúa. Sintoniza inmediatamente. No es casualidad. La psicoterapeuta lleva tiempo centrada en ser feliz. Ya no busca la felicidad sino que es feliz mientras busca. Es el significado de la palabra actúa. Una brújula que marca el rumbo en la dirección de sentirse vivo, libre y feliz. Precisamente lo que Luis quiere experimentar con su vida.

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Más atención y menos TDAH

186 MARTA PATO

Desde pequeña su lugar preferido de la casa era la cocina. De manera natural permanecía quieta con los cambios de pañal en la mesa de formica. En la adolescencia, los electrodomésticos la ayudaban más que el café a preparar los exámenes. Cuando bebía uno, pasada la una de la madrugada, el sueño la vencía una hora más tarde aunque añadiera Coca-Cola.
Le gustaba el vibrante sonido del frigorífico, no por su parecido al de los mosquitos, sino porque ese familiar zumbido se daba al principio del verano, justo cuando comenzaban las vacaciones. La lavadora era su favorito. El traqueteo la concentraba. Simulaba un avión calentando motores. Lo mejor era cuando llegaba al programa de centrifugado. Entonces el avión despegaba. Tal vez esa fuera su primera práctica de meditación. Sentada. Quieta. Pies firmes en la horizontal de la Tierra. Espalda recta, muy recta, en vertical ascendente apuntando al Universo Infinito. Como en esa foto, que evidencia sin lugar a dudas que ya apuntaba maneras para la postura de loto. En la cocina, de finales de los 60, fue consciente por primera vez de la frecuencia de ondas alfa y delta en su cerebro mientras miraba con suma atención el hipnótico movimiento del tambor de la lavadora. Más tarde llegarían el Vipassana y el ZaZen. Fue de las primeras raritas en estas prácticas mientras a la mayoría de la gente les sonaba a chino.

Era una mañana de lluvia invernal. Las gotas tenían más vida que las que corren por las ventanillas de los aviones. Hacían música de claqué sobre el dintel metálico del tejado. Recordó la última vez que voló. Pasara lo que pasara siempre sobre las alas. Había hecho el checking on line a coste cero después de negar varias pantallas para previsores que no quieren correr riesgos. Como suele pasar en estos casos, es más probable que toque en la cola del avión que cerca de primera clase. Sin embargo, antes de embarcar, la azafata amablemente le dijo que habían cambiado su billete. Del asiento 34 pasaba al 17. Simplemente pensaron que sería mejor para ella. Eso dijo. Todavía se sorprendía y le hacían gracia los giros del destino que ponían las cosas así de fáciles. Siempre volaba sobre las alas. Sí. Siempre. No era por casualidad. En estados alterados de consciencia el águila era uno de sus referentes. Para las situaciones más corrientes de la vida lo era el ave fénix.

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