Entrevista a Sebastián Vázquez

Entrevista con Sebastián Vázquez, escritor e historiador.

“El caminante esotérico”

- Entrevista: Mario Martínez -

192 ENTREVISTA

 

Miles de viajeros interesados en los misterios de Egipto han sido ya acompañados y guiados por Sebastián Vázquez, con la única condición de acercarse a los lugares con una mirada inocente, simple y desprovista de todo prejuicio. Ese mismo espíritu lo ha llevado, junto a la historiadora Esther de Aragón, a la producción de su último libro “Rutas Sagradas”, en el que desvela algunos lugares de España cargados no sólo de un fuerte contenido histórico sino también religioso y mistérico.


No fue sencillo encontrar el momento para esta entrevista. Es que Sebastián Vázquez (Madrid, 1953) tiene la bendita costumbre de recorrer el mundo constantemente, alternando entre una conferencia en Burgos y una excursión por los templos egipcios de Karnak y Abydos como quien se va de tapas de Lavapiés a Malasaña. Finalmente lo conseguimos, y pasando rápidamente por su etapa de librero y editor de textos espirituales nos fuimos sumergiendo, de a poco, en la vida de su último hijo: el libro que nos abre los portales de más de treinta lugares sagrados de la península ibérica. Los mismos que tanto merecen ser visitados como protegidos. Mario Martínez: Son más de treinta años de su vida dedicados a los libros. ¿Podría hacernos una síntesis de este camino? Sebastián Vázquez: Empecé muy joven en el mundo editorial, por casualidad, en Aguilar. Luego pasé a ser librero, y junto con otras personas montamos la segunda librería especializada en el sector de lo natural, esotérico, oriental. De ahí pasé a editor durante veinticuatro años. También trabajé como editor especializado en EDAF, en estas áreas.

 

Mario: ¿Y siempre en torno a la misma temática?

Sebastián Vázquez: Sí, yo llevaba cuatro grandes sectores: salud natural, psicología y autoayuda, orientalismo (soy el director de una colección llamada Arca de Sabiduría donde editamos la mayoría de los textos clásicos de las grande religiones, fundamentalmente de oriente), y un área llamada New Age, esotérica.

M.M.: Desde entonces, mucho aprendizaje y crecimiento…

S.V.:Yo creo que el término crecimiento es más preciso con respecto a lo que llamamos un progreso vital. Prefiero el término crecimiento porque se acerca más a lo natural: el crecimiento, desde una planta hasta orgánico de un ser humano. Pienso que todo aquello que habita en el ámbito de lo eterno, también lo invisible, está sometido a la ley del crecimiento, de la nutrición y por tanto del fruto. Me gusta más ese término. Naturalmente el aprendizaje también esta implícito en el mero hecho de vivir, el aprendizaje es todo.

M.M.: ¿Habla de usted o en general?

S.V.: Por un lado, en el factor tiempo, el propio arte de vivir te conduce a frutos, experiencia, desarrollo. Y luego, cuando en un momento determinado optas por ciertos caminos donde la nutrición espiritual es más alta, eso ya forma parte de la opción de vida, cuando uno opta por seguir una vía. Hablo de mí y en general, porque al final somos individualidades que compartimos una naturaleza común profunda, como esencia. Por lo tanto, creo que todo ser humano más o menos responde en términos generales a esto mismo. Como dicen los sufis: “al final el ser hermano surge de una necesidad”. Esa necesidad de desarrollo, de conocimiento, de Dios, empieza a ser en algunas personas, y de acuerdo a su guión de vida y a su libertad, un motor de vida. Y ese motor va marcando desarrollo y tiempos.

M.M.: Ha mencionado a Dios que, en el mundo de la espiritualidad, tiene muchas acepciones. ¿Cuál es la suya?

S.V.: Se que ahora mismo hablar de Dios no es fácil, en un país como el nuestro, con nuestra cultura occidental y esa idea de Dios. Porque Dios, no debemos olvidarlo que en cuanto se sitúa como una idea, queda ahí nada más. Pero ya decía San Anselmo que a Dios no se le puede pensar. Y Dios se sitúa en el ámbito de la experiencia, es otro camino distinto. Dios es una experiencia, o por lo menos su trayecto se basa en la experiencia. Por decirlo de algún modo, es el encuentro de Dios con su criatura y de ella con Dios, en realidad es una historia de Amor. Y esa historia de amor no se puede intelectualizar sino que se experimenta. Es como si tú tienes una novia imaginaria, claro, ahí no pasará nada. Si esa novia es real, la experiencia es real y te conducirá a experiencias reales. Toda intelectualización sobre Dios en término de ideas, de filosofías, de teología, no será más que un constructo teórico, pero al que le falta el aliento, el latido, la respiración y la experiencia de la vida. Solo en ese camino experimental es donde se produce el crecimiento y el fruto.

M.M.: Sabemos que destina una buena parte de su tiempo entre viajes, cursos y conferencias. Además de la promoción del nuevo libro, ¿qué temas son los que más le ocupan?
 
S.V.: Bueno, por un lado como bien dices, hago viajes desde hace un tiempo con personas que buscan mi mirada con respecto a Egipto. Desde mi punto de vista, en Egipto confluye una enorme facilidad de acceso a comprensiones muy directas, sencillas y claras. Luego, también doy pequeños cursos y conferencias sobre todo lo vinculado al los factores que tienen que ver con el crecimiento humano. Para eso tomo todas las referencias que considero útiles: soy de los que creen que todas las religiones han aportado y aportan características precisas, y muchos elementos útiles de desarrollo. Hoy podemos tener el privilegio de contar con lo mejor de lo que es el cristianismo, lo mejor del budismo, del hinduismo, del Islam, para hacer un constructo potente a la hora de que el ser humano pueda tomar lo mejor de cada una de ellas. Y utilizarlo en su propio crecimiento, incluido el esóteros (entendiéndolo sin la contaminación posterior del new age), religiones mistéricas, es decir todo lo que es el proceso de “religio” que ha habido a lo largo de la historia. Como ha pasado un tiempo, hoy podemos recoger lo mejor de todo ello y utilizarlo en nuestro propio provecho.
 

El libro de las Rutas Sagradas

M.M.: ¿Cómo fue el proceso que le llevó a cristalizar su nuevo libro "Rutas sagradas?

S.V.: Hace muchos años que a mí me gusta la historia, y también salir a ver bonitos paisajes, por lo que me dediqué durante un tiempo, en mis momentos libres, a viajar por España tratando de encontrarme esos tesoros hermosísimos del patrimonio enorme que tenemos en nuestra península. España es un lugar por el que ha pasado todo el mundo, dejando una huella fantástica. Con mi experiencia de todos esos lugares, tuve en un momento la oportunidad de estar en un programa de radio con la periodista María José Bosch, y tener allí una sección donde iba comentando estos lugares, muchos de ellos anónimos. A decir verdad, a mí me gusta más la palabra sagrado, el concepto sacrum, ya que a veces se habla de lugares de poder.

M.M.: O sea que todo empezó en un programa de radio

S.V.: Así es; esas invitaciones a los oyentes, hablándoles de tal y cual sitio, fue una experiencia muy exitosa. Y allí mismo en la radio me encontré con Esther de Aragón la coautora del libro, una historiadora que también había tenido como yo la pasión de recorrer España, conociendo todos esos rincones donde convergen la historia, la espiritualidad y la leyenda. Y en ese momento decidimos, desde las dos visiones, hacer el libro que, gracias a Dios, ha salido y parece que el lector esta respondiendo muy favorablemente.

M.M.: ¿Por qué es tan necesario mirar lo histórico de los lugares con una visión sagrada?

S.V.: Porque la propia historia de la humanidad está vinculada a una visión sagrada. Más o menos hasta la Ilustración, todo el pensamiento positivista, el desarrollo de la humanidad se ha construido -desde la más remota antigüedad- desde el sentido práctico. Es decir, hay un hombre de la caverna que construía armas para cazar, o el cuero para vestir, el fuego, o sea, todo aquello que tiene que ver con el desarrollo útil para la vida. Pero digamos que pintar las cuevas de Altamira no es un acto útil, es un acto sagrado. Esa realización de la existencia de la humanidad ha tenido en su desarrollo como civilización o cultura, las dos patas. Aquellos en que había un desarrollo práctico pero donde estaba lo otro, sustentado por un lado en las técnicas, el arte, y en la épica concebida como la vida de acceso a lo sagrado. Todo eso durante siglos ha sido patrimonio de la humanidad. Unas culturas lo expresaban de una manera, y otras culturas de otra. En nuestra península tenemos la suerte de encontrarnos con Lugo, por ejemplo, con un antro de la Sibila, un culto a Apolo que se halló casualmente debajo de una iglesia; o sinagogas, mezquitas, naturalmente en los códigos medievales, tanto ese cristianismo agnóstico, o la antigüedad de la cual no nos quedan más que restos de algunos lugares como dólmenes… Es un patrimonio que tenemos y del que hemos recogido para hacer el libro, treinta y tres lugares de la península donde confluyen todos estos elementos.

M.M.: ¿Cuál fue el criterio de elección de los lugares?

S.V.: Confeccionamos un listado que tenía cerca de noventa lugares; pero claro, esa cifra era exagerada. Entonces elegimos treinta y tres, partiendo de tres perspectivas: una, que los lugares no fueran demasiados conocidos, no hemos puesto por ejemplo el Escorial, Montserrat o Covadonga, sino otros un poco más discretos; dos, el hecho de que estuvieran representadas prácticamente todas las culturas que pasaron por aquí; y tres, un desarrollo cronológico, es decir que partimos de las más antiguas que son las pinturas de los chamanes, por ejemplo. Hay un sitio hermosísimo en Almería donde están esas pinturas del Hechicero de los Vélez, donde se ve la fuerza de ese chamanismo. Inclusive el último sitio que hemos elegido, que es el Parque del Capricho de Madrid, donde hay códigos masónicos, con toda esa llegada de la ilustración a España, un lugar que es por un lado pagano, y por otro tiene la clave de esa masonería recién aterrizada aquí.

M.M.: Esther hace referencia a los antecedentes que existían de anteriores investigaciones. ¿Qué visión nueva aporta el libro a la información que ya había?

S.V.: Yo creo que aporta un rigor histórico, donde está bien definido que muchas veces la historia es más potente que la leyenda. Este es el caso, por ejemplo, de la fundación de la Orden de Calatrava, que es más potente que la leyenda. Y por otro lado el patrimonio mistérico, concebido desde una perspectiva esotérica. Aquí vuelvo a insistir en el concepto de esóteros, de lo clásico, que vincula la religión mistérica, entendiendo que esa conexión de religio (del latín reunir) está presente en el ser humano desde que el mundo es mundo o tenemos noticia. Muchas veces se olvida que todas estas, al ser religiones mistéricas, el pozo que dejan es todavía mucho más profundo, más discreto. Este es un libro que trata de no romper las lindes de lo que es el conocimiento clásico, entendiendo el esóteros sin fantasías de estas “new age”, las que yo por lo menos no comparto.

M.M.: Es de suponer que algunos sitios le habrán impactado especialmente. ¿Alguno le ha hecho replantearse sus ideas sobre el desarrollo de la humanidad?

S.V.: Mi visión de estos lugares, desde el inicio, era bastante inocente. Porque además, esos lugares te dan dos cosas: por un lado, casi todos están en un entorno geográfico muy bonito, con lo cual se disfruta mucho del paisaje; y el propio lugar, aunque sea modesto, te ofrece de algún modo un regalo. Esa posición mía vital con respecto a estos sitios ha sido desde esa perspectiva, la de un invitado que va a un lugar que te va a ofrecer algo. Es decir que yo no buscaba demasiadas cosas, porque mi experiencia por ejemplo en Egipto u otros lugares, es que la posición en la cual uno debe acercarse a estos puntos es sobre todo receptiva.

M.M.: Es decir que no se acercaba para confirmar ninguna idea...

S.V.: Exacto. Pero bien es cierto que con el paso del tiempo todo eso adquiere una coherencia; esa coherencia está en, vamos a llamarlo así, una “mirada”. Y luego hay otra cosa imprescindible: lo que les planteo a mis viajeros -y esto vale tanto para Egipto como cuando vamos a ver una iglesia medieval-, es que tú no puedes acercarte allí con el pensamiento de una persona del siglo XXI, con una concepción X. Es decir, tú no tienes cómo, no puedes ir con un modelo, sino que tienes que permitirte entender ese modelo; porque sino no hay forma de enfrentarte a esos sitios desde la posición de aquí. Yo pongo siempre un ejemplo: en aquellas épocas la gente no entraba nunca en los templos egipcios; esos templos no estaban ahí para que la gente entrara, por lo tanto ponerte a rezar en un templo egipcio no tiene ningún sentido, no es esa su finalidad. Si tú te acercas a una iglesia medieval, no puedes hacerlo a través del cristianismo que emana reciente del concilio de Trento, entendiendo que la mayoría de esa gente no sabía ni leer ni escribir, casi nadie. Y así sucesivamente: son sitios con unos códigos propios, te tienes que poner tú a la altura de ese código.

M.M.: ¿Qué ha ocurrido para que Esther diga que “le has abierto la cabeza” en este proceso?

S.V.: Precisamente intentar mirar y acceder a estos lugares desde la inocencia, y sabiendo que hay un leitmotiv en el desarrollo humano, en esa búsqueda de lo sagrado. ¿Qué ocurre? Que somos hijos de cada cultura, de nuestro tiempo y nuestro entorno; naturalmente cada una de estas culturas utilizaba los entornos y los medios particulares. Entonces lo que hay detrás es lo mismo: es esa aspiración, con lo cual el lenguaje que se utiliza no es más que un medio. Naturalmente que si yo conozco ese lenguaje me va a ser más fácil, es lo que yo trato de explicar en el libro: esos lenguajes, esos códigos, esas formas que solamente podemos intuir. Pero sobre todo y por encima de cualquier otra cosa, el objetivo –y esto quiero resaltarlo- tanto de Esther como mío, ha sido provocar que las personas conozcan estos lugares; que entren en el juego con el lugar, independientemente de las hipótesis o ideas que nosotros planteamos en el libro. Porque lo realmente vital es que el viajero se encuentre con ese lugar e inicie ese diálogo, pero que sea él mismo quien lo haga, que la experiencia sea suya. Lo que proponemos es que el viajero lo haga así, del modo más inocente, más sencillo. Ese es uno de los propósitos; y el segundo, también muy importante, es que estos lugares se conserven, que no se pierdan. Que ya que nosotros los hemos heredado, podamos dejarlos también en herencia a las generaciones futuras. Y no hay mejor forma de conservarlo, que conociéndolo. Por ello, la primera invitación del libro es que las personas vayan, los visiten, los conozcan y disfruten de ellos.

M.M.: Después de leer su libro dan ganas de cojer "carretera y manta" y emprender el viaje. ¿Qué disposición mental y espiritual hace falta meter en la mochila?

S.V.: La disposición mental de cuando tienes 18 años, cojes la mochila y tiras de aventura con esa mirada mas limpia, un espíritu de pequeño aventurero; y sobre todo el gusto de disfrutar. Ahora mismo estoy recordando Santa Maria de Siones, una iglesita maravillosa en el norte de Burgos, en un enclave bellísimo. La iglesia por fuera no está mal, pero cuando la señora que tiene la llave te abre la puerta, te encuentras un escenario de iconografía medieval, posiblemente si no la más rica de España, una de ellas. Disfrutar de estos lugares, de esta manera, es una vía de acceso maravillosa. Y retomo a lo que hablábamos al principio de la entrevista: en el proceso de maduración individual de una persona, el fruto es un conocimiento y el fruto está absolutamente ligado a la maduración. A un árbol que acabas de plantar no le pidas fruto. Sólo desde la maduración del individuo crecen frutos; uno de los frutos es el conocimiento, por lo tanto desde un pre-conocimiento en realidad será siempre un prejuicio. Por eso siempre hay que permitir que el protagonismo lo tenga el disfrute, la alegría, el pasarlo bien y sobre todo sobrecogerse con esas pequeñas maravillas.

M.M.: Y si aparte de todo eso, cojemos el libro y nos vamos informando de lo que nos podemos encontrar, ampliamos el conocimiento.

S.V.: Sí, en ese sentido lo que nosotros tratamos es de proveer al lector de un escenario, que incluso te diría mínimo, pero que le permite de algún modo saber a lo que se va a encontrar. Pero nada más que eso. No tiene otra aspiración de la que ser preámbulo, porque el protagonismo lo tienen el lugar y el mismo viajero. Ahí es donde aparece ese diálogo maravilloso con estos sitios.

 

M.M.: ¿Habéis barrido toda la península?

S.V.: Prácticamente sí; hemos dejado afuera las islas, tanto Canarias como Mallorca, porque intuíamos que los vuelos y todo eso lo complicaría; pensamos en un modo de acceso más sencillo, lo que tú decías “carretera y manta”; gracias a Dios, España no es el Amazonas y nada está demasiado lejos tampoco. Quizás a la mayoría de los sitios se puede acceder dejando el coche muy cerca; hay algunos sitios donde tienes que andar un poco, como el Castro Ulaca, la ciudad perdida de los íberos que estuvieron buscando los romanos, la ciudad sagrada que no encontraron y a donde hay que subir andando. Pero todo es bastante accesible y sencillo.

M.M.: ¿Por qué menciona especialmente el objetivo de salvaguardar el legado? ¿Tiene constancia de que haya peligro de que se pierda o se destruya?

S.V.: Sí, hay algunos lugares en esa situación. Yo mismo, después de tantos años, los he visto. Por ejemplo Baelo Claudia (Cádiz), un sitio donde todavía hoy podemos ver, fuera de Egipto, los restos de un templo egipcio dedicado a Isis. Hasta hace unos años en aquel lugar orinaba la gente, estaba destrozado. Y estamos hablando de Baelo Claudia, un patrimonio tremendo. También hay otros todavía como Dombate, uno de los dólmenes mas importantes de la península ibérica, que hasta hace no mucho estaba cubierto con plásticos, a la intemperie, hecho una pena, y por suerte hoy está protegido. Pero las malas noticias llegan, por ejemplo, de San Julián de Moraime: con todas esas lápidas que están tiradas en el suelo; o San Pedro de Arlanza, y estamos hablando de un lugar tremendamente importante en toda la historia de España, es una ruina que se puede echar a perder. Es decir, hay de los dos ejemplos: aquellos que gracias a Dios se han rescatado (como Dombate y Baelo Claudia), y otros lugares en la península que requieren de un esfuerzo por que no se pierdan, y para que puedan ser disfrutados por las generaciones futuras.

 

M.M.: Quienes vivimos en Madrid no deberíamos dejar de regalarnos un "mágico capricho", ¿no es verdad?

S.V.:¡El Capricho es un lugar encantador! Por ejemplo – y no se puede visitar aunque lo digo en el libro–, la sala o salón de baile que está todo decorado arriba con el Zodiaco; posee representaciones planetarias, hay una estatua de Saturno, parece que hay una de Venus… Es decir que hay códigos que, en este caso, tienen que ver mucho con un tipo de lenguaje muy relacionado a la astrología, por poner un ejemplo. Y mira que El Capricho estuvo casi a punto de perderse en la guerra, en cambio ahora es una maravilla, se puede visitar bien, a gusto, porque lo han dejado muy agradable. Quien vive en la capital, y aún no lo conoce, no se arrepentirá de esta recomendación.

 

ACERCA DE SEBASTIÁN VÁZQUEZ

Nació en Madrid en 1953. Lleva vinculado al mundo del libro desde hace más de treinta años. De modo independiente ha estudiado en profundidad las religiones, especialmente las orientales y la religión egipcia, sobre las cuales imparte cursos asiduamente. Desde 1992 es editor en la Editorial EDAF y fue director de Arca de Sabiduría, colección especializada en textos clásicos de las filosofías y religiones de Oriente, y que ha gozado de las mejores críticas por su condición pionera y por su contribución a la difusión del pensamiento clásico oriental. Su conocimiento práctico y la aplicación de estas filosofías le han llevado a asesorar de modo privado a empresas y empresarios de distintas áreas. Es coautor junto a Ramiro Calle de Los 120 mejores cuentos de las tradiciones espirituales de Oriente (EDAF, 1999) y Los mejores cuentos de las tradiciones de Oriente (EDAF, 2003).

Mario Martínez

Es Periodista y Redactor de VerdeMente
Teraperuta de Yoga Tailandés de el Centro Mandala de Madrid 

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