Entrevista a Juancho Calvo: Zen en el siglo XXI

Entrevista a Juancho Calvo

Zen en el siglo XXI

Desde sus orígenes a la actualidad, el arte y el zen han ido siempre de la mano. En este caso, un director de cine enseña el camino del zen a actores y actrices y a toda persona que quiera actuar más libremente en el escenario de la vida.

 Juancho, a parte de profesor de meditación eres director de cine. Háblanos un poco de tu experiencia vital en el medio audiovisual y de qué relación tiene eso con la meditación y el Zen.

Mi experiencia vital en el medio audiovisual está vinculada a la creatividad y el juego y se remonta a mi niñez. Recuerdo momentos a solas con el Cinexín, que era un proyector de juguete que se puso de moda en los años 70. En mi familia gustaba mucho el cine, mis padres tenían amigos cineastas y eran socios de un cineclub que después de 50 años todavía hoy continua activo. Yo hice mi primer cortometraje en Súper 8 a los quince años, recuerdo montarlo con tijeras y celo. Esos momentos eran mágicos. Luego vino la facultad de Bellas Artes, la especialidad en dirección de cine en Los Angeles, dirigir películas y series de televisión. En ese largo viaje se perdió algo por el camino. Por eso para mi es importante recuperar ese espíritu mágico, creativo y lúdico, de expresión y libertad, en donde la persona crece como artista y como ser humano. En paralelo, desde joven me interesó mucho todo lo relativo al arte y al crecimiento personal. No fui un inadaptado, al contrario, pero lo cierto es que el fútbol no me interesaba en absoluto, prefería dibujar o hacer música, que se me daba muy bien. Claramente en mi había una orientación hacia la espiritualidad, lo energético, la trascendencia. Una cosa llevó a otra y muy pronto me interesaron las artes marciales, el taoísmo y luego el zen. A lo largo de los años he experimentado mucho y he hecho de todo, pero el zen ha sido siempre el hilo conductor.210 ENTREVISTA JUANCHO

¿Y cómo es que un día mezclas el cine con el zen, y además de dirigir actores comienzas a enseñarles a meditar? ¿Cómo surge tu propuesta de Zen para Actores?
Bueno, la génesis del taller "Zen para Actores" da respuesta a varias necesidades tanto mías como de las personas con las que trabajo y convivo, que son fundamentalmente actores y actrices, a los que veo continuamente esforzarse, luchar, disfrutar, caer y levantarse, aprender. Mis mejores amigos son actores y en mi profesión lo que más me apasiona es el trabajo con los actores. Por eso, poco a poco y de forma natural se fue gestando un proceso en forma de taller que iba integrando mi experiencia como director y mi experiencia en el zen, lo cual daba sentido de unidad y coherencia a mi vida y con lo que además podía ayudarles a ellos a mejorar su actividad y su día a día. Aunque en realidad, el taller sería válido para cualquier persona, no solo para actores o actrices. De hecho, de vez en cuando acepto en el taller a algunas personas que no son actores.

¿Y de qué manera la filosofía zen puede ayudar a los actores y al mundo de la interpretación, o al resto de personas?
En tu pregunta asoma ya el meollo de la cuestión. El zen no es una filosofía, es una experiencia real, una vivencia directa muy centrada en el despertar y la liberación, en soltar las ataduras que impiden que yo experimente con claridad la realidad tal y como es. Y ahí suele estar parte del problema. Estamos tan centrados en el pensamiento que vivimos una vida pensada. Y no siempre pensamos de forma fluida y saludable, así que estamos secuestrados en una mente ofuscada y llena de dualidad, conflicto, miedo, comparación, queja, etc. No se trata de cambiar una filosofía mala por otra buena, sino de despertar y vivir más allá del pensamiento. Por otro lado, un actor o una actriz son primeramente personas, seres humanos, que en su trabajo artístico se implican de una forma muy especial, como un pintor o un músico, pero cuyo instrumento es además su propio cuerpo, su voz, sus emociones, su imaginación, su respiración, su vida misma. No he conocido ningún actor cuyos obstáculos no estén relacionados con sus asuntos personales, con su vida interna o externa. Igualmente, de alguna manera, todos estamos actuando en el escenario de la vida, por eso todo esto es aplicable a cualquier persona en los obstáculos del día a día.

¿Y en estos obstáculos el zen puede ser la solución?
Entiendo tu pregunta, pero el zen no es la solución para nada. La solución es ver el problema. Y el zen pone a tu disposición un proceso con el que ver claramente cuál es el problema. Y resulta que el problema es no ver con claridad. Sé que esto puede sonar a juego de palabras, pero es así. En ese sentido, el zen es tecnología punta, una propuesta que se ha ido afinando y refinando durante cientos de años y con la que miles de hombres y mujeres se han liberado y han alcanzado una vida más auténtica.

En Hollywood, el número de actores y directores que dicen que la meditación o el zen les ayuda es cada vez mayor. ¿Por qué crees que en España todavía no se ha generado un interés tan profundo?
El zen es una escuela muy mochilera que hace siglos comenzó un viaje que le llevó desde la India a China, luego a Japón y luego a occidente. En este viaje llegó antes a California que a España, así que en Hollywood nos llevan unas décadas de delantera, pero es solo eso. Aquí el zen está cuajando ahora con fuerza y cada vez hay más escuelas, maestros y grupos de práctica y personas con curiosidad, y por supuesto más actores y actrices cuya vida personal y artística no se conforma con lo habitual y pide dar un paso más.

¿En qué consiste ese paso más, qué es lo que el zen les pide y qué es lo que les da a cambio?
Como te he dicho antes, el zen no es una idea, ni una filosofía especulativa ni una religión moralista, es una vivencia real clarificadora, una experiencia que tiene más que ver con descubrir cómo pienso, cómo soy, cómo siento, cómo me comporto. Tiene que ver con la realidad de mi vida, de mi cuerpo, mi respiración, mi mente. Dicho así puede sonar algo muy científico, pero es que Buddha, si lo situamos como el origen del zen, no fue un filósofo con una hipótesis, ni un santo al que Dios le comunicó lo que está bien o mal. Buddha fue un investigador con una gran determinación, una especie de psicólogo o terapeuta que agudizó de manera radiante su compresión y experiencia sobre la realidad, el sufrimiento y la mente humana. La gran noticia es que esa compresión radiante no es algo oriental ni antiguo sino que es universal y actual, siempre está aquí y al alcance de cualquiera, es un potencial humano, como lo es hablar, respirar, caminar, amar. Ahora bien, este potencial puede desplegarse fácil y naturalmente o puede quedar olvidado, por eso requiere de ayuda y de un entrenamiento. Por eso en el zen, comenzando con el propio Buddha histórico, todo practicante ha llevado a cabo el mismo entrenamiento, la misma investigación, que revela y permite que el viejo programa mental se desvanezca y la realidad pueda mostrarse tal y como es.

¿Y esto es lo que se hace en tu taller, esto es lo que hacen los actores? ¿Puedes ser más específico, qué es lo que se hace concretamente en tu taller?
El taller no es un curso o una serie de conferencias, es un proceso activo de tres meses que te conduce claramente y de forma progresiva por los diferentes aspectos y asuntos de la práctica, con explicaciones, dinámicas individuales y de grupo, ejercicios de atención, de respiración, de concentración, relajación, etc. Incluso vemos películas con las que analizamos asuntos del día a día y del proceso del taller. Hay también dinámicas propias de la actuación como los ejercicios de exploración de personajes y de voces internas, y también mucha investigación corporal. El zen se asocia siempre a un monje sentado inmóvil, pero en el taller se explora tanto la quietud como el movimiento. Investigamos continuamente el movimiento natural y espontáneo, pues el plan no es sentarse y crear una burbuja mental espiritual sino desplegar todo nuestro potencial humano al máximo, lo cual incluye no solo el despertar de la mente y del corazón sino también el del cuerpo. La mayoría de nosotros no vive en un monasterio zen. Queremos ser felices, vivir en paz, pero también ser creativos, tener relaciones, hacer cosas, cumplir nuestros sueños y vivir en una ciudad llena de retos y oportunidades.

Vaya, parece todo un plan completo de entrenamiento con el que cambiar cosas importantes. ¿La gente está dispuesta a ese cambio?
No es para tanto. Porque la cuestión no es cambiar nada externo. En muchos casos, ese ha sido precisamente el problema, que he estado esforzándome en cambiar todo lo externo para conseguir felicidad, o seguridad, o paz, y resulta que nunca me termina de funcionar. El plan del zen es que veas con claridad cómo se origina tu sufrimiento y que cambies patrones viejos. En realidad, como suele decirse, a priori la invitación es más a un cambio interior. Cuando tú te transformas, algunas cosas externas cambian radicalmente, otras permanecen exactamente igual pero tú te relacionas con ellas de otra manera. En cada persona es diferente. O sea, ni el taller ni el zen te exigen que te conviertas en otra persona, más bien te invitan a que vayas más allá de esa limitación personal y descubras hasta qué punto tu vida puede ser más rica, más amplia, más libre y completa. Luego entiendes que esto tampoco es así, estamos muy acostumbrados a la idea de que hay que cambiar, o de que tenemos que cambiar y convertirnos en esto o en lo otro, y el zen te ayuda a descubrir que no solo no es cuestión de cambiar lo de afuera sino que tampoco es cuestión de cambiarme yo, es tan solo cuestión de ver claramente. Por supuesto, cuando mi vida se despliega más allá de lo personal, puede ocurrir una gran transformación, y es precisamente ahí cuando decimos que el zen aporta un gran beneficio, especialmente a los actores y actrices.

¿Te refieres a una forma zen de interpretación para ir más allá de lo personal, en el taller se aprende un método zen de actuación o algo así?

En lo que a la interpretación se refiere, no hay ningún método nuevo ni técnica especial, es más bien un descubrimiento de la libertad esencial, lo cual puede transformar no solo tu interpretación o tu forma de ir a un casting o un rodaje, sino todos los aspectos de tu vida. Por eso el taller puede ser aprovechado también por personas que no son actores ni actrices. No hay una forma zen de hacer las cosas, así que tampoco un método zen de actuar. Hoy en día tenemos la moda del zen metida en todo, comida zen, decoración zen, ropa zen, música zen. Pero eso son mandangas, el taller es una formación muy seria y completa para aprender a meditar, con mucha tarea personal y mucha supervisión. Nadie puede hacerlo por ti, es un proceso que has de hacer tú mismo. Pero alguien con experiencia ha de acompañarte y ayudarte y es fundamental también el respaldo del grupo, el proceso del grupo. En este tipo de procesos que buscan ir más allá de lo personal, el grupo es fundamental.

Esto conecta con lo que has dicho antes sobre la transformación que puede suceder cuando la vida se despliega más allá de lo personal.
Es que esa es la clave. El asunto de lo personal, del yo o del ego, llámalo como quieras, está entrometiéndose siempre justo en mitad de todo y bloquea la vida. De forma un poco simplista, podríamos decir que actuar es un yo convirtiéndose temporalmente en otro yo. Pero cuando mi yo habitual está muy arraigado y no tiene fluidez, que suele ser lo habitual, tiene serios problemas para quitarse de en medio y dejar paso a otros personajes, para dejar paso a la vida con mayúsculas. Por eso en mi día a día hay personajes que aparecen constantemente y otros que nunca logran salir y ahí comienza el encasillamiento. El encasillamiento artístico y el personal. Además aparecen los personajes del juez, el controlador, el miedoso, etc. En términos budistas esto podría llamarse karma o samsara, en términos psicológicos se hablaría de trauma, es igual cómo lo llames. Este yo aferrado a si mismo e inmóvil, construido básicamente de pensamiento y pasado, condiciona no solo en la escena sino en el día a día, en el teatro de la vida, no solo a los actores sino a cualquier ser humano. En los talleres de interpretación y en terapia se trabaja mucho con personajes diferentes, pero no con el desapego del personaje yo, que es el gran personaje que vive en el engaño de ser el centro de la realidad. En el taller de "Zen para Actores" trabajamos con muchos personajes diferentes y con el no-personaje, con la periferia y con el centro, con las voces y con el silencio. Por eso las personas, al aprender a meditar, al separarse algo de su yo personal, experimentan mayor amplitud y ligereza, mas confianza y libertad. Y por eso el zen aporta un gran beneficio a los actores y actrices, pues su arte y su trabajo depende de la fluidez con la que pueden dejar que su personaje diario central se retire a un lado, que las voces boicoteadoras no limiten, y que se descubra ese espacio abierto desde donde cualquier voz o personaje puede aparecer libremente. Y este no es solo un asunto clave para los actores sino para todo ser humano.

Explicado así lo entiendo muy bien y suena lógico, pero ¿las personas que hacen el taller realmente logran ese desapego, logran abrir ese espacio en donde todo fluye libremente? ¿Realmente todos los que hacen tu taller experimentan ese proceso de transformación?
Te mentiría si te dijera que todas las personas que hacen el taller llegan al mismo resultado. No todo el mundo está en la misma circunstancia ni tiene la misma disposición ni la misma entrega. Hay personas con mucha resistencia o dificultad y personas que tienen una increíble predisposición natural para la meditación y el proceso del taller. Dicho esto, hay mucha gente que dice que llevaba tiempo queriendo meditar pero que no sabía cómo y ahí el taller funciona muy bien, todos dicen que por fin meditan y que han conseguido saber qué es y cómo hacerlo. Por otro lado, es muy satisfactorio comprobar cómo la mayoría de las personas experimentan y reportan cambios notables en su trabajo y en el día a día. Unos sienten mas tranquilidad, otros más agradecimiento, unos se quejan menos, otros discuten menos, otros se sienten más vigorosos, o más centrados, o más estables o felices. Depende mucho de cada paso particular. No se trata de enseñar herramientas y luego evaluar resultados en solo tres meses, simplemente la mayoría manifiestan estar más tranquilos en los castings y rodajes, o en las giras y los bolos, y sin duda viven de forma más relajada, abierta y despierta. En general la cuota de sufrimiento y estrés se reduce bastante. Por supuesto, hay quien experimenta un gran cambio, incluso mejora algo de su salud, y hay quien no termina de encajar con el proceso y deja el taller a medias. El taller está diseñado para que en tres meses cada uno pueda ser autónomo en su meditación y pueda también incorporarse al grupo regular de práctica semanal que tenemos o a cualquier otro grupo. Pero el proceso es siempre único e imprevisible. No hay garantías, tan solo caminos muy bien señalados, que cada uno recorre según su motivación, su momento y su manera.

Hablas mucho de proceso y a menudo te refieres a cuestiones que no parecen solo espirituales sino casi terapéuticas. ¿Qué opinas de la terapia? ¿Es el zen un tipo de terapia?
El zen no es una terapia, sin embargo es muy terapéutico. A la vez, te diría que el zen es muy espiritual incluso muy religioso, y sin embargo no tiene nada que ver ni con la espiritualidad ni con la religión, o no tal y como se suele entender la espiritualidad o la religión. Lo importante es la transformación y realización del ser humano, de manera que sea más libre y más feliz. El budismo habla de sabiduría y compasión, el mindfulness habla en otros términos, un terapeuta gestalt en otros, un terapeuta sistémico o un constelador en otros. Las palabras no son lo más importante, en ese sentido, en el centro de la terapia, de la religión o de la espiritualidad, está el ser humano. Si el zen no es profundamente humano no es zen, y lo mismo sucede con la terapia. He visto personas con muchas horas de zen en su cojín pero que no han desanudado su sufrimiento hasta que no han ido a terapia. Y he visto personas que han ido de terapia en terapia durante años pero que no han evolucionado realmente hasta que no se han sentado en silencio. Yo personalmente estoy muy a favor de los procesos terapéuticos, de los más ancestrales y de los más modernos. Y cada vez está siendo más evidente que el zen ayuda a la terapia y que la terapia ayuda al zen. Hay que tener cuidado con no mezclar y no confundir uno con otro, pero sin duda ambos procesos se complementan perfectamente. Por eso las artes y las terapias han estado tan vinculadas y por eso ahora se está integrando el zen. Es un proceso natural. El ser humano busca todo lo que está a su alcance para crecer, expresarse, evolucionar, trascender y alcanzar su plenitud.

Esto ha sido así siempre y parece que así va a seguir siendo.
Lo que llamamos new-age es en realidad very-old-age. La espiritualidad, la búsqueda de sentido, de la plenitud, el anhelo de regresar al origen o de evolucionar hacia el máximo potencial, acompañan al ser humano desde que este se bajó de los árboles y comenzó a ponerse de pié y a contemplar las estrellas. Por eso el zen es un camino muy viejo y a la vez es un camino muy nuevo. Por eso el zen en el Siglo XXI sigue estando más vigente que nunca. En el taller no hacemos nada que no hicieran los sabios de hace miles de años y a la vez realizamos experimentos de vanguardia. El Zen es siempre una propuesta ancestral y a la vez revolucionaria. Y sin duda hay que hacer una revolución.

¿Te refieres a una revolución individual o a una global?
Esa es una gran pregunta. Me refiero a ambas. Y cuando hablo de revolución estoy hablando de evolución. No hay revolución global sin revolución individual. No hay transformación global sin transformación individual. En el arte esto es muy evidente. Los artistas debemos asumir nuestra responsabilidad con el mundo, nuestra capacidad especial para tocar a las demás personas y hacerlas más conscientes, individual y colectivamente. Esa es nuestra aportación individual y colectiva, cada uno en su entorno, en el cuidado de las personas más necesitadas, en el medio ambiente, en el respeto a los animales y las plantas, en la violencia, la política, la alimentación, la educación, la pareja, en todos los ámbitos de la vida. Todos los seres humanos tenemos una responsabilidad con la comunidad. Unas personas hacen pan, otras conducen un taxi, otras enseñan en la escuela, otras cuidan en un hospital, otras hacen leyes, política, música o barren calles. Cada uno en su actividad y en su entorno tiene el potencial de despertar en el mundo y de despertar al mundo. El verdadero despertar no es un flash que ciega y te deja alucinado en el cojín, es una luz que muestra el camino y te pone en acción.

ACERCA DE JUANCHO CALVO
Licenciado en Bellas Artes, formado como director de cine en España y en Estados Unidos, ha escrito y dirigido películas y series de televisión. Simultáneamente se ha dedicado al entrenamiento de actores y actrices y ha desarrollado el taller "Zen para Actores" que se ofrece en el Centro Mandala, para favorecer la integración de la meditación en el día a día y en los procesos personales, creativos y artísticos. Juancho conoció el Zen hace casi 20 años y desde entonces busca una forma auténtica y actual de compartir su experiencia, prestando siempre especial atención a la relación de la meditación con el arte, el cuerpo y la creatividad.

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