El lado oscuro de na Navidad en Agosto

185-GRACIELA

¿Dime cuál es el error que repites todos los días y que no cambias?
¿Dime de quién lo aprendiste?
¿Dime también qué hace que pongas el foco en ello si te hizo daño?

Torcer el gesto y mirar para otro lado. El contrario a la solución. Eso hacemos cuando repetimos errores familiares y la película AGOSTO, en esencia, recrea la mirada de quien se mueve en una polaridad. El neurótico recorrido entre el alivio de culpar a los otros y la cobardía de no saber auto-determinarse.
Quien se enreda en su propia miseria tiene tres actitudes: queja, huida, y reproche. Y un escenario: las relaciones. Alimento del pesimismo. Conseguimos negar la expresión libre de uno mismo por el recuerdo de lo que no estuvo bien en el pasado, y no obstante, le tenemos todo el tiempo presente a través de la auto-complacencia de lo que nos duele. Lo que hacen mal las personas que ahora están fuera del ámbito familiar. Alimento para la impotencia.
El personaje de Meryl Streep en Agosto, una madre enferma de cáncer, que tiraniza cualquier manifestación de ternura, es la visión de alguien que huye de sí misma. Sus hijas repiten su error, aunque cada una se empeñe en disimularlo con elecciones de pareja, y actitudes aparentemente distintas.

El origen
Quien no se conoce tampoco logra auto-determinarse. La consecuencia es esperar que la felicidad, el bienestar y el poder venga de sus parejas, amigos o hijos. Un recorrido vital que sería más o menos así: se sale de la familia a lo social con cobardía y complejos. Esa dificultad se distrae en la juventud con flashes de creatividad y de independencia. El resto del tiempo, en que no estoy con los colegas, la pareja o amigos, nos pesa el aburrimiento.
Nuestros adolescentes evidencian esta situación con el uso continúo de teléfonos móviles para seguir hablando con los amigos cuando acaban de despedirse en el portal. Es la opción que tienen para soportar la incomodidad de estar con ellos mismos.Hay un vació por llenar. En la juventud se compensa con excesos: deportes extremos, drogas, enamoramientos continuos, alcohol y sexo. A medida que suman años, empieza a pesar más el aburrimiento y el hastío interno, se haga lo que se haga.
La ausencia creativa de propósito para seguir vivos se resuelve con el suicidio lento o letal, como ocurre en la película Agosto. La desaparición y muerte del marido, y padre alcohólico, es el detonante que vuelve a reunir en la casa familiar a la madre, también adicta a los calmantes, con sus tres hijas.

En la película las consecuencias últimas del desamor se muestran con crudeza. Los comportamientos responden a un mandato interior que se quiere esconder, anulando la responsabilidad de nuevas elecciones.
Nos vemos reflejados en esta historia cuando creemos huir de parecernos en los errores a nuestra madre, o a nuestro padre, y sin embargo, cada día que pasa los comportamientos evidencian que esa es nuestra elección.

La solución
Estamos ciegos, sin embargo, tiene un beneficio mayor que salir de la auto-compasión. Dar el paso es una cuestión de atreverse a una reflexión lúcida donde se abandona la tendencia a esperar, y uno se compromete con acciones que hagan posible el cambio.
De ahí que el camino de la superación requiera consciencia, creatividad y la misma apuesta que diariamente hace un deportista de elite: entrenarse teniendo una estrategia donde la meta sea el bienestar primero y la felicidad después.
Detrás está oculto el rencor. Su motor es la repetición de errores, y el clima que lo fomenta: el dolor y la pasión. Salir entonces es una cuestión de relativizar la percepción y auto-gestionar los sentimientos. Enfriar y parar la cabeza para que se pueda encontrar salidas motivadas por el aprendizaje. Estamos fuera del error perceptivo cuando el foco está puesto en los aciertos familiares.
Pide ejercer la valentía de darnos respuestas desde la responsabilidad. También pide una revisión concienzuda de nuestro recorrido histórico y una compresión que motive al cambio. Después, lo ineludible. Hay que entrenarse durante el tiempo suficiente para que la nueva situación actúe como brújula.
Sin embargo, ese camino se enreda si nuestra percepción sigue contaminada del recuerdo familiar del desamor. Entonces sólo hay culpables.
Este es el drama de la película AGOSTO. Y como no, el argumento latente de muchas cenas de Navidad.

Por Navidad
La ineludible reunión familiar se convierte en el escenario menos propicio para el cambio, salvo que previamente se haya decidido que lo pasado deje de ser una disculpa del presente.
De lo contrario, el recuerdo latente de desamor hará de las suyas. Es la disculpa para que los hijos se venguen indirectamente de los padres, y para que afloren durante el encuentro conflictos y reproches soterrados entre hermanos.
¿Cuál es el camino de la autenticidad en estas fechas si se quiere dejar de jugar al mito de la Navidad desde la soledad y el desamor?
La película Agosto puede ser un revulsivo para ver de cara lo que pasa cuando la culpa mide los aciertos, las decisiones; y el dar la espalda, el recurso para señalar culpables.  Uno se engaña. Creyéndose mejor que aquello que se rechaza, la evidencia de nuestros actos nos dice lo contrario.
La película tiene un claro triángulo conflictivo: La madre, gravemente enferma, y las tres hijas, cada una de las cuales con una vida sentimental desastrosa. Si hay algo que les une, a parte de los lazos de sangre, es la incapacidad de poder ser felices. Parece que viven para hacerse daño, por un motivo u otro, queriendo o sin querer, están condenadas a vivir solas.
Y como un revulsivo sólo puede ser interesante si estamos dispuestos a una apuesta diferente, pese a sus riesgos, os propongo para este año algo diferente. Que en la reunión familiar el foco esté en recordar todo lo bueno que se tiene, y de lo que es posible compartir.
Verbalizar los mejores valores que hemos recogido de nuestros padres, las escenas que nos recuerdan nuestras fortalezas. Las instantáneas que nos hicieron felices.

Que seamos capaces de recordar el amor expresado con independencia de lo que esperábamos. Y aceptar que cada hermano hizo una elección a partir de una experiencia genética común. Os deseo que esta Navidad sea una elección para sumar en vez de restar.

 

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