Sunyata

Experiencia de Vacío en el Zen - soltando la identidad - mostrando “Sunyata” ¿De donde vino mi vida? ¿a dónde irá? Junto a las ventanas de mi tosca choza busco en mi corazón en silencio profundo. Aunque busco y busco, no encuentro donde empezó todo, ¿cómo voy a encontrar su final? NI el momento presente se puede captar; todo cambia, todo es vacío: este yo solo existe por un momento en esta vacuidad. ¿Cómo decir si algo es o no es? Es mejor quedarse con esos pensamientos pequeños, dejar que las cosas sigan su curso sencillamente y así, ser natural y tranquilo. Daigu Riokan

180 PEDRO

La experiencia del zen es experiencia de vacío, de Sunyata. Cuando expreso esto en alguna charla inmediatamente veo fruncir el entrecejo en algunos, ya que desde la mente esta expresión es difícil para un occidental para cualquier persona sin experiencia espiritual. Habitualmente identificamos vacío con inexistencia, como anulación de lo “que esta lleno” y nos surge la pregunta ¿Es que la experiencia central del zen es una experiencia de nihilismo? Nos es necesario comprender profundamente qué queda incluido en esta palabra (shunyata en sanscrito, suññatâ en pali), y sobre todo haber tenido alguna experiencia de práctica para atisbar su profundo significado, ya que si la experiencia central del zen (y de la mística por extensión) es de vacío, habremos de decir que esta experiencia es la experiencia central del ser.
Partiré en la comprensión del vacío tal y como la define el budismo, para luego acercarme a la definición de la tradición cristiana, y terminar realizando una síntesis de acuerdo a como lo percibo desde mi corazón, desde mi experiencia.
La experiencia del vacío en el budismo, y también y particularmente en el zen, es la experiencia vital de que no hay existencia inherente, independiente (la existencia separada e inherente es vacío, no existe); de que todo esta interconectado, y por tanto, de que existe solo una única y completa realidad. Insisto: es la experiencia de que todo, “yo”, “tu”, “esto”, todo lo que existe es una misma realidad, una única existencia manifestada en las mil formas que aparentemente, pero solo aparentemente, tienen vida independiente. Y es “una experiencia” porque esto no es un nuevo concepto novedoso o una nueva filosofía o una nueva expresión religiosa o areligiosa: es la experiencia profundizada en el silencio, es la expresión del Buda en su despertar, es el canto del no-dos del Sing Jin Mei, es, como veremos, la profunda comprensión de los espirituales de todas las tradiciones en la Unió Mística.
Esta comprensión tiene radicales consecuencias para la vida humana. Experiencia del Vacío no es la experiencia de una realidad diferente, de un ser esencial diferente a las formas y a los fenómenos; por tanto no se trata de una “nueva creencia del vacío” (Nagarjuna), que sería una nueva confusión al diferenciar los seres limitados e independientes y el vacío como la red continente pero con existencia también independiente. Esto es una gran confusión. Experiencia del Sunyata es la experiencia de cómo es la única y plena realidad, en la que somos y a la que pertenecemos. Esta experiencia es la eliminación de las partes y las barreras, de los limites y de los antes y después, la aceptación plena de que todo está condicionado entre si, y de que no existen realidades separadas.

Esta experiencia lleva a los otras dos grandes comprensiones de esta tradición: a Annata (no- ego) y Anytia (impermanencia, contingencia “todo lo que aparece, desaparece”). La desaparición de barreras pone en cuestión la existencia de un yo separado e independiente, pone en cuestión la individualidad. La falta de limites en el espacio, pero también en el tiempo, hace percibir la realidad en una continua transformación, una única realidad en que adquiere las mil formas, “que aparecen y desaparecen”, también nosotros.
Esta experiencia es una experiencia de no-dos; no es una experiencia de la creencia de una realidad pura diferente de los fenómenos, sino de que no existen dos realidades, ni múltiples realidades que se desarrollan en independencia, por tanto no tiene sentido la propiedad, la necesidad separada, el egoísmo, la envidia, los celos, el rechazo, el miedo o la angustia. Todo aquello que lleva al sufrimiento humano. La experiencia de Sunyata es la experiencia de comunión, es la experiencia de pertenecer desde siempre, de participación y de amor incondicional. En el plano social es la experiencia de una ética natural que lleva a la unidad de intereses y a la participación. Esta es la consecuencia de esta visión mística, que no es otra cosa que visión normal, a partir de la cual se expresa “soy uno con todo” o “Todo es uno”. Esta es la experiencia cumbre de Jesús de Nazaret cuando dijo: “El Padre y yo somos uno”, y la del Buda Gautama cuando expresó: “Todos los seres son perfectos”. Esta experiencia significa el siguiente salto evolutivo de nuestra conciencia, que no deja de ser la conciencia una, en continua interrelación, en continua inter-existencia en permanente evolución.
Esta experiencia también elimina de nuestra comprensión la existencia de un ser separado, puro e infinito creador de todo lo que existe, y determina que somos, junto con toda la realidad ese ser eterno e infinito, que adquiere las mil formas y fenómenos, que continuamente se transforma y es la misma evolución, que ahí adquiere la forma de roca, o montaña o árbol, y aquí la de conciencia inteligente, actualmente nublada e insuficiente, que sueña un mundo individual en el que sus necesidades están sin satisfacerse, y que anda buscando algo ajeno para completarse, pero que seguro despertará para comprender que todo está completo desde el origen, y le permitirá decir con el maestro Eckhart, el príncipe de los místicos:

“…Cuando estaba en mi primera causa no tenía ningún Dios y yo era causa de mí mismo; allí nada quise y nada deseé, ya que era un ser vacío y me conocía a mí mismo gozando de la verdad. Me quería a mí mismo y no quería otra cosa; lo que yo quise es lo que fui y lo que fui es lo que quise, quedando aquí vacío de Dios y de todas las cosas. Pero cuando por libre decisión de mi voluntad salí y recibí mi ser creado…”(Pobres de Espíritu)

Thomas G. Hand ("Walking the Zen Christian Path”) habla de una perspectiva diversa que enriquece esta experiencia. Él, desde la comprensión y práctica del Zen, une esta experiencia a la comprensión de la visión mística de la tradición cristiana. Parte de la introspección del Sutra del Corazón, en el que, de nuevo aparentemente, se contraponen forma y vacío (Rûpa y Sunyata) siguiendo los términos pali. Habla de Sunyata como “lo que es vivo, dinámico, vacío de materia, no fijado, mas allá de la expresión individual o personal y la matriz de todos los fenómenos” y de Rûpa como las “mil y una manifestaciones /formas /fenómenos que tienen a Sunyata como su constituyente”. Esto es, toda forma surge de la misma realidad, de la misma fuente, que es sin forma, eterna, sin limites ni separaciones.
Citando el texto sanscrito del Sutra del Corazón, Hand parte de cinco expresiones que centran la experiencia: “Forma no es sino vacío, vacío no es sino forma, forma es vacío, vacío es forma, y lo que es forma es igual a vacío, lo que es vacío es igual a forma” desde ahí se comprende que todo lo que existe es bipolar, no en el sentido de que tenga dos formas de existencia (rûpa y sunyata) sino de que ambos son coincidentes, a la vez de contrarios en la existencia. En la realidad se da la coincidencia de los opuestos.
Desde la tradición judeocristiana puede hacerse una introspección iluminadora cuando entendemos que la fuente sin forma, eterna e infinita, completa y perfecta, que aquí habíamos llamado sunyata es identificada con el Padre Viviente del que habla Jesús, con el Dios creador, el padre, la madre, el generador, fuente origen de todo lo que existe, y a rûpa, como la forma/manifestación/fenómeno limitado y que empieza y termina, que se expresa continuamente en transformación, como el hijo, la hija, lo nacido, el patrón y el logos que evoluciona y que se expresa en cada momento, en cada fenómeno.
Desde aquí Hand comprende y expresa la Trinidad, siendo el Espíritu Santo la expresión de la transformación, la propia evolución en si. Pero lo mas importante si se unen ambas tradiciones es que el Vacío no existe sin la forma, ni la forma sin el vacío, y que no hay nada fuera de esto, y que vacío y forma son la misma cosa. Así esta existencia que soy yo es la existencia de sunyata y de rûpa al tiempo, es la existencia del Padre y del Hijo, pues el padre y el hijo no existen separados, y por ello yo soy el Padre Viviente y soy el Hijo engendrado, así que “quien me ve a mi, ve al padre” como diría Jesús. Somos la expresión “del que es”, somos Yahwe en la expresión hebrea. Así la experiencia de vacío es experiencia personal del Padre Viviente, y con él experiencia del Hijo, y del Espíritu Santo.
Y en esta expresión soy eterno y no nacido, no tengo diferencia ni rango, no soy un alguien separado con una identidad propia, y soy al tiempo esta y esa expresión, y no tengo limites, ni principio ni fin. Esta experiencia de sunyata me trae al origen de todas las cosas y a la identidad que realmente soy, que es una no identidad. La experiencia de vacío es el camino de perdida de la identidad, aceptando ser la forma que ahora es y ahora no es para así comprender la realidad expresada en las mil formas.
Esta comprensión rompe también la diferenciación de un tiempo lineal, en el que los acontecimientos se suceden como en un orden temporal de diferentes realidades. Venimos a ser un eterno y continuo AHORA, que nace y muere continuamente “[…] por obra y gracia del Espíritu Santo […]”, de la transformación de muerte y nacimiento, de la continua evolución que somos también.
Desde esta comprensión rompemos con la visión dicotómica de diversas tradiciones espirituales. Esta visión dicotómica definiría la realidad como originada de una fuente primera, que es infinita, eterna, no material y sin forma, y lo creado vendría a definirse como las criaturas existentes de forma individual y separada, con limites y por si mismas insuficientes e imperfectas. Por su propia naturaleza las criaturas no podrían unir su imperfección e insuficiencia en la fuente original, pues romperían su identidad en esta unión y vendrían a no ser otra cosa que la fuente original y esto no sería posible si no se es desde el origen. Esta percepción condena a la forma, a la criatura, a tener un fin separado “eternamente” de su fuente. Ni tan siquiera el mito de la salvación puede romper este destino. La Salvación, la Redención puede acercar la criatura al creador pero no identificarlos.
Por el contrario, desde la experiencia del vacío, la causa y el efecto son la misma cosa, y por tanto la separación es solo aparente, y la identidad de las criaturas con su supuesta insuficiencia y necesidad es también una falacia, fruto de la ceguera de nuestro actual estado de conciencia. Aunque lo veamos ciegamente, la realidad, nosotros, somos no-dos.
Por ello, esta comprensión de la inexistencia de separaciones, de limites en la existencia, viene a ser la misma expresión en su punto final del salto que dan los místicos, que si bien partieron de la falacia dualista en su comprensión unieron los polos contrarios en una única realidad, por lo que también pudieron venir a decir que no existe nada con vida independiente, separada, y así tuvieron la visión del vacío, de sunyata.
Esta visión es de profunda significación, de profunda transcendencia para nuestro futuro como seres y para nuestro futuro como sociedad, como Universo. Todo evoluciona, se transforma, nace y muere, aparece y desaparece, en una pulsión continua, que procede de la tensión de la Fuente-sin-forma en venir a manifestarse como forma, y de ahí evolucionar hasta mostrar su manifestación completa, en la que todo es perfecto y completo. Este es el futuro de la existencia, indicando que este futuro es ahora, y por tanto los egoísmos, las violencias sin sentido, los rechazos y las diferencias desaparecerán al tiempo que se expresa la diversidad de las mil formas y fenómenos, como un canto continuo de riqueza y de amor, de comunión sin limites, como una danza continua de conversión de los fenómenos entre si, y la experiencia única expresada es la de pertenecer, la de ser “el que soy”. Una ultima comprensión, siguiendo de nuevo a Thomas Hand: la realidad última, la comprensión del no-dos no es una evolución sin conciencia, “objetual”, de la existencia, donde todo esta marcado de forma impersonal. Si la realidad da lugar a las expresiones que nosotros somos, conciencia personal, que siente y sufre, que adquiere como expresión la forma de “persona”, “alguien que sabe que es”, es porque sunyata y rùpa  es también conciencia, es en el fondo el ser amante que somos, la conciencia inteligente y unificadora que transciende y comprende todo lo que existe, en sus expresiones bellas y variadas, y que expresa esta común-unión de forma personal, como el amante eterno, que constituye nuestra estructura, nuestro punto de origen y nuestro punto final, el alfa y el omega danzantes de la evolución eterna.

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