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Me desperté en un Mundo Consciente

248 MUNDOVivía en la confusión del Corona Virus

Todas las noches me acostaba con el sueño de vivir en el mundo que imaginaba. Sin embargo despertaba en medio de la ciudad vacía, árida y rodeada de gente con mascarillas como en una película apocalíptica. Para mí el mundo perfecto sería construido a la medida de la armonía. Conmigo misma. Con los demás. Con la naturaleza. Pero todo era caos.

Sentí la soledad y el miedo como nunca

Aunque estaba en ERTE desde que comenzó el confinamiento porque trabajaba en un restaurante, me permití el regalo. Desde que comenzó la crisis sanitaria había empezado a sentirme cada vez más sola y desesperanzada, perdida.248 ANUN MUNDO

Iba al supermercado y las personas me miraban mal si las rozaba sin querer. Cuando hablaba con mi madre podía sentir el miedo a través del teléfono. Los medios de comunicación sólo me transmitían decadencia.

Una luz en la penumbra

Una noche me acosté apostando por definir mi anhelo: vivir en un mundo consciente. A la mañana siguiente, una amiga me llamó con la propuesta de tomarnos unas vacaciones diferentes cerca de la naturaleza y donde poder conectar con nuestro espíritu y el de otras personas “¿Dónde vamos?”, le pregunté. A “Un Mundo Consciente”, me respondió. Desde ese momento sentí que mi deseo había sido escuchado y que el cambio se ponía en marcha.

La propuesta de mi amiga me sonó a algo profundo y no podía obviar la señal que tanto me hizo vibrar. Pasar un tiempo en aquel lugar que compartía nombre con mi plegaria: vivir en un mundo consciente y dejar de sentirme sola. Reservamos una semana a mediados de agosto y metí en la maleta lo imprescindible, porque lo que quería era encontrarme con lo real.

Comenzó mi viaje

El lunes llenamos el coche y nos dejamos llevar por la ilusión en un viaje dejando atrás el asfalto madrileño para ir adentrándonos en una naturaleza verde y cada vez más exuberante. Antes de entrar pasamos por una clínica a hacernos el test del virus, ya que ellos siguen el modelo coreano para asegurar tranquilidad y seguridad.

Al llegar al centro nos recibió una hilera de cabañas celtas en forma de media luna por delante del edificio principal. Me había tocado dormir en una de ellas con otras tres mujeres que aún no conocía, pero una de ellas estaba ya deshaciendo su equipaje y me recibió con una sonrisa.

Llegó la hora de la cena y todo el mundo me era afín. Mis compañeros hablaban del cambio que querían en sí mismos. El hecho de estar cerca de ellos en torno a una mesa y sin mascarilla me hizo conectar con la calidez que tanto anhelaba. La comida vegetariana era sabrosa. Ya comenzaba a sentirme en casa.

Sentirlo en el cuerpo

Había actividades como yoga, biodanza y expresión corporal y salas de trabajo personal en las que entendía mis conflictos rápidamente gracias a mis experiencias y las de mis compañeros. Las dinámicas físicas me permitían trabajar las cualidades que necesitaba para el cambio e integrarlas en el cuerpo. Además, todo fluía entre nosotros y con los monitores y la confianza iba en aumento gracias a la conciencia global. El equilibrio entre mente, cuerpo y emoción.

Un día en una de las salas un compañero me dijo algo que me molestó. Compartí esa sensación de aislamiento que sentía para con la sociedad y él me dijo que veía en mí mucho dolor. Después le comenté que las sesiones eran para hablar de uno mismo, según mi criterio.

Amor, gratitud y aprendizajes

Al día siguiente se acercó a mí y me pidió perdón al mismo tiempo que me dio las gracias porque había visto que ese dolor estaba en él tras hablar con un facilitador en una escucha individual. Inmediatamente me di cuenta de que quizás mi manera fue dura y le agradecí que él también me hubiera hecho de espejo. Sentimos amor y gratitud al mirarnos. Mi aprendizaje fue oro y a partir de ese momento cada vez sentía más armonía en el ambiente. Éramos una gran familia y pensé que si el mundo fuese así, terminarían los problemas.

Ahora me siento capaz de relacionarme sin coraza y así, sentirme una igual que la persona que tengo enfrente. Allí he visto que yo misma creo mi realidad. Lo más importante es que, además de haber vivido así, he aprendido las herramientas necesarias para llevar ese cambio que quiero al mundo. Ahora sé que manteniendo esa vibración, sólo puedo atraer lo que emano.

www.mundoconsciente.es