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Autoestima, Autocompasión y Mindfulness

En la cultura occidental se ha extendido la idea de que una autoestima alta es necesaria para una buena salud mental. La psicología hasta ahora ha considerado que una baja autoestima es causa de problemas importantes, y de ahí los programas aplicados para potenciar la autoestima en las escuelas y centros de desarrollo personal. No obstante, recientes investigaciones han cuestionado el concepto, ya que no se han obtenido los resultados esperados. Hay dos maneras de ser un hombre entre los hombres. La primera consiste en cultivar la propia diferencia, la segunda, en profundizar la comunión... (A. Malraux)En la reciente psicología positiva se están incorporando los conceptos complementarios de auto-compasión y auto-aprecio, y diferenciando la autoestima sana de la insana.

¿Hay una AUTOESTIMA SANA y otra INSANA?.

Se podría definir la autoestima como una valoración del propio mérito, la creencia de que somos personas buenas y valiosas. Esta valoración se puede hacer en base a aceptarnos como seres únicos, con nuestras cualidades y limitaciones, o bien según nuestra eficiencia y logros.

Este segundo criterio es el que se ha usado más, relacionando el valor personal con lo bien que uno hace las cosas –valoración de la eficacia- y con la importancia que uno da esas cosas –valoración de los logros. De modo que la autoestima se podría aumentar de dos maneras: una es valorando más las cosas que se nos dan bien y restando valor a aquellas que se nos dan mal; otra es mejorando nuestra competencia en los asuntos que son importantes para nosotros.

Pero resulta que la autoestima se ha comprobado que depende también de la percepción que tenemos de cómo nos ven los demás, es decir que nos valoramos según lo que creemos que piensan los demás de nosotros. Se ha creado por tanto un concepto muy relacionado con juicios y valoraciones, propios y percibidos por los otros. Y esto puede llevar fácilmente al autoengaño.

En muchas escuelas sea utilizado el elogio indiscriminado como modo de reforzar la autoestima de los niños. Esta práctica, si bien se aleja de la educación represora basada en el castigo, puede entorpecer la capacidad de los niños para verse con claridad, limitando su desarrollo.

Muchos educadores opinan que los elogios deben estar supeditados al trabajo y esfuerzo que se realiza y que su uso indiscriminado en la educación ha provocado un preocupante aumento del narcisismo en los niños y jóvenes. Los narcisistas tienen una autoestima alta y tienden a sentirse bien, pero también tienen un concepto inflado y poco realista de su atractivo y cualidades. El problema se manifiesta cuando se enfrentan a juicios negativos y críticas o no reciben la atención y admiración que creen merecer, entonces reaccionan con rabia y malestar. Podríamos decir que el narcisismo es un ejemplo de autoestima insana.

Otro ejemplo de autoestima cuestionable es la autoestima fortuita, que se refiere a la que depende del éxito o el fracaso, de la aprobación o la desaprobación de aquellos a los que damos autoridad. Las personas evalúan sus resultados en los temas que consideran importantes (atractivo personal, éxito en las actividades escolares o laborales, la aprobación de los compañeros, el apoyo familiar, etc.)   siendo esas las fuentes de su potencial autoestima. Dependerán para sentirse bien o mal de cómo se valoran a sí mismas o se sienten valoradas por otros en su desempeño en esos campos. El peligro de juzgarse por el rendimiento, es que se dejan de apreciar las experiencias vitales por sí mismas; se buscarían resultados en lugar del gozo de la propia vivencia, lo cual menoscaba el bienestar.

Las personas podemos fácilmente confundir nuestros pensamientos y autovaloraciones con lo que realmente somos. Nuestro concepto de nosotros mismos no es nuestro yo real, sin embargo nos identificamos con nuestra autoimagen. Si me he creado una imagen que es perfecta y deseable, soy bueno y los demás me aceptarán. Si la imagen que me he creado es deficiente o indeseable, me sentiré sin valor y proclive a ser rechazado. Al aferrarnos a nuestras etiquetas y autovaloraciones simplistas de nosotros mismos nos alejamos de la riqueza y complejidad de la vivencia humana, con su alegría y dolor, ganancias y pérdidas, luces y sombras.

LA AUTOCOMPASION es aceptación y consciencia en la adversidad

¿Y si en lugar de valorarnos por nuestros logros con juicios hechos desde la mente, nos aceptamos y nos queremos desde el corazón simplemente por ser humanos?. ¿Y si en lugar de perdernos en pensar que somos buenos o malos, tomamos conciencia del momento presente, y nos damos cuenta que todo cambia, que los éxitos y fracasos vienen y van, que no determinan nuestro valor, que son sólo una parte del proceso de vivir?.

La compasión hacia uno mismo se refiere a los buenos sentimientos hacia la propia persona, no por ser mejores que otros ni por obtener más logros, sino por ser humanos y como tales, frágiles e imperfectos pero también magníficos. La autocompasión no es un juicio, es una aceptación de lo que somos, que además nos hace sentir conectados con los demás. Puedo aceptarme y valorarme a pesar de fracasar, a pesar de que mis resultados no sean tan brillantes como me gustaría, a pesar de ser rechazado en un momento dado… y no necesito engañarme, simplemente tomo conciencia de todo ello.

Se podría decir que al creernos individuos aislados caemos en la trampa de la separación, aparece el juego de la autovaloración por comparación con los demás. Me pienso valioso por contraste, en función de lo que me distingue del otro en lugar de apreciar lo que me une, la colaboración y la conexión.

Cuando nos vemos como parte de un gran todo interdependiente, nos aceptamos tal como somos. La felicidad real es la que surge de participar del flujo de la vida y sentirnos conectados.

Los componentes de la auto-compasión.

Podemos considerar que abarca tres elementos fundamentales. En primer lugar requiere atención plenao mindfulness, vivir nuestra experiencia conscientemente sin ignorar el dolor. En segundo lugar, es necesario que reconozcamos nuestra humanidad común, sentirnos conectados con los demás en lugar de aislados y alienados por el sufrimiento. En tercer lugar, requiere bondad hacia uno mismo, ser amable y comprensivo con uno mismo, en lugar de autocrítico.

Mindfulness significa afrontar la realidad como es, la aceptación natural de lo que ocurre en el presente para responder a nuestra situación de la manera más compasiva y eficaz.

Otra clave para entender elmindfulness consiste en diferenciar la conciencia en sí misma, de su contenido. Los contenidos de la conciencia son sensaciones, imágenes, sonidos, emociones, pensamientos. Son elementos que vienen y van, en constante cambio. Sin embargo la conciencia es lo que no cambia, la luz que ilumina los contenidos.

Cuando practicamos mindfulness encontramos la libertad de dejar de ser arrastrados por los contenidos de la conciencia - no identificarnos con lo que haya (p.e. un pensamiento de enfado, un temor, etc)- y en su lugar permanecer centrados en la conciencia misma. Eso nos da la oportunidad de poder responder de forma consciente en lugar de reaccionar automáticamente.

Dado que mucho sufrimiento emocional viene de la resistencia a aceptar lo que es, deseando que las cosas sean distintas, mindfulness alivia porque acepta y se abre a toda la experiencia desde la conciencia.

Cuando entrenamos la atención plena se incrementa nuestra capacidad de autocompasión. Igualmente al desarrollar los otros dos componentes (la bondad hacia uno mismo y la humanidad común) también se amplía nuestra capacidad de ser conscientes y se crea un círculo positivo. Es más fácil ser consciente cuando te sientes querido y conectado.

EL AUTOAPRECIO es aceptación y consciencia en la luz

"No hay que apagar la luz de otro para lograr que brille la nuestra". (M. Gandhi)

Si bien la auto-compasión implica aceptarnos y querernos en el dolor y la dificultad, el autoaprecio es su reverso, implica reconocer lo positivo, nuestras virtudes y logros. La autoestima sana y el autoaprecio se pueden considerar equivalentes.

Podemos celebrar nuestras fortalezas sin caer en la comparación, en la soberbia o la envidia. Puedo alegrarme de tus talentos y a la vez celebrar los míos. Puedo apreciar mis logros al tiempo que reconozco los tuyos.

El autoaprecio requiere de los mismos elementos que la autocompasión: mindfulness o consciencia y aceptación de lo positivo que hay en nosotros; la humanidad común: todos tenemos puntos fuertes y éxitos; bondad para con nosotros mismos, que significa dejar de centrarnos en los puntos débiles y dar más valor a nuestras cualidades.

"El hombre tiene dos caras: no puede amar sin amarse". (A. Camus)La autocompasión y el autoaprecio son la base hacia la compasión y el amor genuino hacia otras personas. Por ello en la práctica tradicional budista de metta o meditación amorosa, se empieza por cultivar los buenos sentimientos hacia uno mismo para ir ampliando el círculo gradualmente hacia todos los seres.

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