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Alimentos que envenenan

184 ANGELA

 

¿Sabemos qué es lo que compramos cuando vamos al supermercado? Es difícil creer que lo que estamos acostumbrados a comer, al final resulta que no es tan bueno. Las realidades están ahí, muy cerca de nuestra mano, pero solemos ir como ciegos tanteando y echando cualquier cosa a la cesta de la compra porque nos falta mucha información. La confusión es bastante generalizada, por eso me gustaría compartir alguna información que quizás puede ayudar a cambiar nuestra forma de alimentarnos; la intención es clara: concienciarnos para transformar nuestro cuerpo.
Parece inevitable estar expuestos a tantos aditivos, al final no sabemos qué comer y qué no comer, es entendible pues no es fácil aclararse en medio de tanta información.
Cuando vamos al supermercado solemos comprar como autómatas, solemos coger rápido los productos y los tiramos a la cesta pero… ¿sabemos lo que compramos? ¿nos preocupamos por lo que vamos a comer? Esto es mucho más serio de lo que puede parecer y deberíamos empezar a cambiar nuestra conciencia sobre la forma de alimentarnos dejando de ser tan conformistas.
Es de vital importancia entender que no todo lo que se anuncia en la televisión o en cualquier medio de comunicación es verdad. Las marcas tienen un objetivo principal que se llama venta y para que esto de resultado habitualmente la información se manipula para conseguir dicho propósito. En el mercado existen multitud de alimentos procesados, llenos de aditivos, que son los responsables de la mayoría de las enfermedades graves que nos azotan hoy en día. Los factores que pueden llevarnos hacia una disminución de nuestra calidad de vida son numerosos, de modo que si está en nuestras manos ¿porqué no contribuir con algo que es bueno para nosotros mismos?
Existen muchas personas que les da igual envenenarse o no, porque sienten tal apatía por la vida que su respuesta ante el cambio es: “de algo nos tendremos que morir ¿no?” Evidentemente de algo nos tendremos que morir pero es preferible que no sea fruto de un cáncer o de una enfermedad autoinmune. Para quien no haya estado al lado de una persona con uno de estos dos problemas es fácil dar cualquier respuesta con tal de resistirse al cambio, pero para quien ha estado en contacto con esto sabe a lo que me refiero. Mi consejo es gratuito y como bien dicen aquellas palabras sabias: “El que tiene oídos para oír, que oiga”.
El punto de partida es el supermercado, el lugar donde adquirimos nuestros alimentos y donde se supone que todo lo que se vende es bueno. Desde hace algún tiempo se ha puesto de moda etiquetar a la mayoría de alimentos con palabras como: sano, fortificado, enriquecido, natural, etc.; todas estas palabras son utilizadas para llamar la atención pero no es cierto del todo, así que aquí va alguna lista de aditivos de los cuales deberíamos huir ya que se trata de compuestos que han sido estudiados y que se sabe que no son buenos para la salud.  
No todo lo que nos venden como cardiosaludable lo es.
Grasas hidrogenadas o grasas trans
Son grasas que han sido alteradas física y químicamente, se trata de aceites de palma o de coco a los que se les añaden átomos de hidrógeno, de esta forma dichos aceites se trasforman en sólidos. El objetivo de la industria alimentaria es abaratar costes ya que con estas grasas unas magdalenas, unas galletas o cualquier alimento que las contenga dura más tiempo en una estantería. Además de ello con estas grasas el alimento resulta ser más apetecible a la vista;  lo malo de este proceso es  que para nuestro cuerpo las grasas hidrogenadas no son algo “conocido”, es como si se tratara de un cuerpo extraño, pues no es un alimento natural y nuestro cuerpo las trata como si fueran grasas saturadas de origen animal, con lo cual el destino de dicha grasas es acumularse en los vasos y arterias de nuestro organismo. Muchas veces en la etiquetas de los alimentos pone: “cardiosaludable”, pero trae grasas hidrogenadas combinadas con otro tipo de aceites como el de oliva, algo que desde luego tiene muy poco de “cardiosaludable”.
Un dato que resulta importante conocer es que aunque no todos los alimentos que venden contienen colesterol, ingerir alimentos que contienen grasas hidrogenadas producen un aumento en los niveles del “colesterol malo” (LDL).
A continuación expongo los nombres con los que se etiqueta a las grasas hidrogenadas: Aceite palma, aceite de coco, grasas y aceites vegetales hidrogenados y refinados, grasas vegetales, grasas parcialmente hidrogenadas.

¿Qué podemos hacer con las grasas trans?
Buscar alimentos que estén hechos con aceite de girasol, de oliva, de maíz y que no estén hidrogenados. Lo deberá poner claramente en la etiqueta.
Muchas de las cosas que  nos venden para guardar la linea nos hacen engordar.
Los edulcorantes
Los consumimos para cuidarnos, pero los edulcorantes sintéticos no son más que preparados químicos que aunque no contienen calorías tienen la capacidad de engañar al organismo. Los edulcorantes sólo recrean el sabor dulce en nuestro paladar, pero no son dulces, esto provoca una serie de señales químicas que van desde las papilas gustativas hasta el cerebro e intestino dando lugar a la segregación de varias hormonas. Como consecuencia las hormonas circulantes en sangre (Insulina) producen el deseo de comer más después de haber comido. Los edulcorantes no sólo no ayudan a bajar de peso sino que aumentan el apetito, además de esto el dato de más relevancia es que existen una gran cantidad de estudios científicos que relacionan a estos edulcorantes con efectos tóxicos, cancerígenos y neurológicos.
¿Con qué nombres se encuentran en el mercado?
Sacarina o E-954: Su consumo se ha relacionado con la aparición de procesos cancerígenos, especialmente de vejiga.
Aspartamo o E-951: Se han producido reacciones alérgicas que recaen en el consumo de este edulcorante además de tumores cerebrales, alteraciones nerviosas y ópticas.
Ciclamato o E-952: Con un poder edulcorante 50 veces mayor que el azúcar y que forma parte de las bebidas llamadas CERO, prohibido en Estados Unidos por ser sospechoso en el desarrollo de varios tipos de cáncer.
 ¿Qué podemos hacer con los edulcorantes?
Si deseas guardar la línea o perder peso las soluciones mágicas no existen sin un coste adicional sobre la salud. Lo mejor es buscar alternativas lo más naturales posibles y en este caso es mejor el azúcar moreno, claro está, tomarlo con moderación. Para el caso de diabéticos la Stevia es la opción natural más recomendada.
No todo lo que sabe bien, es bueno para la salud
El Glutamato Monosódico
Se trata de un aditivo alimentario que actúa como potenciador del sabor, es decir que engrandece el sabor de los alimentos. Es utilizado en casi todos los alimentos procesados: barritas de pescado, caldos líquidos y en polvo, cubos de caldo, comida china, productos cárnicos, salsas, especias preparadas, etc. El GMS es una excitotoxina, esto quiere decir que excita al sistema nervioso a la vez que es un veneno. Su consumo produce varios trastornos que pueden pasar desapercibidos: dolor de cabeza, migraña, alergias, erupciones en la piel, depresión del sistema nervioso e irregularidades en el ritmo cardiaco. Al tratarse de una sustancia tóxica dificulta el aprendizaje en los niños, enfermedades como el Alzheimer, degeneración neuronal, depresión del sistema inmune son algunas de las patologías que se le atribuye.
¿Con qué nombres se encuentra en el mercado?
Glutamato Monosódico o E-621, proteína hidrolizada, extracto de levadura autolizada, GMS, caseinato de sodio, proteína vegetal hidrolizada, proteína texturizada, levadura hidrolizada, potenciador del sabor, maltodextrina, proteína de soja hidrolizada.  
¿Qué podemos hacer con el glutamato monosódico?
Prescindir absolutamente de él, evitar consumirlo, sacarlo fuera de nuestra dieta diaria.
Estos tan sólo son tres elementos que circulan por el mercado, pero la lista es mucho más extensa. Quererse más a uno mismo implica conocer más nuestra alimentación, conocer más nuestra propia naturaleza, conocer cómo funciona nuestro cuerpo. No debe existir ninguna  duda de que nuestro bienestar empieza cuando aprendemos cómo amarnos a nosotros mismos.

 

 

Tagged under: Ángela Tello

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