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CHEMA PASCUAL

CHEMA PASCUALINSTRUMENTOS PARA EL ALMA
Su vida ha girado alrededor de la música y los viajes. Crítico musical, creador de programas radiofónicos y estudioso de los sonidos místicos. En 1995 funda Ritual Sound, cuya filosofía es viajar a las diversas culturas del mundo y recoger los Instrumentos Sonoros que usan para conectar con Deidades, ancestros o formas de poder, y en último caso, para adentrarse en uno mismo.

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Grita el Indio... Llora la Tierra - Amazonía - Preludio

240 CHEMAXarinco apoya lentamente sus pies desnudos en un lugar remoto de la selva amazónica. No quiere ser descubierto por los madereros, cada vez más numerosos, siempre armados, cada día más cerca. Xarinco pertenece a una tribu aún no conectada, que cada día ha de adentrarse más y más en la espesura selvática para sobrevivir, como lo han hecho siempre: conectados a la sabiduría de la naturaleza. Sabe también Xarinco que eso no podrá seguir siempre así, que la huida no podrá durar mucho. Serán acorralados, los disparos silbarán la música de una guerra que, antes de empezar, ya parece perdida. Xarinco no llora, pues es árbol, es jaguar, es selva. Xarinco grita y canta la música de los abuelos, acude al poder de una sabiduría ancestral porque la selva está dentro de él. ¿Hay alguien ahí? ¿Quién te escucha Xarinco?

Bolsonaro, nuevo y esperpéntico presidente de Brasil, ha dado rienda suelta a los madereros para que la Amazonía, el pulmón más grande de la tierra, sirva como recurso de riqueza a las grandes empresas. Pero el indio no calla, no asume su invisibilidad, porque es la raíz, aquél que estaba antes de que curas y militares blancos invadieran sus tierras. Hoy también es quien cuida de los campos, quien siembra y recoge el maíz, quien canta a la naturaleza y a sus dioses.

OTOÑO EN LLAMAS

Y, entonces, todo explotó. En el mes de septiembre, el Gobierno ecuatoriano decide subir los precios de los carburantes, ante la falta de liquidez para pagar el crédito que pidió al Fondo Monetario Internacional. De la noche a la mañana, los precios de lo básico para la vida - pan, carburante y vivienda- se alzaron por encima de lo que un pobre indígena puede pagar. Gritaron, pelearon y algunos dejaron la vida en ello, pero, al fin, el Gobierno echó marcha atrás después de comprobar que no cejarían en su lucha.

El indio volvió a tocar entonces sus tambores de pelo, las zampoñas andinas y sus flautas de abuelo. Los cantos medicinales se repetían sin cesar, del bosque a la montaña y del cerro a la selva. La música iba a propagar la resistencia, parapeto al progreso que define al hombre blanco.

Pero la llama seguía encendida y prendió en Chile unas semanas después. Otro recorte, otra vuelta de tuerca que ponía al indígena y a la población más indefensa al borde del cataclismo. De nuevo las revueltas, los muertos, la segregación del pobre y del indio. Curiosamente, las canciones de Víctor Jara volvieron a cantarse, los palos de lluvia giraban cual molinos al viento y las quenas andinas viajaron con un mensaje claro y firme: el indio no se dejaría aniquilar.

EN LAS CUMBRES DEL TITIKAKA

Viajando por los Andes unos meses atrás, llegué al lago Titikaka, lugar sagrado para las comunidades indígenas. En las montañas bolivianas que rodean el lago, viven los indios Queros, quienes tocan sus enormes flautas-zampoñas. Esta comunidad indígena ha estado aislada durante siglos y dicen estar ahora mostrando sus conocimientos ancestrales. Vaticinan, por ejemplo, que la tierra está evolucionando, pero que, si no evolucionamos con ella, la tierra prescindirá de nosotros.

Bolivia, uno de los países con más demografía indígena de América del Sur, consiguió poner como presidente a un indito pequeño y con fama de buena gente al frente de su país. Evo Morales duró dos mandatos y al tercero, al que se presentó y ganó de nuevo en el mes de noviembre, tuvo que salir huyendo al ser amenazado por el ejército. De nuevo, el indio se lanza a las calles para luchar por su dignidad y sus derechos. Después de semanas de represión, el ejército, alentado por el Presidente de Estados Unidos, se está haciendo con el poder.

Como una mecha que va corriendo por toda Sudamérica, la caza al indígena avanza inexorablemente. Colombia es hoy el que ocupa las primeras páginas de los periódicos: las tropas militares salen a las calles para sofocar las protestas de indígenas, estudiantes y trabajadores. De nuevo, las paupérrimas condiciones de vida de los sectores más desfavorecidos sirven de unión para que distintos sectores sociales exijan sus derechos y su lugar en la sociedad civil.

Sí amig@s, los sabios de la tierra no están de moda, por ello me gustaría acabar esta diatriba con unas hermosas palabras de Omar La Rosa, amigo y constructor de algunos instrumentos que he incorporado a la familia ritual:

La música andina recorre los cantos de una pentafonía,

que acogida por la expresión colectiva

sostienen los recuerdos de su gente.

Sus ejecutantes caminan las montañas tocando sus flautas

siempre en grupo.

En esos momentos lo individual se pierde en la confraternidad comunal y

cobra fuerza el círculo de hermandad.

Chema Pascual 

Viaje de Sonido: Un baño de Mantras

241 ILUS RITUALwCada mantra está compuesto por sílabas que en algún lugar y en algún momento fueron regalados al ser humano para ayudarlo a su transformación individual. Su significado es etéreo, pero su poder, inconmensurable. En el acto de repetirlo una y otra vez, gira la consciencia en una doble espiral: hacia dentro y hacia el cosmos. Palabras venidas de lugares lejanos que por no ser nuestras, las incorporamos como ideas sin nombre al espíritu hambriento de verdad que viaja con nosotros. Un mantra, palabra que no habla con el consciente sino con el anhelo de ser tan natural, como la vida misma.

Quizás el mantra y por extensión el rezo, sea el primer baño sonoro que se inventó. Cuando de pequeño visitaba a mis tíos del pueblo, recuerdo las tardes alrededor de una mesa camilla con brasero de carbón y la radio encendida. Esto significaba estar tres rosarios de avemarías y doce padrenuestros, calladitos y sin liarla. Mi abuela Piedad y mi tía Bene eran las que guiaban la salmodia, mientras que mi hermana y yo nos dedicábamos a darnos patadas…. pero sin liarla. Sin embargo, al rato nos solíamos tumbar en la gloria – suelo calentado con leña fina – y muchas veces caíamos en un sueño bendito de paz.

Sí, aquel recuerdo me acerca a Tíbet y a sus monasterios de alta montaña, a India y las escalinatas del Ganges, a Myanmar y sus templos de madera. Lugares donde se sabe que la realidad que tenemos delante está escondida tras una mente que no se detiene nunca. Decía Claudio Naranjo que andamos con un velo que nos impide ver la realidad que tenemos delante, porque la vemos a través de los pensamientos, no de la mirada espontánea y limpia del corazón.

INSTRUMENTOS SAGRADOS

Además del mantra u oraciones repetitivas, existen una serie de instrumentos sonoros que tienen el poder de frenar el discurso continuo de la mente. Ya hemos hablado aquí de ellos en otras ocasiones: cuencos, gongs, didgeridoos y un larguísimo etc. que seguimos descubriendo cada día.

Desde este pequeño altavoz literario, me gustaría animar a personas que estén especialmente atraídas por el sonido, a utilizar estos instrumentos para de alguna forma, ayudar a otros a ser más felices calmando su mente. Para ello no es necesario tener una gran colección de instrumentos. Si hacemos un set de pocos elementos, pero con elegidos contrastes, los resultados pueden ser estupendos.

Para ello bastarían dos o tres cuencos tibetanos para relajar la mente con sus hipnóticos armónicos; algún sonido de la naturaleza como un palo de lluvia, tambor oceánico o tambor tormenta. Cualquiera de ellos o una combinación de todos, serviría para desconectarnos del escenario creado por el hombre y acercarnos a la madre tierra. Un Gong, que no tiene por qué ser especialmente grande, atravesará la mente del viajero con sus innumerables armónicos, dejando que su mente flote en un espacio- tiempo interno. Un didgeridoo requiere una técnica que no todo el mundo posee, pero sus resultados son inmediatos: te clava en la tierra, petrifica el tiempo, vuelves a la cueva donde pintaste aquel bisonte.

SECUENCIA DEL VIAJE

La sensación que tenemos que causar en el viajero es de total relajación y paz interior. Para ello, todo el viaje ha de desarrollarse sin altibajos, como un baile de sonidos que se van intercambiando sin rupturas, con sutiles cambios para que la mente no se amolde a un sonido y se escape de nuevo al pensamiento. Quede claro que quien toca no viaja, no se deja llevar por el sonido, está atento a las bajadas y subidas, los cambios sutiles de volumen, a dejar respirar los armónicos.

El oyente viaja a ser posible tumbado, dejando que el cuerpo pese y el espíritu flote. Por ello tendremos cuidado de no introducir patrones rítmicos o palabras con sentido. Quiero decir que se puede incluir un tambor, pero sólo si somos muy habilidosos; mejor si extraemos de él sonidos, no ritmos. También se puede cantar, pero las palabras se agarran a la mente y es mejor hacerlo usando sólo la voz. El canto armónico es desde luego muy recomendable.

Abrir nuestro corazón… ¿cómo? Bueno, yo usaría una flauta nativa o una kalimba, ambas afinadas en escalas pentatónicas. La dulzura de estos instrumentos nos da esa apertura a compartir, a fluir con otr@s. Te recuerdo que los instrumentos pentatónicos te permiten improvisar con facilidad. El broche final lo pondrá algún sonido que nos devuelva a un despertar tranquilo y amoroso. Los carrillones Shanti Bell (campana de Paz) y Koshys, son unos novedosos instrumentos que poseen un sonido acuático, fino y sutil, que nos devuelve al ser de una forma apacible y sin estridencias. El fin del viaje es volver con otra mirada, con más fluido en el interior y la piel más permeable a la convivencia. En otras palabras: somos corazón. 

Chema Pascual 

Las silbadoras andinas

236 CHEMAEl avión dando vueltas sobre la ciudad de Cuzco una y otra vez. La tierra cada vez más cerca —no en vano sus picos se elevan a 3.400 mts—. Los montes terrosos, áridos, de colores ocres, el epicentro de la Pachamama, la capital inca. Cuzco es una ciudad a medio hacer, como son tantas en ese mundo que llaman en desarrollo, y que no es otra cosa que vivir con el agua al cuello, día a día, levantando otro piso de ladrillo visto sin orden, sin acabado, sin permiso, sin miedo.

Después de veinte años viajando ininterrumpidamente por Asia, echaba de menos un cambio, un entenderme con personas muy diferentes en un mismo idioma con el fin de acercarme y compartir un pasado. Me río también, porque en aquel remoto tiempo de conquistas y luchas, España dejó una huella de saqueo, de imposición cultural y religiosa que como mínimo, hace de los españoles un pueblo al que tratan con respeto, pero con distancia.

En los viajes de aventura —así me sigue gustando llamar al éxodo en solitario— llevo siempre un gancho que me hace interactuar con mis congéneres de forma que no se me vea como un turista al uso. Yo también lo hago, pero me guía la búsqueda de instrumentos sagrados o ancestrales, lo cual me permite relacionarme con más naturalidad.

Así que a la vuelta de Machu Picchu —lugar lindo, de gran detalle arquitectónico e indexado en un paraje que corta la respiración— me quedé por pueblos donde el pueblo Inca había tenido una impronta muy importante. Allí encontré a Luthiers cuyo trabajo consistía en reconstruir objetos sonoros encontrados en yacimientos arqueológicos prehispánicos. Inserto aquí una sensación que me llevó a pensar que, gran parte del esfuerzo identitario de crear un pasado como nación ajena al imperio ocupante —llámese España, Portugal o Inglaterra— llevó a potenciar la búsqueda de un pasado autóctono e intransferible, ajeno a conquistas y ocupaciones. Así que lo prehispánico por esos lares, es un valor en alza.

EL SONIDO DE LOS CUATRO ELEMENTOS

Han oído hablar ustedes de las Vasijas Silbadoras? Se trata de unas piezas de cerámica que consta de dos cuerpos con forma de animal-dios que se han encontrado en enterramientos de las regiones andinas de Perú y Ecuador fundamentalmente. Se elaboran con un trabajo artesanal muy delicado: dos vasijas de cerámica que se comunican por un conducto que, al ser rellenado con agua una de las partes y moviendo la vasija hacia el otro lado, produce un silbido muy dulce que suele estar relacionado con el animal-dios que representa.

Curiosamente este instrumento sonoro está físicamente construido con los cuatro elementos de la naturaleza: el Agua que danza en su interior, el Aire que se escapa en forma de silbido, la Tierra como materia prima y el Fuego, elemento que finalmente fijará su forma. Compendio que otorga a las vasijas silbadoras una particularidad energética que la aúna con las mitologías antiguas.

LAS MANOS QUE FORMAN EL SONIDO

Estaba tan imbuido por este misterioso instrumento que visité lo museos arqueológicos de Cuzco, Puno y Arequipa. En ellos encontré unos acercamientos impresionantes con nuestras silbadoras. Piezas que jugaban con dos o más cámaras y que daban pie a creer que su finalidad no era sólo decorativa, sino también sonora y sobre todo, trascendental.

Me interné en la zona del valle sagrado no muy lejos de Cuzco, donde conocí a uno de los pioneros en el estudio, clasificación y réplicas de este desconocido instrumento. Alfredo Najarro había colaborado con el Museo Arqueológico de Lima para estudiar y clasificar una gran colección de instrumentos que estaban abandonados en sus sótanos. Alfredo ya era músico y alfarero, así que pudo replicarlos para estudiar su significado y, sobre todo, su sonido.

Corría el año 83 cuando Alfredo se desplaza a Lima y comienza la investigación respaldado por los responsables del museo. Sobre sus conclusiones me comentó lo siguiente. “Evidentemente estos instrumentos estuvieron mucho tiempo considerados como meras vasijas decorativas, donde simplemente se dibujaba la cosmología de sus culturas. Pero nosotros, al ver las vasijas comunicantes, resolvimos que eran instrumentos sonoros. Nos dimos cuentas que cambiaba la sonoridad debido a la reducción sonora de la cámara acústica del instrumento y, al comenzar a replicarlas, obtuvimos diferentes sonidos. Hay que recordar que durante mucho tiempo, instrumentos prehispánicos como pitos, caracolas y cuernos, habían sido prohibidos por la religión católica, por lo que estas vasijas habían caído en el olvido totalmente”.

Gracias a la labor de personas como Alfredo en Perú, y otros músicos y artesanos de la cordillera andina, llegan a nosotros ahora este especial instrumento que, con su leve silbido, parecen querer unir lo físico con lo intuitivo, hemisferios de dos cabezas que han de pensar al fin como un todo, como una unidad que nos comunica con el otro.

Chema Pascual 

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