Buscar

CHEMA PASCUAL

CHEMA PASCUALINSTRUMENTOS PARA EL ALMA
Su vida ha girado alrededor de la música y los viajes. Crítico musical, creador de programas radiofónicos y estudioso de los sonidos místicos. En 1995 funda Ritual Sound, cuya filosofía es viajar a las diversas culturas del mundo y recoger los Instrumentos Sonoros que usan para conectar con Deidades, ancestros o formas de poder, y en último caso, para adentrarse en uno mismo.

www

¡GRITO!

245 ILUS RITUALEl volcán es un efecto que la tierra utiliza para dejar escapar la presión sobrante, desde el interior del magma del que está formado nuestro planeta. La tensión que soportan las distintas placas en sus choques y movimientos internos hace que la tierra necesite de herramientas para sofocar la sobrecarga. Entonces todo explota, el volcán libera la lucha encarnizada que batalla por resolver el problema y, piedra a piedra, roca a roca, se disuelve gracias al rozamiento y al calor generado en las tripas de la montaña. Después, vuelve el silencio.

Parece que ese ciclo continuo que tiene el universo a la hora de expresarse recorre el camino que va desde el cuasi silencio, hasta el ensordecedor ruido que se produce cuando explota una estrella. ¿Cuándo explota una estrella? Sí, en ese estallido viaja el polvo de estrellas, es decir, los elementos químicos necesarios que forman la vida. Y lo hacen empujados por los neutrinos, una especie de motores que lanza las moléculas hasta planetas lejanos como la tierra, regando de vida sus extensiones yermas. Sí, el grito de una estrella nos dio la vida. Quizás por ello, el primer sonido que emite un humano al nacer es…. ¡Gritar!

El grito es un sonido fundamental de sapiens. Gritamos socorro para pedir ayuda, gritamos vivan los novios para celebrar el amor, gritamos justicia cuando salimos de manifestación. Y hoy, grito en silencio porque no puedo salir de la cueva, porque ahí fuera hay seres microscópicos que quieren acabar con mis pulmones. Grito porque conozco gente que muere, gente que trabaja en hospitales y residencias de abuelitos. Sí, grito en medio de un silencio… ensordecedor.

LOS INDIOS NATIVOS Y SU POWWOW

Quizás uno de los pueblos que más se han caracterizado por usar el grito como elemento de lucha y, a la vez, de conciliación, ha sido el indio nativo norteamericano. Conocemos su historia de una forma muy sesgada, pues las películas no les han hecho un grato favor. Pero sí, es cierto que usaban el grito en sus incursiones guerreras para sumar el miedo y el desconcierto al enemigo con alaridos y japapeos.

Es interesante la preparación que hace el guerrero antes de enfrentarse a los peligros. Tambores y maracas insuflan rítmicamente de valor a los espíritus danzantes antes de la batalla. Observar los golpes de sus pies a la tierra, parecen querer comunicarse en clave de morse con ella.

 DANZA DE GUERRA SIUX 1894 

El powwow, el gran tambor de los indios pueblo, se tañe tradicionalmente en la celebración de la primavera y significa el que sueña. Los hombres golpean rítmicamente el tambor, mientras sus gritos en falsete dan vida a la floración que llega con la lluvia. El círculo alrededor del tambor protege a la tribu, esencia de la unión y la vida. Antiguamente, cada vestimenta que se usaba en el baile servía para celebrar una parte específica de la naturaleza.

Pincha aquí para ver visionado – canción solista de powwow

Pincha aquí para ver visionado – canción en grupo de powwow

 

GRITA EL ESCLAVO / EL PRIMER GOSPEL

En el siglo XVIII se han encontrado huellas del primer góspel, cantos espirituales del bajo Misisipi. Un músico de jazz de Menphis, llamado Robert Palmer, reunió, en un interesante libro llamado DEEP BLUES, testimonios de una práctica espiritual que se hacía con gritos. Se llamaban los Ringg shoultles, círculo de gritos.

Allá por el año 1840, se documentaron estas reuniones musicales, donde los esclavos negros de las plantaciones se apiñaban en círculos cantando y gritando alabanzas cristianas. Los temas se componían de pregunta del solista y respuesta del coro, siguiendo un complejo contra ritmo con palmas y zapateos.

El grito era común durante la esclavitud y siguió siendo popular hasta bien entrado el siglo XX. Fue sin duda un medio de liberación emocional y física que les hizo aguantar la dura vida de esclavos que llevaban. De hecho, las letras de los círculos del grito hablaban, cómo no, de escapar de su injusto presente. De esta forma tan peculiar se abrió la puerta a la música góspel y, tras ella, el blues y jazz.

Pincha aquí para escuchar audio.  

EL GRITO BALINÉS / EXORCISMO

De las 12.012 islas que se compone Indonesia sólo una ha seguido la religión hindú como fuente espiritual: Bali. El resto son musulmanas -la mayoría- y alguna, animista.
El balinés ha adaptado los rituales a su cultura y, tanto la danza como la música, son muy diferentes de India, su madre espiritual.

La lectura que hacen del Ramaiana y el Mahabaratha, libros sagrados del hinduismo, es muy particular, al mezclarlos con rituales antiguos de la isla, más coloristas y musicales.
De la infinidad de ceremonias que realizan está el Kenchak, una danza que conmemora al dios mono: Anhuman. La mayoría de las veces, los danzantes son sólo hombres, si bien he sido testigo de ver ceremonias también con mujeres. Los componentes pueden llegar al centenar y, mientras danzan de medio cuerpo para arriba, realizan un extraño coro de gritos que recuerdan al chillido del mono.

El kechak tiene sus raíces en una danza de exorcismo llamada shanhyang. Con los gritos, el hombre se defiende de las deidades malignas que intentan asustarlo y dominarlo.

Pinchar aquí para visionar vídeo/ Secuencia de la película Baraka.

Chema Pascual 

The Sound of Silence

244 CHEMAPor primera vez vivimos una experiencia global de confinamiento y aislacionismo por prescripción médica. Desde hace unas semanas, hemos de refugiarnos en nuestra madriguera hasta nuevo aviso, vivir entre cuatro paredes, salir – sólo - a comprar el pan, pasear al perro, ir al médico, no hablar con nadie, no ver a nadie, estar aislado y no sentirse solo. Viajar sólo cuando dormimos. Trabajar en casa, ordenar la casa, limpiar la casa, bricolaje en casa, cocinar y hornear, experimentar con nuevas salsas, recetas, postres y conservas en-la-ta-das.

Y Madrid, excepto hospitales y centros de atención primaria, se ha parado. Alrededor, todo es silencio. Y el silencio, como huella colateral de un virus, grita para hacerse oír. Y hay que escucharlo. Los que vivimos aquí, sabemos que es un bien preciado que echamos generalmente de menos. Por ello, si conseguimos en un futuro tener nuestra buena ración de silencio diaria, nuestra mente lo agradecerá.

Así que dedicamos estas páginas virtuales a la antítesis de nuestro viaje musical. No hablaremos pues de instrumentos, ni ritmos ni melodías hipnóticas. Hoy nos dejaremos atrapar por las garras del silencio. Con él viajaremos desde su creación, al principio de los tiempos, hasta este micro espacio gobernado por la nada.

OMMMMM

Según la cultura sagrada hindú, el despertar del mundo correspondió a Brahma, Dios creador. Nosotros lo llamamos Big Bang, pero en esa explosión, materia y energía se fueron expandiendo – y aún lo siguen haciendo – hasta conformar lo que hoy vemos a nuestro alrededor. Y lo hicieron, según la tradición hindú, a partir de la vibración o sonido primordial, Om.

Los shivaitas lo llevaron aún más lejos, pues según esta tradición, fue el tambor de Shiva el creador del sonido Om. De él dicen, salieron las siete notas de la octava musical india: sa, re, ga, ma, pa, dha, ni. Así que, aunque nos guste la palabra silencio, la verdad es que no está presente en la naturaleza, ni siquiera en los espacios infinitos del universo. El silencio como espejismo, como ese rumor que Simon & Garfunkel titularon acertadamente: The sound of silence.

SILENCIO EN EL ESCENARIO

Pero continuando con las metáforas, ¿cómo sonaría el silencio? En 1952, el gran músico vanguardista JOHN CAGE, llevó a cabo un experimento musical en Nueva York que iba a revolucionar los cimientos de la música, filosóficamente hablando. Estaba programado un concierto para piano en tres movimientos llamado 4,33”. En el escenario, un piano, una silla y un reloj. Cage saluda, se sienta frente al piano, abre el teclado e inicia el cronómetro. Mira a la concurrida sala. Cuatro minutos y treinta y tres segundos después, cierra la tapa del piano, recoge la partitura y sale del escenario. ¿Concierto?

En su obra, John Cage enmarca 4 minutos, 33 segundos, como el tiempo dentro de la vida cotidiana que se convierte en arte. Cage no pretende que escuchemos el silencio, el cual ya sabe que no existe. Lo que pretende es que escuchemos los sonidos que la vida nos entrega en ese determinado lugar, en ese determinado tiempo. Vida y arte se funden.

SILENCIO EN LAS CALLES

Para los que vivimos en una gran ciudad como Madrid, tenemos ahora la gran oportunidad de escuchar el silencio del sonido. Calles que siempre bullen en un atropellado ruido y que contaminan nuestra paz, son hoy manantiales de silencio y tranquilidad. Deberíamos recordar estos momentos para pedir a nuestros gobernantes que hagan todo lo posible, para que el tráfico no sea el ruido protagonista de nuestra vida cotidiana.

Pero Madrid, como el resto de este país, rompe el silencio a golpe de corazón. Sabe manifestar generosa y sonoramente, su agradecimiento a los profesionales de la sanidad que se están dejando la piel en la batalla que estamos librando. Y lo hacen de forma sencilla, con los aplausos de las 8 de la tarde. Con dos manos, chocando una y otra vez y uno y otro día. Con dos manos repartiendo solidaridad, cariño, ánimo y gratitud.

Después vuelve el silencio. Momento para meditar, para tocar cuencos tibetanos, gongs, armonios…. Tiempo para atrapar el momento silencioso que estamos viviendo, y lanzarlo con nuestro quehacer sonoro para dar gracias, para lanzar el más tierno amor de nuestro corazón a las personas que sufren. El sonido de los instrumentos sagrados llega lejos, y con él, viaja nuestro corazón.

¡Salud!

Chema Pascual 

Céfiros del pasado

243 CHEMAHe situado un micrófono virtual a una altura considerable: ¡65.000 años atrás! Con él estoy buscando las primeras huellas del sonido que el hombre ha usado para comunicarse con la naturaleza, sus dioses y diosas, y sus propios congéneres. Los resultados aún son difusos, pues los humanos se desperdigaron desde África, a toda Europa y Asia, lo cual no facilita su localización. Sigamos pues las huellas de su acción devocional a través de su larga historia.

Sabemos que la primera flauta de hueso se encontró en la cueva de Hohle Fels, cerca de Ulm, en Alemania, junto con otros instrumentos, con una datación de 36.000 años. Sabemos también que en la cueva de Isturits —País Vasco francés— hay también un hueso de ave agujereado en escala pentatónica, datado en 32.000 años atrás. Momentos interesantes de la Prehistoria del hombre que darían pie al arte musical. ¿Arte? ¿Intento de comunicación con lo intangible, lo cuántico, la fuente de partida?

Pero nuestro micrófono busca huellas aún más antiguas. ¿Dónde están esos primeros humanos que utilizaban instrumentos fáciles de construir? Hablamos principalmente de conchas y caracolas, de cuernos y astas, de silbatos y arcos de boca. Sencillos útiles que la naturaleza regalaba al sapiens para que éste, horadando previamente la carcasa y vibrando después los labios, experimentara el sonido de la llamada, del aviso de su presencia en este mundo. ¿Hay alguien ahí?

SHIVA NATARAJA

La primera vez que escuché una caracola o shnakar, fue en Hampi, un valle sagrado de India central. Allí, en uno de los enclaves de peregrinaje más antiguos del mundo, donde habitan más de 350 templos, los shadus o yoguis, soplan la caracola anunciando su presencia y su devoción a Shiva, su mentor. Entre los atributos que esta deidad luce en su representación como Natarja no falta la Shankar o concha, que con su soplido restablece el orden cósmico. Nuestro micrófono se dirige ahora hacia Indonesia, concretamente a la isla Célebes, donde un grupo de científicos acaba de encontrar pinturas rupestres de una antigüedad que quita el hipo: 44.000 años. Nada menos que el doble de tiempo que el arte rupestre descubierto en Europa, con una antigüedad de 21.000 años. El Sapiens que en los orígenes de su camino evolutivo quiere comunicarse, expresarse, escalar el muro de lo desconocido a través de su arte, sus creencias, su sonido.

CUERNAS DEL VIEJO ORIENTE

En los valles de Sapa, al norte de Vietnam, nuestro micrófono capta una escena en la que aparezco yo saboreando un excelente té, en una terraza con vistas al valle. De pronto aparece una procesión funeraria de la etnia hmong. En unas primitivas parihuelas, trasladan a hombros a un difunto, mientras que detrás caminan sus familiares y amigos. Y lo hacen cantando, tocando pequeños gongs y resoplando cuernos de búfalo de agua. Cuando miro con detalle estas piezas de arte, veo que están ricamente decoradas con animales mitológicos que, junto a su sonido ululante, guiarán el espíritu a una eternidad que emana de sus creencias.

En esa misma región de Sapa, habita la tribu de los Tay que, con sus trajes de azul índigo, caminan rápidamente entre rocosas montañas. Allí me encuentro con unas mujeres que quieren venderme una especie de tubitos de bambú, que guardan a su vez, unas láminas de metal que tañen entre sus labios. Así descubro las Dan Mois, unas extrañas, pero a la vez, sencillísimas arpas de boca. Un instrumento que, con una combinación de movimientos de lengua y respiración rítmica, ha poblado todos los continentes por los que el sapiens se ha desarrollado.

LAS TROMPAS TIBETANAS - RAG DHONG

El Tíbet es una región sumamente aislada, que ha quedado escondida entre las elevadas cumbres del Himalaya, hasta casi principios del siglo XX. En sus vertiginosos valles, el micrófono virtual capta un sonido cavernoso, como llegado de las profundidades de la tierra. Al acercarse a la cima de la montaña, aparecen los sonidos de dos monjes budistas soplando las Rag Dhong. Son las Trompas tibetanas que, en pareja y a modo de telescopio, se enfundan unas partes dentro de otras para conseguir una longitud de 6 u 8 metros cada una. Con una técnica de labios compleja, extraen de los instrumentos uno de los sonidos más graves y cavernosos que nunca he oído. Lo hacen para saludar y recibir a los grandes maestros cuando se acercan a uno de sus monasterios. El micrófono virtual vuelve cargado de sonidos. Realidades de este mundo donde se muestra el largo camino que, desde todas partes y épocas, el ser humano se ha acercado a lo inmutable.

Chema Pascual 

COLABORADORES Revista Verdemente