DANIEL GABARRÓ

DANIEL GABARRO FOTOREFLEXIONES PARA EL DESPERTAR
Imparte formaciones para empresas, administraciones y organizaciones que quieren adaptarse al nuevo paradigma: los viejos tiempos no volverán y es imprescindible abrirse a la nueva realidad que ahora se está imponiendo. También cursos para personas interesadas en su crecimiento personal y despertar espiritual, en la línea de Antonio Blay y Anthony de Mello. Profesionalmente es empresario, escritor, conferenciante, formador, diplomado en dirección y organización de empresas, maestro, psicopedagogo, licenciado en humanidades, diplomado en dirección y organización de empresas, experto en PNL y exprofesor de la Universitat Ramon Llull y de la Universitat de Lleida.

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Este año no pidas deseos

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Un 2019 para ser feliz con lo que ya tienes
Cierra los ojos y pide un deseo.
Es algo relativamente sencillo, casi mágico, ¿verdad?
Desde pequeños, tenemos la sensación de que solo con hacer este gesto nuestra vida será más fácil, más cómoda, más feliz. Más y más. Pero cuando abrimos los ojos, la realidad continúa siendo la misma y nuestra insatisfacción un poquito más grande. 

EL ENGAÑO DEL ESPEJO

Tal y como relata el cuento de los hermanos Grimm, la madrastra de Blancanieves solía preguntar a su espejo día tras día: “Espejo espejito mágico, dime una cosa, ¿qué mujer de este reino es la más hermosa?”. El espejo, fielmente respondía: “Usted, majestad, es la mujer más hermosa de este reino y de todos los demás.”
La malvada madrastra de Blancanieves se aferraba a una imagen en la cual ella era la más bella del reino. ¿Por qué? Porque asociaba la felicidad a la belleza física. Eso la convertía en esclava de su propio pensamiento.
Algo parecido nos ocurre a nosotros en la vida real.
Creemos, erróneamente, que cuando lleguemos a tener o ser algo concreto, seremos felices. Y por eso, año tras año, pedimos deseos que nos acerquen un poquito más a este ideal.
Pero lo único que conseguimos es auto-engañamos. 

NUESTROS IDEALES

Absurdamente, pensamos que cuando seamos perfectos toda nuestra vida será maravillosa. Pero eso solo hace que nos forjemos un ideal y luchemos para alcanzarlo, en lugar de disfrutar de lo que sí tenemos.
Si no, pregúntate por un momento. ¿Cuántas veces has pensado: “me gustaría ser más alto/a”; “me gustaría ser más inteligente”, “me gustaría ser una persona más social” “me gustaría tener ese puesto de trabajo”…?
¿Por qué? Porque creemos que al conseguirlo todo irá bien.
A esta pieza la podríamos llamar "ego-ideal" pues nos empuja tras un ideal que promete la felicidad en un futuro próximo.
¡Atención! Tener sueños es maravilloso, lo terrible del "ego-ideal" es que nos hace creer que necesitamos llegar a ser de una forma determinada porque ahora, todavía, "no somos". Y claro, esa necesidad nos hace infelices en el momento presente, pero también si no llegamos a la estación final de destino.
Lo adecuado sería tener sueños pero sin tener la necesidad de que se cumplan para ser felices. Ya tenemos lo necesario para ser felices: aquí y ahora.

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El mejor regalo eres tú

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Cómo vivir la Navidad desde lo esencial
Ana mira el reloj. Son las 08.59 h. Solo queda un minuto para que la tienda abra y ella es la primera de la fila. Ha hecho cola durante un par de horas, pero esta vez sí, podrá comprarle a su hijo el último móvil del mercado. Todo sea por ver su cara de alegría al abrir el regalo.
Durante los últimos meses no ha podido estar mucho con él. El trabajo, las obligaciones, una separación repentina…Pero está convencida que el móvil podrá compensar todo eso. 

¿QUÉ OCULTAN MUCHOS REGALOS?

La Navidad actual se basa en una idea errónea que nos hace sufrir: cuántos más regalos recibamos, mejor. Y, si son caros, mejor que mejor.
Si nos fijamos, los niños y niñas han aprendido esta idea desde bien pequeños y reclaman a sus padres una lista interminable de juguetes. Muchos de los cuáles terminarán dentro del armario el resto del año.
¿Por qué? Porque la sociedad nos ha hecho creer que cuánto más tengamos, más ricos seremos. Y eso nos lleva, inevitablemente, a acumular muchas cosas aunque no las usemos para nada.
Pero creer en eso nos hace infelices. Mientras sigamos aferrados a esta creencia, compraremos compulsivamente cosas para nosotros/as mismos/as y para los demás, creyendo que eso nos hace ricos.
No obstante, la verdadera riqueza se encuentra en otro sitio bien distinto. 

EL SENTIDO DE LA NAVIDAD

El propósito de la Navidad no es el intercambio de regalos materiales.

La Navidad nos recuerda la oportunidad que tenemos de volver a nacer. Es un período en el cuál podemos dejar caer todo aquello que creemos que somos (el ego-idea) y todo aquello que nos gustaría ser (el ego-ideal), para focalizarnos en lo que verdaderamente somos.
Porque, en realidad, lo que somos es puro amor, pura comprensión y pura energía. No somos ni el cuerpo, ni las ideas, ni los prejuicios… somos algo más que todo eso.
Cuando entendemos esta idea y somos capaces de aceptarla, nos damos cuenta que nuestra presencia es el mejor regalo que podemos dar a los demás.
¿Y qué implica nuestra presencia? La conciencia de lo que somos, la renuncia de la queja y de la culpa, la decisión de dar nuestro máximo, la voluntad de amar a los demás al margen de los sentimientos que nos despierten y la aceptación de todo lo que ocurre como parte de nuestro crecimiento.
Este es, si lugar a duda, el mejor regalo que nos podemos hacer a nosotros/as mismos/as y a los demás.

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Tu destino está escrito. Como transformar las dificultades en gozo

 

225 ILUS DANIELEl destino está escrito. Tu destino está escrito. Mi destino está escrito. No sé exactamente cómo ni cuándo, pero lo que nos va a ocurrir ya está previsto y, por lo tanto, es prácticamente inevitable.
¡Atención! Prácticamente, porque sí podemos transformarlo y mejorarlo desde el conocimiento. Ahí reside la importancia de saber cómo hacerlo, según el nivel de conciencia de cada uno.

UN DESTINO PARA CADA NIVEL DE SABIDURÍA

 

Creo que existe una ley universal que, según nuestra ignorancia, producirá una serie de efectos negativos en nuestra vida y, consecuentemente, un destino u otro. En otras palabras, todo aquello que desconocemos tenderá a escribir nuestras dificultades.
Para verificarlo, imagínate el siguiente ejemplo: no sé conducir, pero acabo de comprarme un coche. Si no tengo el carné e ignoro las normas de tráfico, pero me atrevo a conducir un vehículo, ¿qué destino me espera?
Seguramente, tener muchos problemas con las normas de circulación: atropellaré a alguien, chocaré, me multarán... quizás no suceda hoy, ni mañana. Pero seguro que sucederá más de una vez mientras siga ignorando cómo conducir. Por lo tanto, el nivel de sabiduría que tenga lleva implícito mi destino.
A mayor sabiduría me corresponderá un destino con menor sufrimiento (pues sabré manejar mejor muchas situaciones) y, a menor sabiduría, me corresponderá una vida con mayor sufrimiento. Mi tarea, pues, es abordar lo que no sé para dominarlo y que mi vida se llene de gozo haga lo que haga. 

LAS DOS MALETAS DE LA VIDA

 

 

Pero, para poder dominar lo que no sé y que mi vida se llene de gozo, antes tengo que identificar cuál es mi punto de partida.
En mi opinión, todas las personas cuando nacemos llevamos dos maletas.
En una maleta, hay las cosas que sabemos hacer y que, por eso mismo, nos satisfacen. Todas las personas llevan en esta maleta su vocación. Hay niños, por ejemplo, que desde pequeños tienen muchas habilidades sociales; mientras que otros son más introvertidos, pero son muy buenos en matemáticas o en lo que sea. Cada uno tiene unas habilidades distintas pero igual de importantes. Aunque algunas personas tienen más habilidades que otras en esta maleta, el tamaño de la maleta no es el mismo para todo el mundo.
Por otro lado, cuando nacemos también llevamos la maleta del Destino o de las dificultades. En esta maleta se encuentran las cosas que ignoramos y que nos cuesta hacer y que, por lo tanto, escriben nuestro destino. Cuando abordamos y superamos estas cosas es cuando verdaderamente crecemos. Seguramente, llegará un punto en qué la maleta del Destino será tan pequeña que ya nada nos hará sufrir. Pero mientras eso no ocurra, deberemos trabajar aquellos aspectos donde somos menos habilidosos. Por lo tanto, la función de la maleta del Destino es que nos concentremos en ella porque, gracias a eso, crecemos y conseguiremos que la maleta de la Vocación aumente. Si tuvieras que escoger una única maleta a trabajar, te sugeriría que escogieses esta: es la que más te ayudará a crecer.
Pero, en general, en nuestras vidas podemos combinar ambas: la de misión, para gozar e incrementar nuestra energía, y la del destino para ir reduciendo las cosas que no dominamos e ir convirtiendo toda la realidad en un espacio de gozo.

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