DANIEL GABARRÓ

DANIEL GABARRO FOTOREFLEXIONES PARA EL DESPERTAR
Imparte formaciones para empresas, administraciones y organizaciones que quieren adaptarse al nuevo paradigma: los viejos tiempos no volverán y es imprescindible abrirse a la nueva realidad que ahora se está imponiendo. También cursos para personas interesadas en su crecimiento personal y despertar espiritual, en la línea de Antonio Blay y Anthony de Mello. Profesionalmente es empresario, escritor, conferenciante, formador, diplomado en dirección y organización de empresas, maestro, psicopedagogo, licenciado en humanidades, diplomado en dirección y organización de empresas, experto en PNL y exprofesor de la Universitat Ramon Llull y de la Universitat de Lleida.

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La felicidad, ¿una moda impuesta?

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Vivimos en una sociedad donde está mal visto no estar alegre y sonriendo todo el tiempo. Se cree, erróneamente, que si no sonreímos no somos felices… ¡y además se nos culpa de ello! ¡Menudo error!

LA FELICIDAD COMO OBJETO

Esta idea de equiparar la alegría a la felicidad juega en contra del verdadero autoconocimiento. Por lo tanto, juega en contra de nosotros y nosotras mismas.

El hecho de buscar la felicidad como un objeto externo: alegría, sentimientos positivos, risa, sonrisa... es lo que nos aleja de ella. Muchas personas utilizan la búsqueda de esos frutos como excusa para no investigar el momento presente y, por ello, viven en una carrera hacia un futuro ideal que no tiene final. Curioso, ¿verdad? Aquellos que dicen buscar son, precisamente, los que menos acaban encontrando. Pero la felicidad no se encuentra en ningún sitio externo.

La risa, las emociones, los sentimientos o la sonrisa son, en el fondo, formas de mostrarme, es decir, algo externo a mi esencia. Y nada externo puede darme la felicidad. La felicidad la soy. Pero la búsqueda en lo externo me aleja de lo que soy. En realidad, la felicidad tampoco depende de las circunstancias externas que vivamos, sino de la respuesta interna que demos a aquello que estamos viviendo.

Cierto que algunas circunstancias son más difíciles que otras, pero el verdadero abismo no está en lo que nos ocurre, sino en cómo respondemos ante ello. Por ejemplo, aunque cuando estamos enfermos/as es más difícil ser feliz, es posible serlo. Si esto no fuera así, si fuese imprescindible tener buena salud para ser felices, ninguna persona enferma podría ser feliz. ¡Y las hay! En todo caso, creo que el problema de la felicidad está en confundir sus diferentes niveles y llamar felicidad a lo que son otras cosas. No confundamos felicidad con salud, no confundamos felicidad con chistes, no confundamos felicidad con placer...

FELICIDAD: LAS CONFUSIONES HABITUALES

Dicho esto, debemos descubrir cuáles son los errores o confusiones habituales. Así no llamaremos “felicidad” a lo que no lo es. Así sabremos dónde estamos y cómo dirigirnos hacia adelante, dejando de lado los errores y presiones sociales. Las personas tenemos diferentes niveles. A cada nivel le corresponde un cierto grado de armonía que puede confundirse con la felicidad: ¡estemos al caso! Existe un primer nivel, que es físico y que se relaciona con el cuerpo. Cuando no tenemos ninguna dolencia decimos que tenemos un cierto bienestar físico. Naturalmente, el bienestar físico es importante y resulta más fácil subir por los siguientes niveles que nos conectan con la felicidad si tenemos un cuerpo que no duela. Pero el dolor o la enfermedad no es un obstáculo insalvable para conquistar el Ser, la Felicidad en un nivel superior. Pero remarco: la ausencia de enfermedad o dolor no es felicidad, sino bienestar físico.

En un segundo lugar, encontramos un nivel mental o sentimental. Quiero remarcar algo que muy a menudo se olvida: los sentimientos se viven en el espacio psíquico, mental y no en el físico. En este sentido, los sentimientos son “mentales”. Es más, los sentimientos son fruto de lo que pensamos: si pienso que estoy en peligro sentiré miedo, si pienso que me van a premiar, me pondré contento. Los sentimientos no solo se producen en el ámbito mental o psíquico, sino que también son fruto de nuestros juicios mentales. Por ello son sentimentales. Cuando lo sentimental está equilibrado y dominamos lo bastante nuestra mente como para poder mantenernos mentalmente en calma, todavía no hay felicidad como tal, sino un ‘bienestar psíquico’. Cuando estamos equilibrados en este nivel vivimos una alegría natural y, a la vez, una sensación de energía y fuerza. Pero eso no es, todavía, lo que yo defino como felicidad, sino “bienestar psíquico”.

En tercer y último lugar, llegamos al nivel espiritual. ¿A qué me refiero con “espiritual”? Pues a descubrir quién Soy en Esencia. Porque cuando yo descubro mi Esencia, la felicidad es el resultado natural e inevitable. No se trata de bienestar físico, ni de bienestar psíquico, sino de Ser aquí y ahora más allá de toda categoría, de toda clasificación, de toda adjetivación. En este nivel, empezamos a descubrir que lo importante es la Vida en mí, la Presencia o Aliento Vital que me habita y que Es. Y ese descubrirse como Ser es pura felicidad. Ahí sí está la verdadera felicidad y no en los niveles previos. No nos confundamos: no vayamos hacia la felicidad, puesto que ya la somos. La felicidad es nuestro origen y es nuestro destino. Más allá de cualquier forma y adjetivación. Pero para vivirla hay que dejar de confundirnos con lo que no somos: ni cuerpo, ni ideas, ni sentimientos...

LA FELICIDAD COMO CONSECUENCIA

Cuando Yo sea, la felicidad aparecerá como consecuencia... ¡porque ya la soy aunque mi ignorancia me impida darme cuenta! Te animo a vivir tu silencio interior para descubrir la Esencia que eres. En www.danielgabarro.com/verdemente encontrarás una conocida meditación de Antonio Blay que te ayuda a irte acercando a esa profunda identidad y felicidad. No dudes en bajarte el audio, te será muy útil.

15 ideas para dejar de sufrir

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Cuánto más sabes, más paz interior tienes
Muchas ideas que hemos creído desde pequeños son falsas y, por ello, nos confunden y nos llenan de sufrimiento. Para disfrutar de la vida, debemos dejarlas caer y sustituirlas por información de sabiduría que nos haga más sabios y felices. Solo así, experimentaremos cambios reales en nuestro día a día.
Como suele decirse: si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. En este caso: no pienses siempre lo mismo. ¿Te atreves?
REEDUCAR LA MENTE
Antes de explicar estas quince ideas, me gustaría recordarte algo.
La mente es muy poderosa. Mientras siga poblada de ideas erróneas, estas dirigirán nuestra vida y, consecuentemente, lo único que obtendremos será sufrimiento. Por ello, reeducar la mente es clave.
Para vivir en plenitud, solo necesitamos tres cosas: en primer lugar, información de sabiduría; en segundo lugar, saber manejar la energía para poder acceder a la información; y, por último, práctica.
Desde el momento en que estás leyendo este artículo, es porque decides buscar información para mejorar tu vida. ¡Fantástico! Te invito a seguir leyendo y a verificar punto por punto. Sabrás que estás en el camino adecuado cuando tengas más paz interior y más armonía externa.
15 IDEAS PARA VERIFICAR
1. Lo que pienses marcará lo que vivas y cómo lo vivas. No son los sentimientos aquello que marcan lo que vivimos, sino lo que pensamos. Lo que pensamos produce unos sentimientos y estos nos llevan a actuar en una dirección u otra. Centrarnos en cambiar los sentimientos es inútil: lo que debemos cambiar son las creencias (ideas) que los generan.
2. Solo tú puedes pensar por ti. Somos responsables de lo que pensamos. Consecuentemente: tú eres responsable de tus sentimientos. Tú eres responsable de la respuesta que das a la vida. No culpes a otros de lo que tú estás pensando.
3. Por consiguiente, las circunstancias externas no son las que te hacen feliz o desgraciado/a. Lo que te hace feliz o desgraciado es lo que piensas sobre las circunstancias.

4. Las dificultades no existen: existe nuestra falta de conocimiento, de habilidad. Las "dificultades" que vivimos son la oportunidad para aprender lo que todavía no sabemos.. ¡y así desaparecerán pues se convertirán con cosas fáciles, que ya dominamos! Aprendiendo lo que ignoramos, nos volveremos más sabios.

5. El mal, la maldad, no existe. Todas las personas actuamos pensando que lo que hacemos tiene justificación. También cuando actuamos rompiendo las normas y las leyes. Creer en el mal, nos lleva a huir, atacar o castigar. La consecuencia es hacernos correspondiente de una vida llena de violencia.
6. La injusticia no existe, lo que sí existe es el fruto de la ignorancia. Las personas actúan conforme a su nivel de ignorancia. Cuanta más sabiduría, menos dolor generan. Pero no es injusticia: es la acción correspondiente a su falta de sabiduría. Si creemos en la injusticia nos convertiremos en vengadores justicieros y nos corresponderá vivir en un mundo de venganza y dolor.
7. Por lo tanto, el culpable no existe. La culpa no existe, sino que es el fruto de la ignorancia. Si creemos en la culpa y los/las culpables nos maltrataremos o acusaremos a los demás y les desearemos mal... ¡y ese odio estará dentro de nosotros y nos dolerá!
8. A nivel profundo, nadie te beneficia, nadie te perjudica y nadie te hace daño. Es una consecuencia de lo anterior.
9. A nivel profundo, tú no perjudicas a nadie, no haces daño a nadie, no beneficias a nadie. Es otra consecuencia de lo anterior.
10. Los defectos no existen, solo las cualidades. No se puede ser "tonto": se tendrá menos inteligencia que otra persona, pero solo existe la inteligencia en mayor o menor grado. No se puede ser "antipático": existe la simpatía en mayor o menor grado. Y así sucesivamente. Es decir, tenemos virtudes poco desarrolladas, pero no defectos. Si luchamos contra los defectos en lugar de hacer crecer las virtudes nunca los superaremos: es como luchar contra la oscuridad en lugar de encender la luz.
11. Todos nuestros problemas psicológicos provienen de un desarrollo insuficiente de nuestras cualidades. Centrémonos en hacer crecer nuestras cualidades/virtudes, por ello el trabajo de reequilibrio de los centros es clave.
12. Vemos el mundo como somos, no como es. Solo podemos ver lo que tenemos dentro. Toda percepción es una proyección. Sin reequilibrar los centros vivimos deformando la realidad y, al deformarla, nunca podremos captar la profundidad de ninguna enseñanza profunda... ¡la deformaremos!
13. Ayudar significa hacer algo por alguien que no puede hacerlo por sí mismo. En caso contrario es interferencia y falsa bondad: no permitimos aprender a la otra persona.
14. No somos dueños de nadie. No somos dueños de nada, solamente compartimos partes de nuestra vida con otras personas y administramos los bienes a los que tenemos acceso. No son “nuestros”.
15. El otro no es responsable de lo que nosotros sintamos. Por lo tanto, no tenemos derecho a exteriorizar todo lo que sentimos, pues no siempre es adecuado. No nos relacionemos compartiendo emociones y sentimientos agresivos (se incrementa el malestar y se estropean las relaciones), relacionémonos desde los sentimientos y las emociones positivas y, sobre todo, relacionémonos desde el amor (el deseo de buscar tu bien y el bien de los demás, al margen de lo que sientas).
PERO HAY ALGUNAS MÁS….
Si este tema te interesa, te animo a descargarte gratuitamente el PDF del libro “21 creencias que nos hacen sufrir”. En él encontrarás información para verificar que te ayudará a reeducar tu mente. También puedes comprarlo en papel en cualquier librería.
Lo encontrarás en: www.danielgabarro.com/verdemente

 

 

Este año no pidas deseos

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Un 2019 para ser feliz con lo que ya tienes
Cierra los ojos y pide un deseo.
Es algo relativamente sencillo, casi mágico, ¿verdad?
Desde pequeños, tenemos la sensación de que solo con hacer este gesto nuestra vida será más fácil, más cómoda, más feliz. Más y más. Pero cuando abrimos los ojos, la realidad continúa siendo la misma y nuestra insatisfacción un poquito más grande. 

EL ENGAÑO DEL ESPEJO

Tal y como relata el cuento de los hermanos Grimm, la madrastra de Blancanieves solía preguntar a su espejo día tras día: “Espejo espejito mágico, dime una cosa, ¿qué mujer de este reino es la más hermosa?”. El espejo, fielmente respondía: “Usted, majestad, es la mujer más hermosa de este reino y de todos los demás.”
La malvada madrastra de Blancanieves se aferraba a una imagen en la cual ella era la más bella del reino. ¿Por qué? Porque asociaba la felicidad a la belleza física. Eso la convertía en esclava de su propio pensamiento.
Algo parecido nos ocurre a nosotros en la vida real.
Creemos, erróneamente, que cuando lleguemos a tener o ser algo concreto, seremos felices. Y por eso, año tras año, pedimos deseos que nos acerquen un poquito más a este ideal.
Pero lo único que conseguimos es auto-engañamos. 

NUESTROS IDEALES

Absurdamente, pensamos que cuando seamos perfectos toda nuestra vida será maravillosa. Pero eso solo hace que nos forjemos un ideal y luchemos para alcanzarlo, en lugar de disfrutar de lo que sí tenemos.
Si no, pregúntate por un momento. ¿Cuántas veces has pensado: “me gustaría ser más alto/a”; “me gustaría ser más inteligente”, “me gustaría ser una persona más social” “me gustaría tener ese puesto de trabajo”…?
¿Por qué? Porque creemos que al conseguirlo todo irá bien.
A esta pieza la podríamos llamar "ego-ideal" pues nos empuja tras un ideal que promete la felicidad en un futuro próximo.
¡Atención! Tener sueños es maravilloso, lo terrible del "ego-ideal" es que nos hace creer que necesitamos llegar a ser de una forma determinada porque ahora, todavía, "no somos". Y claro, esa necesidad nos hace infelices en el momento presente, pero también si no llegamos a la estación final de destino.
Lo adecuado sería tener sueños pero sin tener la necesidad de que se cumplan para ser felices. Ya tenemos lo necesario para ser felices: aquí y ahora.

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