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Desmontando creencias. Primero la obligación y luego la devoción

195 DANIELVoy en metro, es un lunes por la mañana, el silencio es patente. Las caras son largas, la gente va seria, preocupada, incluso algunos van tristes. En la gran mayoría de rostros se nota la marca del estrés del trabajo. Sí, es un lunes. Y sin embargo, el mundo no lo nota. Todas las fábricas, todas las tiendas funcionarán, diremos que todo va bien. No seremos felices, pero todas las tiendas abrirán a la hora prometida. Porque primero es la obligación y luego es la devoción.

La creencia detrás de esta idea
¿Qué ideas hay detrás de la creencia que analizaremos en esta edición? Básicamente hay cuatro grandes ideas erróneas.

Idea 1. Que trabajar es un castigo, es decir que "ser útil", aportar riqueza a este mundo, mejorarlo,  ayudar es un castigo. Que trabajar laboralmente equivale a ser expulsados del paraíso (ganarás el pan con el sudor de tu frente). O sea que si trabajas tienes mala suerte, pero... Si no trabajas aún la tienes peor.

Idea 2. Que te toque el trabajo que te toque hay que aguantarse, los trabajos no se cambian. La vida no está hecha para divertirse, sino para ir a trabajar y cumplir con nuestra maldita obligación. Como el trabajo es una condena y hay que apechugar con ella.

Idea 3. Lo anterior está unido a una tercera idea que reza: hay que seguir las normas. Si todo el mundo lo hace, es que es verdad. Si a todo el mundo le pasa, es que es normal. Hay que seguir al rebaño, para esto no hay solución.

Idea 4. La cuarta idea detrás del refran nos convence de que ahora lo estamos pasando mal, pero cuando nos jubilemos podremos ser felices. ¡Solo son estos cuarenta primeros años!  Aunque esta frase nos la hemos creído para el mundo laboral, lo normal es que la apliquemos a todo. Nos podemos desgraciar los primeros cuarenta años laborales como así también el ocio, la pareja, las relaciones personales, porque todo lo viviremos como una obligación, como un trabajo... pero algún día seremos recompensados. No ahora. Algún día.

Pero la verdad es...
Lo cierto es que debes AMAR la vida y el trabajo que tienes si quieres ser feliz. Y eso es posible.

Amar tu vida -la que te ha tocado vivir- porque gracias a ella tú eres. Y amar el trabajo que tienes ahora (abriéndote al cambio si no es tu preferido) porque gracias a él tú mejoras el mundo. Y no significa que te tiene que gustar el trabajo. Sino que tienes que amar lo que haces, que es muy distinto. A casi nadie le gusta trabajar bajo tierra, a casi nadie le gusta estar en una silla de ruedas. Pero yo puedo amar la vida que tengo porque es la única que tengo. Y a partir de que la amo, la vida se transfoma.

Sí hay solución cuando existen normas que todos siguen: tú puedes llevar la contraria a lo que los demás hacen. En verdad, tú eres responsable de tu vida y no puedes culpar a otros ni quejarte ni justificar que como los demás aguantan, tambien tú tienes que aguantar. Si aguantas es porque quieres, y puedes llevar la contraria. Tu vida no está escrita, tu cuerpo no es destino, tu adn tampoco, tu familia tampoco. Tú escogerás como quieras vivir tu vida, pero debes estar dispuesto a pagar el precio de la libertad. La libertad tiene un precio, pero la esclavitud es mucho más cara.
Otra cosa: si ahora no somos felices no sabremos ser felices en "otros ahora" distintos, siempre es un ahora. O yo aprendo a ser feliz ahora o no sabré ser feliz nunca.

Cuando me descubro y me expreso, me doy cuenta de que el hecho de expresarme es en sí mismo un placer. Y me doy cuenta de que ese descubrirme y expresarme puede hacerse de dos formas: con un ocio pasivo o con uno activo. Al ocio activo lo llamamos "vida laboral" o trabajo, y es en realidad un paraíso si le pongo amor y conciencia, pero es un infierno si espero que el exterior me dé ese mismo amor y esa misma conciencia porque ¡no pueden dármelo!. Cuando yo me descubro y me expreso aportando riqueza al mundo de forma conciente y amorosa, mi trabajo es un paraíso. Estaré buscando el máximo bienestar para mí y para los demás. Lo haré pensando en cómo lo que estoy haciendo mejora el mundo.

Lo que sí es obligación
La única obligación es llegar a vivir feliz: ese es el propósito de la vida. Nunca hay que olvidar que cualquier cosa que nos aleje de eso nos está alejando de nuestra verdadera obligación: que hemos venido a vivir una vida feliz.

Por lo tanto, en términos de devoción y obligación, la felicidad es algo a lo que se llega necesariamente por el autoconocimiento; no podemos pretender que tengamos que aprender a conducir, a leer, a contar, a andar, a hablar, etc. y sin embargo el ser feliz no sea también un aprendizaje. Lo es, y es mi única obligación. Una gozosa obligación que puede aprenderse. ¿Pero nos hemos planteado, seriamente, hacerlo?

¿Y el trabajo laboral entonces?
Cuando yo me descubro y me expreso me doy cuenta de que mi expresión es una forma de completar la creación. Es muy necesario remarcar que la creación no es algo que se hizo hace millones de años, sino que se hace ahora mismo, cada día, a través nuestro, a través de la obra de arte que es nuestra vida, y una parte de ello implica enriquecer el mundo gozosamente: eso es el trabajo. Porque cuando yo me conozco y actúo desde el fondo, cuando yo me amo y actúo desde el fondo, florezco. Y al florecer lo que ocurre es que también el trabajo laboral es un espacio de autorealización. No tenemos dos vidas. Una sagrada en la que hacemos yoga, meditación, reiki... Y otra vida profana, en la que decimos "maldita sea, vamos a trabajar..." ¡No! El yoga es también trabajo, el trabajo también es nuestro reiki... Por lo tanto, cuando yo supero la mentalidad del esclavo me doy cuenta de que mi aportación al mundo me hace libre, esa aportación me lleva a ser feliz. Luego, la devoción ha superado a la obligación. La devoción ha ocupado el lugar de la obligación.

Hazte devoto de ti
Esa es la única obligación que tienes. Pensar en ti para hacerte feliz, para cuidarte, besarte, amarte, para ayudarte a florecer en un mundo que espera que tú florezcas. Porque si no floreces el mundo está incompleto.

Cuando decíamos que la creación no se hizo hace millones de años sino que se se hace con nuestra manos aquí y ahora, nos referíamos a esto. Si yo me cuido me construyo, me descubro, me expreso. Si no lo hago, el mundo literalmente quedará incompleto porque faltará lo que yo debo aportar.

La verificación
Te proponemos cuatro pasos de verificación:

1.- Pregúntate qué es lo que quieres para tu vida, si obligaciones o devociones, esclavitud o felicidad. La respuesta parece obvia.

2.- Después de habértelo preguntado, date cuenta de que si, hagas lo que hagas, lo vives como si te obligasen, todo en tu vida se detiene, nada fluye, te sientes mal, tu vida carece de sentido. Eso lo puedes verificar. Deja de maldecir los lunes, el trabajo, tus obligaciones y pasa al siguiente punto.

3.- Verifica que cuando amas lo que haces todo se transforma, todo fluye. Verifica que cuando juegas a tu favor, cuando te cuidas, cuando pones tu felicidad, tu devoción, por delante de tu obligación, cuando ves tu felicidad como una obligación, todo va bien, la felicidad te embarga, la vida tiene sentido. ¡Ponlo en práctica! No te limites a haberlo leido en esta revista.

4.- Hazte el juramento de no traicionarte, de no fallarte nunca. De proponerte la devoción como una obligación y de llegar a amar lo que haces y a quien eres, porque es lo único que tienes en tu vida. Hazlo y verifica el resultado.

 

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