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Una mirada al tema del Grial

179 SEBASTIAN

Posiblemente sea el tema del Grial uno sobre los que más tinta se ha vertido desde el medievo especialmente en determinados círculos vinculados con el esoterismo occidental. Tenemos desde la más común teoría que afirma que fue el cáliz de la última cena y que contuvo la sangre de Cristo, hasta la de que es un objeto de poder. Sabemos sin embargo que el tema del Grial no es difundido por Europa hasta el medievo. Con casi total certeza podemos deducir su origen islámico y su posterior difusión en Europa por los cruzados tal y como dejó sentado el formidable trabajo de Pierre Ponsoye en su obra El Islam y el Grial. Sobre su poder metafísico, que según algunos buscaron estúpidamente los nazis persiguiendo un quimérico objeto físico, nunca ha quedado claro a qué poder se refiere.
Por ese motivo, me permito proponer otra mirada en este caso vinculada a la transmisión oral del antiguo Egipto y que se relaciona también con ciertas enseñanzas del sufismo, lo cual, reafirma su origen islámico reconvertido a mito cristiano.
En el antiguo Egipto consideraban que el ser humano estaba constituido por “nueve cuerpos de luz” y uno de ellos era el llamado ib siendo su jeroglífico una pequeña jarrita.
Este jarrito es fácil verlo en papiros del Libro de los muertos como el Papiro Ani o el Hunefer que muestran la psicostasia o la pesada del corazón. Así, vemos al ib en uno de los platos de la balanza, y en el otro a la sutil pluma de maat, un concepto que significa, entre otras cosas, verdad, orden, equilibrio y justicia. Si el corazón era ligero, el difunto habría pasado la prueba y podría acceder a los campos de Ialu y alcanzar la eternidad.
Si el corazón era pesado, sería engullido por una fea bestia que posteriormente lo defecaría en la tierra. Este juicio fue luego tomado por los cristianos y adaptado a sus propias creencias.
Como decimos esta pequeña jarrita representaba el corazón. Si a la humilde jarrita egipcia la sustituimos por un más vistoso cáliz-Grial nos da como resultado que dicho Grial es el corazón que cada Viviente porta en su pecho y que, naturalmente, está vinculado a la sangre.

Obviamente, visto así, una víscera por más importante que sea parece que le quita mucho misterio y romanticismo al tema. Sobre todo después de que aquellos escritores medievales nos legaran los textos del Grial con todo su componente caballeresco, poético y místico además cargado de un abigarrado simbolismo muy propio de la época.
Sin embargo, en ciertas corrientes iniciáticas que parten del antiguo Egipto, el modesto ib, o sea, el corazón verdadero, era la “puerta” que daba acceso a eso (podemos llamarlo Ser, Dios, lo que Es, lo Real…) Y había una metodología para trabajar con él.
La primera es que había que encontrarlo. Esto parece sencillo pero no lo es. Un acceso a lo que es una mera víscera es un error (el corazón físico era llamado haty). Un acceso desde el romanticismo y la fantasía también lo es. En este punto conviene recordar que los egipcios llamaban al amor mer y que su jeroglífico es un pequeño arado de mano. Esto se debe a que para ellos el amor era, sobre todo, un trabajo que debía dar fruto-no solo físico-y tampoco, al igual que el corazón, lo consideraban algo abstracto. Es decir, ib es algo real y viviente. Un buscador debe por tanto entender qué es el corazón y la clave de la respuesta está en su función.

179 SEBASTIAN2Una vez encontrado el corazón debía ser vaciado. Dicho de un modo hermoso debía “ser vaciado de todo lo que no fuese el recuerdo de Dios”.
Después de ese vaciado llegaba el momento de la purificación. De la limpieza, de convertirlo en un espejo “en el que Dios pueda mirarse”. Estas dos etapas, bien conocidas por los que han recorrido y recorren la Vía, son difíciles de explicar de modo sucinto y escapan al contenido de este modesto artículo, sin embargo, baste decir que la mayoría de prácticas en vías reales, centran su actividad en estas tareas.
Por fin debía ser alineado con la Fuente y solo entonces era llenado por la Gracia.
Dicho esto, hay que entender que este proceso, lejos de ser simbólico es real.
Hoy como ayer sabemos que la iluminación, por poner un ejemplo, es un hecho orgánico que se produce en ciertas células del cerebro que en un momento determinado producen luz y de ahí su nombre de iluminación. No es algo abstracto ni únicamente metafísico. Es desde lo físico como se convierte en metafísico.

Debemos agradecer a Chrétien de Troyes o a Wolfram Von Esenbach que crearan de su imaginación narraciones tan hermosas con personajes o lugares como Perceval, los caballeros de la Mesa Redonda, el Rey Arturo, el castillo del Grial, etcétera. Pero es bien sabido que en aquellas épocas la fantasía formaba parte de cualquier relato, y que estos portaban una serie de claves más allá de que además fueran bellas leyendas fáciles de ser transmitidas. Pero como dice El Corán “Dios está más cerca de ti que tu propia yugular”, así que tal vez el Grial esté también muy cerca de nosotros, en nuestro pecho, y no ni en castillos remotos ni cuevas perdidas. Y ya los egipcios lo sabían.

 

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