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Yoga y Liberación

177 SIMONQuizás hayas escuchado o leído alguna vez el término moksha. Es la palabra sánscrita que se utiliza para referirse a la “liberación”. ¿Pero qué es exactamente esto de la liberación? ¿De qué se supone que tenemos que liberarnos?

Una de las definiciones que aparecen en el diccionario acerca de la palabra “liberación” es “poner en libertad”. En buena parte de la tradición india, ese poner en libertad consiste más bien en descubrir que eres libre.

La idea de libertad no tiene aquí nada que ver con hacer “lo que me de la gana”, ni si quiera con la posibilidad de elegir, sino con un estado de perfección, de plenitud, que más que un estado es  nuestra esencia más íntima, aquella esencia de la vida de la cual se dice “la vida no muere”.

Son muchas las tradiciones que en la India persiguen algo así como la “liberación” y distintas escuelas difieren a la hora de vincular o desvincular esa libertad absoluta con la vida diaria en la que se observa: cambio, enfermedad, envejecimiento, muerte... En este artículo vamos a referirnos, sobre todo, a la idea de liberación expuesta  en los Yoga sutras de Patañjali, el recopilador y gran representante del yoga clásico.

Sólo hace falta poner cinco minutos las noticias, o entrar en el metro a las nueve de la mañana y ver caras de preocupación, para que a uno se le pueda pasar por la cabeza que hay mucho sufrimiento en este mundo.
Sin embargo, parece que esto del sufrimiento ya viene de antiguo y filósofos, sabios y místicos han planteado distintas formas de acabar con el sufrimiento. Para ellos la liberación tiene que ver con liberarse del sufrimiento y sus causas. Es decir, no se conformaban con eliminar los síntomas, como muchos de los medicamentos que se anuncian, sino que lo que buscaban era eliminar de raíz  aquello que originaba la enfermedad.

El yoga es tanto un camino como un fin de la liberación.

En el segundo aforismo en el que Patañjali habla de la tradición del yoga define este yoga como “cese de las fluctuaciones mentales” (yogash citta vrtti nirodhah, Yoga Sutras, I.2) y uno puede preguntarse ¿qué tendrán que ver los pensamientos (fluctuaciones mentales) con el sufrimiento?
Pues bien, en el yoga clásico se nos invita a cesar los pensamientos porque “cuando uno consigue que los pensamientos cesen se establece en su verdadera naturaleza” “de lo contrario, se identifica con ellos” (Yoga sutras, I. 3-4). Y aquí está el meollo de la cuestión, en la identificación de nosotros mismos con los pensamientos.
Nos confundimos y creemos ser aquello que no somos. Creemos ser aquello que sentimos, aquello que hacemos, aquello que nos ocurre, nuestro cuerpo (gordo, flaco, sano, enfermo, lindo o feo...), aquello que pensamos (noble, mezquino, absurdo, inteligente...) y este es el gran error que nos encadena al sufrimiento. Si cuando me siento enfadada, me identifico completamente con el sentimiento de enfado, esto me tiene que infligir sufrimiento y más todavía si sigo alimentando mentalmente ese enfado en el tiempo. Cambiamos fácilmente del “yo siento enfado” al “yo soy una persona enfadada. “Yo soy el enfado”. Si en cambio podemos descubrir algo en nosotros que ve ese enfado, que ve como “algo en mi se siente muy enfadado” ya no estamos limitando nuestra persona al enfado, sino que reconocemos algo mayor en nosotros que puede ver ese enfado. Ese testigo último de todo pensamiento, emoción, objeto, circunstancia... es lo que en la tradición del yoga recibe el nombre de purusha. Según esta tradición, existe una Consciencia (purusha) ante la presencia de la cual toda la naturaleza (prakriti) cobra sentido.

Conseguir que cesen los pensamientos es importante porque así tenemos la posibilidad de dejar de identificarnos con ellos y descubrir que en última instancia nosotros somos esa Consciencia que nunca muere. Esto es lo que nos libera del sufrimiento.

Entonces ¿dejar de pensar es lo que nos libera del sufrimiento? No exactamente. Lo que nos libera del sufrimiento es poder desidentificarnos de los pensamientos. Los pensamientos son útiles para desenvolvernos en el día a día, pero se convierten en una atadura cuando todo nuestro ser se ve reducido a esos pensamientos.

El yoga se presenta como un medio para conseguir distinguir la Consciencia absoluta (purusha) de la naturaleza cambiante (prakriti) y ese Conocimiento es liberador porque la causa raíz, la causa primordial de todo sufrimiento es la errónea identificación del sujeto, et testigo último,  con el objeto: “la causa de lo que hay que superar [el sufrimiento] es el vínculo entre el sujeto [testigo último, Consciencia absoluta] y el objeto [todo lo demás] […] Con la desaparición de esta ignorancia, el vínculo también desaparece. Este es el cese total, el aislamiento total [la liberación, la unidad absoluta] del testigo último” (Yoga sutras, II. 17, 25).

En última instancia nunca hay liberación, porque la Consciencia ya siempre fue libre y se trataba sólo de un error creer que no lo era y que teníamos que liberarnos.
Si en algo coinciden varias tradiciones es en señalar que tú ya eres libre y que sólo hace falta que te des cuenta de ello. Que renuncies y abandones todas esas identificaciones que te limitan para vivir Eso que ya eres.

Te invito a que reflexiones acerca de lo que es para ti la libertad. No lo que te han dicho o lo que has leído acerca de la libertad, sino qué necesitas tú para sentirte completamente libre de sufrimiento: ¿te sirve una felicidad pasajera?, ¿objetos que te darán una felicidad efímera?, ¿la felicidad depende de ti o de algo externo a ti?, ¿es siempre algo que se consigue más adelante?, ¿puedes observar lo que sientes, quién o qué es el que observa? Aprovecha cada sentimiento y cada pensamiento (que pueden ser millones), para verlos, observarlos y observar, si aparecen, los juicios que les vinculas. Aunque sentarse a meditar puede ser de gran ayuda, no esperes a poderte sentar para hacerlo. Observa lo que sientes, aunque sea un minuto, en cualquier situación en la que te encuentres, sea agradable o desagradable. Y  tal vez puedas decirte algo así como “mmm... veo que hay en mi un sentimiento de...” y acogerlo con cariño.

 

Tagged under: Luciana Rago

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