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Nuestra esencia es una con todo

181 MONTSESIMON

El advaita vedanta (vedanta no-dualista) es una de las escuelas filosóficas que mayor repercusión ha tenido en la espiritualidad hindú y su difusión en occidente. Su mensaje principal es que la liberación del sufrimiento sólo puede venir de la comprensión-vivencia de la realidad última esencial que subyace a las múltiples formas, nombres y sucesos que experimentamos en nuestro día a día. Esa esencia última sería algo parecido a lo que en el ámbito científico se llama energía y de la cual se dice que la energía no se crea ni se destruye, se transforma, aunque el advaita consideraría que lo que se transforma son el nombre y la forma que toma la energía pero no la Energía en sí misma, que siempre es Energía.
El advaita vedanta habla de un principio que no puede ser alcanzado por la razón o el intelecto. Aquello que está más allá del alcance de nuestros sentidos pero gracias a lo cual nuestros sentidos funcionan. Aquello que está más allá del alcance de nuestro lenguaje pero gracias a lo cual podemos comunicarnos. Como dice la Kena Upanishad, uno de los textos de la tradición: “aquello que no puede ser expresado por el habla, pero a través de lo cual el habla se expresa. Has de saber que eso es brahman y no lo que se venera aquí”.
A ese principio último y universal que subyace y rige todo sin verse en esencia modificado lo llaman brahman. Es la esencia última de todo el universo. No puede verse, tocarse, expresarse, es inasible e ilimitado y por tanto no puede ser definido. Brahman es la identidad esencial de todo el universo y de lo que pudiera estar más allá de él. En ese sentido le podemos llamar “yo” universal, libre de atributos y limitaciones. Entendido el “yo” como expresión de la Conciencia, que en realidad es inexpresable.
Esa misma Conciencia que llamamos brahman, recibe el nombre de ätman cuando nos referimos al individuo. El advaita vedanta nos dice, que en último término la esencia del universo (brahman) es exactamente una y la misma con nuestra esencia (ätman). Dicho de otro modo, en esencia estamos hechos de la misma pasta, lo único que cambia es el formato.

Igual que alguien que conoce la arcilla conoce todo lo que está hecho de arcilla, sea un jarrón, una vasija, un adorno, etc., del mismo modo el sabio que se conoce a sí mismo (ätman significa precisamente uno mismo), lo conoce todo porque todo es en esencia Aquello que llamamos Consciencia. El universo y cada uno de los seres que lo habitan están hechos de la misma pasta, son en esencia lo mismo, llámenle si lo prefieren energía.
El sufrimiento emerge de la identificación con los nombres y las formas, con las limitaciones de nuestro “yo”- personalidad, el rechazo de lo que hay, el apego o el rechazo a nuestra identidad construida (ego) y la de nuestros semejantes. Para el advaita vedanta sólo hay posibilidad de liberarse del sufrimiento cuando se comprende que no somos ese yo limitado y sufriente que creemos ser (afortunado, desgraciado, bueno, malo, etc.) sino que en esencia somos uno con todo el universo y esa esencia última es pura dicha.
El sufrimiento sólo puede cesar cuando comprendemos su falsedad. Aquello por lo que sufrimos son sólo los nombres y las formas que por error creemos ser la realidad última de todo y con los que nos identificamos. Con esto no quiero decir que uno siempre vaya a estar con una sonrisa de oreja a oreja, sino que el sabio sabe que distintos pensamientos y emociones van y vienen pero su esencia permanece inmutable. El sabio no se identifica con los pensamientos, las emociones, el cuerpo, etc. sino que se identifica con la esencia infinita de todo ello y esa esencia es Ser-Conciencia y Dicha.
Es esta esencia la que os empuja a pensar, a sentir, a amar... y sufrimos buscándola  fuera sin darnos cuenta de que está en cada uno de nosotros, lo cual implica también a esa persona que “detesto”. Dice un precioso texto de la tradición védica:

En verdad, no es por amor al esposo que el esposo es querido sino que es por amor al ätman (si mismo) que el esposo es querido. No es por amor a la esposa que la esposa es querida sino que es  por amor al ätman que la esposa es querida (…) No es por amor a las criaturas que las criaturas son queridas sino que es  por amor  al ätman que las criaturas son queridas. Es el ätman lo que uno debería escuchar y ver y en lo que uno debería reflexionar y concentrarse, oh Maitreyi. Cuando el ätman es visto y oído y cuando uno ha reflexionado y se ha concentrado en el ätman (si mismo) entonces todo cuanto existe se vuelve conocido.
Brihadaranyaka Upanishad

Buscamos la felicidad, la dicha absoluta, cuando en realidad ya somos eso. Eso, esa esencia última que habita en todos los seres, es la Conciencia que ve a través del ojo, que oye a través del oído, etc. Lo que buscamos constantemente es que el otro nos de lo que ya somos. Nos emparejamos con alguien y le pedimos a esa persona que nos haga felices sin comprender que la felicidad es nuestra naturaleza esencial, sin comprender que en última instancia el otro no es otro sino yo mismo (si mismo, ätman). Lo que amamos del otro  y de cualquier cosa en este mundo es nuestra esencia, lo que Somos, lo que hay de común en nosotros y no lo diferente. Pero nos creemos amar lo particular, lo diferente e incluso nos esforzamos por ser “diferentes” por “marcar la diferencia”, ser especiales, para que nos quieran, sin darnos cuenta que en realidad la grandeza del Amor reside en lo que nos une, en nuestra identidad común más allá o, mejor digamos,  a través  de toda diferencia de nombre y forma.
Te propongo que en los próximos días pares a observarte cuando esperas o quieres algo de alguien: ¿qué ando buscando debajo de eso?, ¿qué es lo que espero de esta persona?, ¿esa persona me puede llenar?, ¿qué me hace pensar que esa persona me puede hacer feliz o infeliz?, ¿qué me aportan o me quitan las cualidades que amo en esa persona?, ¿son esas cualidades las que nos definen en esencia?, ¿quién ama/detesta a quién?...

Tagged under: Luciana Rago

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