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Yoga y Karma

185-MONTSE SIM

En la tradición hidú karma significa acción y también los resultados, el fruto, de la acción. La enseñanza fundamental del karma yoga es que la acción debe realizarse sin esperar ningún resultado. Sin identificarnos con la victoria ni con la derrota. Es hacer lo que hay que hacer, entregando los resultados a la Vida, a Dios, a algo que está más allá de nuestro yo limitado y sufriente.
En esta ocasión, no vamos a centrarnos en el karma yoga propiamente sino en el vínculo entre yoga y karma, según el advaita vedanta. En este contexto la palabra karma se refiere a la relación entre la acción y el fruto de la acción, entre acción y consecuencia. El karma no debe de entenderse como una especie de castigo, sino como una ley natural, propia de este mundo que es ilusorio.
Vayamos por partes. Según el advaita vedanta el mundo es una ilusión, una especie de sueño en el que se proyectan miríadas de formas, colores y nombres, etc. y del cual es posible despertar, igual que se despierta uno de un sueño. Esta ilusión es fruto de un conocimiento erróneo del mundo. Por tanto la forma de “despertar” será a través del conocimiento correcto. En lugar de percibir la esencia, pongamos por ejemplo el oro en un montón de ornamentos distintos: pulseras, collares, pendientes, broches, anillos... percibimos sólo la forma. Como si sólo pudiésemos ver las pulseras, los collares, etc. sin darnos cuenta de que el oro es uno y el mismo en todos ellos. De forma similar, percibimos constantemente las distintas formas y nombres de todo lo que nos rodea y también nosotros nos identificamos con esos nombres y formas ignorando nuestra verdadera esencia y la del mundo, que es una y la misma. Y que la esencia es una y la misma no es algo que hay que creer sin más, sino algo que debemos investigar, en nosotros mismo y en nuestra relación con el entorno.

¿Y qué tiene que ver el karma con todo esto?
Pues bien, cada acción (karma) que llevamos a cabo desde la confusión, identificándonos con lo limitado y finito, con el nombre y la forma, genera unos frutos (karma). Estos frutos pueden desarrollarse a o largo de muchas vidas. Dicho de otro modo, la acción  que parte de la identificación con el yo limitado,  genera semillas de confusión que tarde o temprano tienen que brotar, ya sea en esta misma vida o en otras.
En algún momento de tu vida te puedes haber preguntado “¿qué es todo esto? ¿qué hago aquí en este mundo?”. Pues bien,  para el advaita vedanta la vida que vivimos es el fruto de acciones que llevamos a cabo en otras vidas pasadas y cuyas semillas han brotado dando con fruto nuestra vida. La tradición distingue entre tres tipos de karma (acción – resultado):
1.    el karma acumulado de vidas anteriores
2.    el karma pasado cuyos resultados están teniendo lugar en esta vida presente
3.    el karma que en esta vida estamos generando como semillas que tendrán que desarrollarse en otras vidas.

El karma, igual que el mundo que proyectamos sólo tienen realidad en tanto que nosotros se la otorgamos al identificarnos con lo limitado, con la forma y el nombre. Por eso es importante no identificarse con el hacedor de la acción ni con el que goza o sufre los resultados. El karma sólo se genera desde la confusión y cuando uno conoce su verdadera naturaleza, conoce la de todo lo que le rodea y entonces el karma, igual que un sueño al despertar, se desvanece. El único karma que puede seguir su curso es el karma que ya ha comenzado a desarrollarse en la forma de la vida actual.
El karma, así entendido, no debiera servir nunca para menospreciar o enaltecer la vida de nadie. En más de una ocasión he escuchado a personas que de algún modo se protegían del miedo a la miseria de otros pretendiendo fríamente justificar que si la otra persona lo pasaba mal o había nacido en una situación social difícil, era porque en otra vida algo malo habría hecho y viceversa. Esto sería reducir el karma a una especie de castigo- premio, sospechosamente coincidente con el juicio humano. Tampoco se trata de un destino fatal porque el karma siempre está vinculado a la ignorancia, a nuestra confusa forma de percibir la realidad y por tanto nos podemos liberar de él a través del reconocimiento de nuestra verdadera esencia.

¿Y cuál es la función del yoga en todo esto?
Podemos decir que el advaita vedanta en la actualidad, o lo que se ha llamado neo-vedanta, ve en  el yoga una ayuda para purificar la mente y  quemar parte de nuestro karma acumulado. Purificar la mente y calmar el flujo de pensamientos genera un terreno más favorable para el Conocimiento, que para ellos es la única causa de liberación. La acción, el karma, no puede destruir la ignorancia. Dice el Atmabodha,  un texto de la tradición: “La acción no puede destruir la ignorancia porque no está en conflicto con ella. Del mismo modo que la luz destruye la oscuridad, sólo el Conocimiento destruye la ignorancia”.
Recordemos que este conocimiento se adquiere escuchando las enseñanzas, reflexionando en ellas y meditando. Se trata del Conocimiento de uno mismo y no de ningún tipo de erudición.
El mismo texto que he citado dice más adelante:
El conocimiento que surge de la comprensión de la verdadera naturaleza de la realidad anula la ignorancia, que consiste en las ideas de yo y mío, tal como el sol anula la desorientación.
El yogui dotado de correcto discernimiento ve, mediante el ojo del conocimiento, que en su esencia resida la totalidad, y a la vez que su esencia es uno y todo.”
A lo largo de este mes, te invito a permanecer muy atenta/o a juicios que puedan aparecer en tu mente del tipo “¡qué mala suerte tengo!”, “¡qué desafortunada!”, “¿por qué me tiene que pasar esto a mi?, “yo no merezco esto” y otros juicios parecidos que puedas detectar. También en el sentido contrario “¡qué buena suerte la mía!”, “¡qué afortunada!”, “me lo merecía”, etc. O incluso cuando los pensamientos sean acerca de lo que merecen o no terceras personas. Observa esos pensamientos y pregúntate ¿quién dice esto?. Acompaña con la observación esos pensamientos “¿quién determina lo que es bueno y lo que es malo?” “¿a caso tu opinión acerca de si algo es bueno o malo cambia algo acerca de lo que ocurre o sólo cambia tu percepción?” Mira si puedes abrazar y acoger lo que es tal como es y observar los juicios como lo que son, simples opiniones.

Tagged under: Luciana Rago

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