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El Yoga es una actitud a tiempo completo

187 MONTSE SIMON

Definir qué es exactamente el yoga, como hemos apuntado en alguna otra ocasión, no resulta tarea fácil, ya que la propia tradición de la cual emerge el yoga da a este término matices diferentes. El término procede de la raíz verbal √yuj (pronunciado como yuch), que significa unir bajo el yugo, subyugar. En el ámbito espiritual, esta raíz verbal suele tener el sentido de meditar, de contemplar. Y es en este sentido que utilizo aquí el término yoga.
Hay muchas prácticas de yoga en las que se pasa por alto o se dan por sentadas las bases, que tienen que ver con el autocontrol: el no dañar a otros seres ni a uno mismo, la sinceridad que implica quitarnos las máscaras con todo lo que comporte, el no robar (y bastante hemos visto con un montón de casos de corrupción que no sólo se roba con un pasamontañas), la castidad, que entiendo se puede interpretar en términos de seguir viviendo en la sociedad como un no atarse a los deseos carnales y poder mantener la energía vital concentrada, el no codiciar, es decir, el no acumular y consumir más de lo necesario, la pureza que nos permite sabernos el testigo y no identificarnos con el cuerpo y la mente, el contentarse con lo que adviene, lo cual no significa resignarse sino acoger lo que es tal como es y hacer lo que se tenga que hacer o dejar de hacer desde ese acogimiento, prácticas que nos permitan eliminar impurezas (días de silencio, repetición del japa, determinadas prácticas alimenticias o ayunos, etc.), el estudio de lo que nos han trasmitido los sabios y de lo que cada situación y  cada persona no desvela si de veras queremos aprender y mantenemos una  actitud de autodescubrimiento y finalmente, la devoción, a Dios en todos los seres o si no quieres llamarle Dios, devoción y entrega a la Vida, a cada detalle, en cada instante.
Con esto he numerado lo que en el yoga clásico se conoce como yamas y niyamas, el primero hace referencia a los tipos de control mencionados hasta el no codiciar y el segundo a partir de la pureza.
Este tipo de prácticas de autocontrol no deben tomarse como algo rígido, ni tampoco como una vara de  medida para juzgar a los demás, ya que el contentamiento como el amor todo lo acoge y estos preceptos nos invitan a encaminarnos hacia lo más profundo de nuestro corazón, porque en realidad allí donde pensamos que necesitamos o queremos llegar es lo que ya somos, de modo que lo único que estas prácticas pueden hacer es ayudarnos a discernir y desapegarnos de lo que no conforma nuestra esencia inmutable.

El yoga es una actitud a tiempo completo porque tiene que ver con la ecuanimidad de la mente:

“¡Oh Danañjana(Arjuna)! Realiza las acciones permaneciendo en elyoga, abandonando todo apego y permaneciendo con la mente ecuánime ante el logro y el fracaso. Se llama yoga a la ecuanimidad.” (Bhagavad Gita II, 48)

El yoga no es una actividad que hago durante dos  o tres horas a la semana, ni si quiera al día, sino una actitud de desapego y práctica constante. Y la práctica no se limita a unas posturas de yoga y controles de la respiración, sino que implica una actitud de atención para aplicar todos esos preceptos y otros que nos ayuden a controlar los impulsos de la mente, no desde el forcejeo y la autimposición, sino desde el acompañamiento y el acogimiento del que se reconoce como testigo.

Y creo que es importante insistir en que no se trata de una ecuación matemática en la que si sumo esto más esto me dará este resultado concreto. Eso es lo que querríamos algunos en momentos de la vida en los que nos sentimos perdidos. Querríamos hacernos con unas fórmulas de espiritualidad que aplicadas tal cual nos sirviesen para alcanzar ese ideal de “perfección” que nos hemos marcado desde nuestra ignorancia. Recuerdo la historia narrada por, Swami Abhishiktananda en El sectreo de Arunachala, en la que un reconocido doctor se dirige a un maestro y le pide ver a Dios. El maestro le pregunta cuán intenso es su deseo y el hombre le responde que estaría dispuesto a pagarle un lakh (una cantidad que en la actualidad equivaldría a unos mil trescientos euros). El maestro le pidió al hombre que lo pensara bien y si eso era todo lo que tenía a ofrecer. El doctor paró a echar cuentas de todos sus bienes y le dijo que en realidad todos sus bienes sumaban con unos setenta lakhs. El maestro le respondió seriamente que si tan intenso era su deseo de ver a Dios por qué estaba sólo dispuesto a dar un porcentaje de sus posesiones, que Dios no sabe de regateos. Más allá del abandono de posesiones materiales, para mí esta historia señala la importancia de la plena entrega de uno mismo. No hay fórmulas o cantidades que podamos pagar para conseguirlo sino el esfuerzo para ser honestos con nosotros mismos y con los demás, el compromiso por ir quitando las capas que cubren aquello que somos. Con Dios y con la Vida no podemos ir a medias, porque eso que les pedimos es lo que nosotros somos.

Según cita Abhishiktananda al gran maestro Swami Gñananada:

“Dime, ¿quién puede correr
con una carga en la cabeza?

¡Lo que el maestro espera de ti
es a ti mismo,
no lo que compraste
cuando por el mercado pasaste!

¡Desnudo naciste;
sólo desnudo puedes renacer
en la gloria del Ser!

¡El que se pierde se encuentra
el que todo lo pierde todo lo encuentra!
El que se salva así-mismo lo pierde todo,
y a sí-mismo en el regateo!”


A lo largo de este mes, te invito a revisar en qué aspectos regateas a la Vida o a Dios y a fomentar en tu día a día una actitud yóguica. Cuando hagas cualquier actividad, cuando escuches a alguien o hables con alguien, cuando comas, cuando camines o te desplaces... permanece con una actitud observadora y acogedora  y recuerda en tus adentros “esto es la Vida, no haya regateo posible”, o algún otro pensamiento que a ti te sirva para conectar con lo que este mensaje quiere transmitir.

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