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¿Que ocurre después de la muerte?

188 MONTSE SIM

Esta pregunta siempre me ha parecido una pregunta en cierto modo no formulable, ya que dentro de mí siento que nadie me la puede responder y en muchas ocasiones he pensado que ¿qué más dará lo que ocurra tras la muerte si yo sólo puedo hacerme cargo de lo que ocurre ahora, en vida?, así que he tendido a sustituir esa pregunta por la de ¿cómo puedo vivir feliz? Sin embargo, me doy cuenta de que ambas preguntas son en realidad dos caras de la misma moneda y que ninguna de ellas podrá ser jamás respondida por nadie más que por mí misma. Puedo leer lo que otros han dicho, incluso me puede resultar inspirador, pero la Certeza sólo puedo encontrarla en mí y creo que en realidad es una pregunta falaz puesto que da por sentado que existen la vida y la muerte, ¿pero qué es lo que vive y lo que muere? ¿el cuerpo? ¿mi personalidad? ¿yo? ¿y quién es ese yo?
Justo la pregunta que encabeza este artículo fue formulada por el joven Naciketas (la c pronunciada ch) a la divinidad de la muerte, Yama. La Muerte confesó que su pregunta era difícil incluso para los dioses e intentó persuadirle de que mejor le pidiese otras cosas: reinados, riquezas, hijos que viviesen largo y tendido, todo tipo de placeres sensuales o lo que quisiera que no fuese saber acerca de la muerte. Pero el joven Naciketas se mantuvo firme en su pregunta y finalmente consiguió una respuesta de Yama.
Me estoy refiriendo a una de las historias que se narran en las Upanisads, concretamente en la Katha Upanisad. La Muerte, complacida por la firmeza del chico, que rechaza todo lo que es perecedero y se mantiene en su pregunta por si la persona sigue viva después de la muerte o no, inicia un diálogo con él acerca de esta cuestión y establece que lo que ocurre después de la muerte tiene que ver con el conocimiento de uno mismo:

«Los medios para alcanzar el otro mundo no son revelados al ignorante que, confundido por la riqueza, se vuelve descuidado. Aquel que piensa “sólo existe este mundo y nada más” cae en mi dominio una y otra vez» (Ka. Up. 1. 2.6)

El ignorante siempre se refiere en este contexto a la comprensión errónea que nos mantiene apegados a lo transitorio. No es una falta de conocimiento, porque el conocimiento siempre está ahí, sino un estado de confusión en el que buscamos que lo impermantente nos proporcione una felicidad permanente y que no nos permite darnos cuenta de que esa felicidad permanente siempre está ahí. Ahora, mientras lees esto, ya estás completo, ya eres perfecto, ya eres feliz. Pero para abrirse a esta comprensión hay que dejar a un lado el pequeño individuo con el que nos identificamos y sobre todo los pensamientos limitados con los que juzgamos lo que es bueno y lo que es malo. Necesitamos abrirnos a una conciencia mucho más amplia, como la que muestra el joven Naciketas al renunciar espontáneamente a todas las riquezas pasajeras que le ofrece Yama. Él sabe que eso no le va a conducir nunca a lo imperecedero.
Por otro lado, el que vive apegado a lo transitorio, sea material o mental, tiende a hacerlo bajo la posibilidad de que sólo exista este mundo. El pensamiento es sumamente importante porque crea lo que percibimos como realidad. Es a través de nuestro pensamiento limitado que proyectamos un mundo limitado y creemos que es todo lo que hay y que también nosotros somos transitorios. Y lo somos si miramos sólo a nuestro personaje. Aquel que se mantiene en la ignorancia renace una y otra vez, esclavo del sufrimiento y de la alegría, ambos pasajeros, porque la única forma de liberarse de la muerte es comprender que nunca existió, que lo que somos en esencia es eterno. Lo que Somos no nace ni muere, simplemente ES y el Ser no puede conocerse a través de los límites de la razón, sólo puede conocerse a través de alguien que está establecido en Él y aunque la tradición hace hincapié en la importancia de un maestro tal, creo que cometemos un error cuando nos empeñamos en buscar dicho maestro. El maestro sólo puede aparecer cuando el alumno está preparado y el alumno está preparado cuando uno está abierto a aprender. ¿Cómo no iba a aparecer entonces un maestro? Si hay una apertura real a aprender, todo alrededor se convierte en maestro porque, en realidad todo y todos están establecidos en el Ser, incluso cuando lo ignoramos.

“El sabio (conocedor del Ser) no nace ni muere. No vino de ningún lugar ni nada vino de Él.
Es no-nacido, eterno, imperecedero y antiguo y no muere cuando muere el cuerpo.” (Ka. Up. 1.2.18)

“El Ser, siendo más sutil que lo más sutil y más vasto que lo más vasto, se sitúa en el corazón de cada criatura. El que está libre de deseo ve la gloria del Ser a través de la calma de la mente y los sentidos y se libera del dolor.” (Ka. Up. 1.2.20)

Yama insiste una y otra vez en el conocimiento del Ser. Ese Conocimiento es el que marca la diferencia de lo que ocurre tras la muerte, porque la muerte, igual que el mundo, es una ilusión cuando uno reconoce ese Ser que reside en el corazón de TODOS los SERES. Lo cual implica a ese político que tanto detesto, al energúmeno que me dio un golpe caminando por la calle, al terrorista, al violador, al ladrón, a cualquiera de los personajes que en nuestra mente se alza como archienemigo. La muerte es una ilusión cuando uno reconoce el Ser que reside en el corazón de Todos los Seres, lo cual implica también aquellos que nos parecen adorables: aquel ser al que tanto amo, aquel maestro en mi corazón, aquella persona tan admirable... Cuando podemos reconocer ese Ser que no nace ni muere, ¿qué lugar hay para el sufrimiento? ¿cómo no se iban a convertir todos seres en un espejo de mi propia esencia?
A lo largo de este mes te invito a practicar una mirada trascendente, que vaya más allá de las formas. Cada vez que te encuentres delante de alguien que te produzca algún tipo de emoción, mira de ver su personaje, darte cuenta de qué es lo que ese personaje que representa esa persona parece que te provoca y trata de sostener esa sensación, sin querer modificarla y date cuenta de los mensajes que tu mente lanza y de cómo estos mensajes, que son tuyos, te hacen sentir lo que sientes. Desde esa toma de responsabilidad de lo que sientes puede resultar más fácil darte cuenta del Ser que brilla detrás de su mente-personaje y detrás de tu mente-personaje, una misma Vida, una misma Luz, un mismo SER.

Tagged under: Luciana Rago

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