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RAMIRO CALLE

Ramiro Calle

YOGA Y ORIENTALISMO
Pionero en la enseñanza del yoga en España, disciplina que imparte desde hace más de 30 años en el centro de Yoga y Orientalismo “Shadak”. Fue el primero en promover investigaciones médicas sobre la terapia Yoga en España. Durante 40 años, ha explorado recuperado y aplicado, los métodos de sosiego y equilibrio, sintetizando los conocimientos de las psicologías de Oriente y Occidente.

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El viaje definitivo hacía los adentros

235 ILUS RAMIRO webEl otro día por la tarde, Jesús Fonseca, Luisa y yo recordábamos nuestro último encuentro con Babaji Sibananda en unos fríos pero soleados días pasados de Benarés, reuniéndonos con él varias veces a lo largo de la jornada, frente al Ganges, rodeados de sadhus, peregrinos, lugareños y turistas. Días que han quedado indelebles y vivos en mi alma de voraz sabueso al encuentro de otras realidades que escapan a lo aparente, y por ello han sido denominadas suprasensibles. Hablábamos Luisa, Jesús y yo de la imposibilidad a través del pensamiento ordinario de comprender todo ese universo que trasciende a nuestra razón y de la necesidad de humildarse y rendir el ego. Lo que no quiere decir dejar de hacer todo esfuerzo motivado y bien dirigido que se pueda en busca de la libertad interior y la paz de espíritu, recurriendo a la meditación que, segun Babaji, "es el camino más directo hacia el Ser". Con su humildad habitual, Babaji -recordaba Fonseca- gustaba de repetir: "Yo no sé nada, pero Él lo sabe todo", y levantaba el índice hacia el cielo. Desde la humildad aceptaremos que no podemos entenderlo todo y mucho menos controlarlo, cuando ni siquiera tenemos el menor control sobre cuándo venir a pasear por este planeta y cuando se nos extraerá el alma para que este cuerpo quede inerte como una marioneta. Es demasiado pretencioso que el tornillo de un boeing quiera comprender el aparato en el que está inmerso.
Pero rendir el ego no quiere decir, en absoluto, renunciar a todo propósito de autodesarrollo, mejoramiento humano, ennoblecimiento de los sentimientos y apertura de la mente y del corazón. El esfuerzo es necesario, con el consuelo de que ningún esfuerzo se pierde y una persona cuenta con herramientas transformativas para poder seguir el viaje a los adentros y encontrar otra manera más elevada de ser. La evolución de la consciencia ha sido comprobada por muchos buscadores serios de lo suprasensible y por ello le refería a Jesús mi idea, y mucho más que idea, de la posibilidad de encontrar "un ojo de buey al infinito": una rendija entre los fotogramas de la película existencial para mirar más allá de lo fenoménico y aparente y tener un vislumbre transformativo de lo esencial. ¿Acaso no es lo que han pretendido desde la noche de los tiempos todos los místicos de todas las tradiciones y latitudes? ¿Acaso cuando la meditación nos permite "la mirada interior" y poder desplazarnos a la raíz o antesala del pensamiento ordinario, no es para hallar un "agujero" que nos conduzca de la mente engañosa a la no-mente veraz? Por algo en el yoga se insiste en aquello de "cuando el pensamiento cesa, se revela la luz del Ser". O dicho de otra manera: cuando el ego se rinde, se puede empezar a percibir "aquello" que hace posible el pensamiento y no es el pensamiento. De la meditación brota la Sabiduría, pero sin humildad la Sabiduría es una sombra inatrapable, y nada tiene que ver con vastos conocimientos intelectuales, saberes librescos o erudición. La paradoja es que desde el no-saber, sabemos, y que al vaciarnos de todo (incluido por supuesto ese gran falsario llamado ego), empezamos a experimentar lo Pleno.
Mediante la compasión y pensando en los demás, el ego se debilita. Mediante la visión penetrante de la impermanencia de todo, el ego se debilita. Mediante el recordatorio de la muerte, el ego se debilita.
El viaje definitivo consiste en ir más allá del ego, que es ir allende del pensamiento ordinario, egocéntrico y ávido. El viaje a los adentros tiene que llegar a la fuente de la mente, al umbral de la consciencia vacua donde se refleja lo Incondicionado.
La detención consciente, refrena el pensamiento ávido y nos permite dar un salto hacia la no-mente o mente quieta. Meditar es dejar al ego sin alimento, para que al menos durante unos minutos ayune y vaya superando su voracidad. Meditar es desconectarse del ego y mirar hacia el ser. Al meditar hay que evitar con la mente estar haciendo esto o aquello para estar en lo que es y que en la quietud de la mente pueda, aunque sea al principio como una voz muy lejana, escucharse la llamada del ser libre de pasado o de futuro.
Y ahora recordemos algunos de esos valiosos pensamientos que tantas y tantas veces escuché de mi admirado y muy querido Babaji, que desencarnó hace siete años, un poco después de que lo hiciera mi amado hermano Miguel Ángel.
• "El camino más directo hacia el Ser es la meditación”.
• "El amor es como una flor; no requiere nada a cambio”.
• "La vida es como una marea que sube y baja. Permanece tranquilo. No te adormezcas. Despierta. Trabaja con amor. La vida es breve. Mira hacia delante. El día está muy cerca. La muerte es la hermana del sueño. No hay tiempo que perder”.
• "Este mundo es un enorme escenario; somos los actores y estamos haciendo nuestro papel. Cuando la obra termine, volveremos a nuestro hogar”.
• "Bailamos siempre de acuerdo a la voluntad del Absoluto, pero no lo comprendemos”.
• “La paz es lo más importante de la vida humana. Sin paz, la vida no tiene sentido. La meditación es el mejor sendero de vida para todos. En este planeta descansamos algunos días y partimos. Tenemos que servir a los otros y ganar la paz de la mente".

En el viaje de la vida

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“Este mundo no es nuestra morada; es solamente uno de los escenarios por los cuales vamos pasando”, aseveraba Vivekananda.
No está en los textos clásicos, pero podemos incluirlo: el yoga del viajero; el yoga, pues, que es semejante a la actitud de un viajero cuando viaja: está muy atento, vivo, perceptivo, entusiasmado, observante, renovado a cada instante, naciendo y muriendo a cada momento. Libre de recuerdos, sin apegarse, sin pretender llevarse al salón de casa la Pirámides o el Taj Mahal, abierto a cada circunstancia, ocupado en lugar de preocupado, resolviendo cada situación en lugar de obsesionarse con lo que pueda pasar o ya ha pasado. Haciendo lo mejor posible en cada instante, poniendo las condiciones óptimas para que el viaje funcione, de momento en momento, encajado con la realidad inmediata.
La vida es un viaje y deberíamos cubrirlo con ánimo ecuánime, mente atenta, actitud de desasimiento y renovándonos a cada momento, sin rencores, sin falsas expectativas, con sosiego entusiástico y serenidad. En este viaje nos podemos apoyar en todas aquellas enseñanzas y métodos que nos sirvan de guía y nos ayuden a calmar la mente y esclarecerla. Así como de una mente agitada y condicionada solo surge desconcierto y desorden, de una mente aquietada y esclarecida brotan la sabiduría y la acción correcta. Y de ese modo la vida misma se convierte en una gran maestra y un escenario de meditación.
La meditación en la acción nos ayuda a transformarnos, pues nos podemos ver cómo somos sin autoengaños y desde ahí empezar a proceder en consecuencia. Al final la vida misma es la meditación a cada momento, con sus vicisitudes y retos, que hay que tratar de vivir desde la consciencia clara, la ecuanimidad, el sosiego y la compasión. Todos nos podemos servir asimismo de la que denomino “la meditación universal”, que es así porque está libe de dogmas, creencias o tendencias religiosas de una u otra índole, y porque es para toda clase de personas. La meditación universal es la que se sirve de la atención con la respiración. La persona, adoptada la posición meditativa, sigue el curso de la respiración. No piensa, no analiza, no reflexiona; solo observa la respiración a cada momento. Se ejerce por un lado la respiración sentado y se lleva a la vida los frutos que se logran con el entrenamiento metódico de la respiración: esfuerzo consciente y bien aplicado, atención vigilante, sosiego, ecuanimidad, contento interior y visión cabal.
Muy pocas personas trabajan desde el ser y sí desde el ego; muy pocas hacen lo mejor que pueden, por amor a la obra, y no se envanecen ni alardean. No solo son la sal de la tierra, porque su corazón amoroso y desprendido impregna este mundo que a menudo convertimos en un erial.
La acción no es necesariamente agitación. Se puede ser muy activo y a la vez desapegado, calmo y libre del influjo alienante de la acción. Se hace sin hacer, se actúa dejando a buen recaudo la propia identidad y evitando la ciega identificación y la alienación. La vida es muy absorbente y hay que tener cuidado, porque nos enreda y nos vincula de tal modo que perdemos el propio ser. ¿Y qué perdida mayor puede haber, qué mayor tragedia?
La vida para la persona y no la persona para la vida. El viaje empieza en un punto que llamamos nacimiento para concluir en el denominado muerte. También cuando nacimos, morimos en otro plano. La función comienza con el nacimiento, a veces se convierte en un carnaval y no hay que dejar que nos turbe ni nos ofusque. El teatro de sortilegios no debe enceguecernos ni encadenarnos. Cada momento del viaje cuenta y cada momento ya es la meta. Como dicen los antiguos sabios, puedes hacer de tu vida un río de aguas frescas para que las otras criaturas beban de las mismas y, más aún, si superas el ego, ¿quién hay para morir? Serás quien nunca has dejado de ser y recuperarás tu propia identidad. Viaja con atención y ecuanimidad, con lucidez y compasión. Viajeros así se necesitan, con pasaportes hacia la libertad interior.
En todo viaje y mucho más en el viaje de la vida, debemos basar nuestra actitud en los principios básicos del karma-yoga, que me gusta resumir de la siguiente manera:
• Haz lo mejor que puedas en todo momento y circunstancia.
• No te encadenes a los resultados, que si tienen que venir lo harán por añadidura.
• Valora la acción consciente, pero no te identifiques tanto con ella que te alienes y dejes de ser tú mismo.
• Obra por amor a la obra y no solo de sus frutos.
• Sé tú mismo tanto en la acción como en la inacción.
• Cuando la acción te descentre, siéntate a meditar y regresa a ti, sin olvidar que tú eres tu propio refugio.
• Cada momento cuenta; el camino ya es meta.
• Como decía Buda: “Sosegado entre los desasosegados; sin ansiedad entre los que ansían”.

La Todopoderosa atención

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"El que está atento está vivo, pero el que no es como si ya estuviera muerto" (Dhammapada)

"Si la atención monta la guardia a las puertas de la mente, la lucidez se unirá a ella y una vez que llegue, nunca se irá" (Santideva)

"Atento entre los inatentos, plenamente despierto entre los dormidos, el sabio avanza como un corcel de carreras se adelanta sobre un jamelgo” (Dhammapada)

"Hay que estar atento para que la mente, que parece un elefante en celo, esté siempre sujeta al poste de la calma interior" (Santideva)

"La atención es todo poderosa en todo momento y circunstancia" (Buda)

La atención es el filtro, la guía y la luz de la mente. He dedicado más de medio siglo a su estudio e investigación y cada día compruebo más hasta qué punto es necesario servirnos de ella para observarnos, conocernos, regular nuestras conductas (mental, verbal y corporal) y transformarnos. Con razón los antiguos maestros de la India y otros países asiáticos han insistido en que la atención es poderosa en cualquier momento y circunstancia y nos permite ser más conscientes en el momento presente, y así proceder de manera más idónea y evitar dañarnos innecesariamente a nosotros mismos y a los demás.
La atención es como una flecha con dos puntas. Una se orienta hacia afuera y nos ayuda a percibir lo que sucede a nuestro alrededor; la otra hacia adentro, y nos permite captar nuestros estados de ánimo, procesos mentales y emocionales, reacciones y tendencias. Cuanto más se intensifica la atención, más plena es la captación y por ello el color se torna más color, el sonido más sonido, la caricia más caricia y el aroma más aroma. Todo gana en vitalidad, peso específico, brillantez e inspiración. La atención nos permite conectar con lo que es, más allá de interferencias mentales, centrándonos en el aquí y ahora, en la gloria del momento, en la fuente reveladora del instante. Pero nuestra atención es muy débil e intermitente hasta que comenzamos a entrenarla y desarrollarla. Para ello nos servimos de la meditación sentada, por un lado, y de tratar de permanecer más atentos en las actividades de la vida diaria por otro. Pero para poder estar más alerta en la vida diaria, se requiere insoslayablemente el entrenamiento meditativo, que se sirve de milenarios ejercicios para unificar la mente y alertar la atención.
La atención es la hermana gemela de la consciencia. Uno de los propósitos más importantes de la vida es "hacerse consciente", puesto que en principio tenemos una consciencia embotada y crepuscular. Pero la consciencia puede hacerse mucho más viva e intensa, y así se perfeccionan la cognición y la percepción y se obtiene una más equilibrada manera de ser. Se aprende a estar consciente, estando consciente. No es fácil, puesto que vivimos en una especie de trance colectivo, una hipnosis que nos adormece y nos hace mecánicos. Pero mediante el cultivo de la atención y el desarrollo de la consciencia iremos emergiendo de nuestro yo-robótico y ascendiendo a más elevados y reveladores planos de la consciencia. Al evolucionar conscientemente, vamos evolucionando y embelleciendo nuestra mente, liberándola de la ofuscación, la avaricia y el odio.
Como reza el Dhammapada, "los que están atentos están vivos, y los que no, es como si estuvieran muertos". El cultivo de la atención nos conducirá a la comprensión clara o lucidez. La lucidez nos hará entender que lo más esencial es la compasión. Así, de la atención nace la lucidez, de la lucidez la Sabiduría, y la Sabiduría es mente clara y corazón benevolente.
La meditación sentada nos ayuda a entrenar metódica y armónicamente la atención, pero debe ser complementada con la atención en la vida diaria, apoyada por otros factores de autodesarrollo como el esfuerzo consciente, la ecuanimidad, el sosiego y la visión clara y libre de juicios y prejuicios. La atención, asociada a la clara comprensión, nos ayudará enormemente a superar el lado neurótico de la mente con sus tendencias insanas y desplegar el lado más sano, cooperante y constructivo.
Los ejercicios de atención a la respiración son de enorme eficacia para cultivar esta función de la mente. Los denomino a ese tipo de ejercicios "la meditación universal", puesto que pueden ser realizados tanto por personas creyentes como agnósticas, deistas o ateas, de una u otra edad o condición. Entre estos ejercicios cabe destacar tres:
• Tomar consciencia de cuanto el aire está dentro y cuando está fuera.
• Contemplar el curso de la inhalación y de la exhalación.
• Concentrarse en la sensación táctil que el aire provoca en las aletas de la nariz o parte alta del labio superior.
En cualquier caso, no se piensa, no se analiza, no se reflexiona, no se divaga. Se trabaja con la atención mental pura en el momento presente. Se respira con naturalidad. A través de la meditación brota la Sabiduría.

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