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Samu, el despertar en acción

230 ILUS JUANCHOwEn la Vía del Zen el Samu es la actividad que posibilita el buen funcionamiento de un zendo o un monasterio, de un retiro intensivo o de una sesión. Son trabajos manuales que realizamos concentrados y amablemente, sin emplear palabras en vano y con el objetivo de ofrecer nuestra acción a la comunidad y de alimentar nuestro despertar. Mirando más a fondo, el samu es una experiencia fundamental de la Vía pues no es solo un medio para lograr un fin externo, una actividad centrífuga que me lleva hacia afuera, sino que es a la vez el medio como fin en sí mismo, una actividad centrípeta que me lleva hacia el centro. El samu es la Vía de la Actividad y lo Cotidiano como vehículo esencial para el descubrimiento de la verdadera naturaleza, en mí y en todo aquello con lo que me relaciono. En el Samu se realiza la tarea con el mejor espíritu, poniendo en ella toda la buena energía y la plena presencia que nos da la meditación. Por ello, no se puede separar la práctica de la meditación de la práctica del samu. El samu puede ser cocinar, poner la mesa, barrer el jardín, limpiar los zafus, trabajar en el huerto, limpiar los retretes o limpiar la estatua del Buddha. No hay un samu más importante que otro. Como en un gran barco, en una comunidad todos ocupamos una función y un lugar irremplazable: los retretes deben estar limpios y la estatua de Buddha debe estar limpia. Sin discriminaciones ni diferencias, todo es igualmente esencial. Todo es samu. Todo es la Verdadera Naturaleza. Lejos de ser una tarea rutinaria, pesada o distraída, el samu se practica estando plenamente presentes y con total entrega y disponibilidad en la acción. Esta es la clave fundamental: el samu, además de una actividad al servicio de la meditación, es la mejor oportunidad para ahondar en el espíritu meditativo, en la atención plena, la compasión, la concentración, el silencio, la unidad. Practicando samu de esta manera este se convierte en el mejor aliado de la meditación. No hay zen sin acción, no hay zen sin samu. Si el trabajo que me toca hacer en la comunidad lo realizo con una atención concentrada en la tarea y con dedicación amable, entonces es una prolongación de la práctica de la meditación. Quizás no puedo trabajar mientras medito, pero sí puedo meditar mientras trabajo. Es aquí cuando el Zen tiene una sugerencia importante para el mundo actual. La mayoría de nosotros no vivimos en un monasterio, pero sin duda vivimos en comunidad. Hay comunidades pequeñas, como un piso compartido, o muy grandes, como una ciudad o un país. En el fondo, toda la humanidad, acompañada por todos los seres, vivimos en una grandiosa comunidad universal. Cada uno tenemos nuestra función, nuestro talento y nuestra responsabilidad. Todos somos diferentes y no hay trabajos más importantes que otros. Sin embargo, uno de los asuntos con los que la humanidad se ha ido alejando de sí misma y del mundo es con el asunto del trabajo. Las personas sin trabajo se lamentan de su terrible situación, las personas con trabajo están sumidas en la queja, la lucha, la incertidumbre y la ansiedad, hay demasiados trabajos esclavos, abusivos, insanos, actividades que dañan a la persona y a la comunidad, y hay personas que se vuelven adictas al trabajo y que lo convierten en una obsesión que arruina sus vidas. Es muy importante que yo revise cómo desarrollo mi trabajo. El tradicional dicho zen de "cortar leña, traer agua" ahora es "ir al trabajo, atender a un cliente, mandar un e-mail", y mi monasterio zen particular ahora es el barrio o una ciudad. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿Cómo me entrego a la actividad? ¿Con qué actitud me relaciono con lo que me rodea? ¿Qué aporto a la comunidad? Además de abrirnos a la posibilidad de sonreír más en el trabajo, de estar más atentos, de ser más amables, la invitación es a abrir la mente y el corazón a una forma de actividad que ponga nuestras almas en servicio, en marcha, en relación, y en una dirección lúcida, amable y transformadora. De esta forma nuestro trabajo individual será nuestro despertar en acción y nuestras acciones impulsarán el despertar colectivo.

Juancho Calvo 

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