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Tiempos Difíciles

En ocasiones la necesidad de salud, equilibrio emocional o bienestar nos lleva a indagar en las disciplinas espirituales y la meditación. Además, es bastante frecuente experimentar los primeros beneficios de la práctica de la meditación en poco tiempo. Mucha gente manifiesta que la meditación le ayuda a relacionarse mejor, vivir con menos tensiones y mejorar su calidad emocional. Una prueba de ello es el auge que en los últimos años está teniendo la meditación Mindfulness en el terreno de la psicoterapia; algo que ha sido posible gracias a los numerosos estudios científicos que avalan su eficacia como tratamiento complementario en diversos tratamientos.

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No obstante, meditar y crecer espiritualmente es mucho más que buscar estar bien. Es decir, a pesar de que la carta de presentación de la meditación es mejorar la calidad de la vida, esto sólo es el principio. Por ejemplo, en el campo de la meditación que mencionaba antes, Mindfulness sólo es uno de los elementos de lo que el budismo denomina El óctuple sendero, y sin los siete restantes es una práctica limitada en cuanto al despertar de la conciencia.
Cuando superamos la fase narcisista de usar la meditación para estar bien, comienza el verdadero proceso de transformación personal. Esto es algo que atrae a menos gente y que sólo unos pocos privilegiados tienen la fortuna de alcanzar.

Aquí la meditación busca una solidez y un equilibrio interno más allá de las vicisitudes de la vida. Dejamos de meditar para obtener algo personal y trabajamos para desarrollar ciertas cualidades y capacidades que nos hacen más humanos y conscientes.

Un conocido texto tibetano menciona lo siguiente: “Cuando afloren las cinco degeneraciones, transfórmalas en el sendero al pleno despertar”. La idea principal es mantener el trabajo personal aun cuando las cosas se pongan difíciles. Mucha gente dice que no puede hacer meditación porque no se encuentra bien o lo suficientemente tranquila, o porque tiene mucho trabajo o muchos problemas, etc. Esta es una actitud completamente errónea y ruinosa, y contraria a las enseñanzas de los maestros. Numerosos escritos señalan la importancia de aprovechar todas, absolutamente todas las situaciones para avanzar en nuestro camino.
Al usar la palabra degeneración, la enseñanza recuerda que hubo tiempos mejores en que todo facilitaba el despertar consciente; no obstante, se quiere subrayar que incluso en los momentos más complejos se puede hacer algo verdaderamente liberador y trascendente. Estamos en una época dura y complicada, parece que nada favorece el desarrollo personal; sin embargo, no es del todo cierto.

Todo lo que nos sucede puede transformarse en compasión y sabiduría. Todas las experiencias pueden ser perfectamente útiles para despertar el corazón y alcanzar una mayor lucidez y comprensión.

La cuestión es abandonar el papel de víctimas de la vida y tomar las riendas de nuestro proceso personal, suceda lo que suceda. Es cierto, que vivimos momentos difíciles, los lamas tibetanos hablan de estas cinco degeneraciones.
La primera se refiere al medio ambiente. Vivimos en una época en que continuamente suceden catástrofes, incendios, terremotos, inundaciones. Tenemos la amenaza del cambio climático y serios problemas ecológicos. No hay ninguna seguridad.
Además, está la degeneración de la longevidad, cada vez hay más enfermedades nuevas, los agentes patógenos se vuelven resistentes a los fármacos, el agua de las ciudades está contaminada, los alimentos tienen menos nutrientes, etc.
La tercera indica nuestro estado mental, estamos llenos de emociones destructivas que nos dominan y cada vez tenemos menos capacidad de contrarrestarlas; por todas partes vemos gente tomando ansiolíticos y antidepresivos, y la expectativa es que esto vaya a más.
Luego, está la degeneración de las creencias, que indica las numerosas doctrinas, cursos y seminarios que se presentan como panaceas para liberarnos y sólo sirven para acrecentar el ego, el deseo y la seguridad falsa, y para perpetuar la ignorancia.
La quinta es la degeneración de las personas e indica cómo hemos perdido los valores, vivimos con un pobre nivel de ética, y somos intolerantes, injustos y egoístas. La profunda crisis económica en que vivimos es una consecuencia de ello.

Hacerse consciente de todo esto es un tanto deprimente, pero al recordarlo los maestros quieren que practiquemos con más interés, que nos demos cuenta de que nada es motivo para la desesperanza y que abandonemos la impotencia y la expectativa de fracaso.
Hay dos prácticas fundamentales. La primera está relacionada con el camino de sabiduría y es la principal. Se trata de vivir todas las experiencias con lucidez, aceptación y desapego. Esto es, cualquier cosa que nos suceda tratamos de vivirla con la máxima conciencia. Para ello es preciso detenernos a observar la experiencia. Es preciso dejar de escapar de las experiencias desagradables, dejar de reaccionar con aversión o apego, y dejar de desear estados supuestamente mejores.
Es cierto que vivimos demasiado rápido y queremos vivir muchas cosas a la vez, pero haciendo esto la vida es menos valiosa. Es preciso pararnos un poco más, y vivir las cosas con más lucidez y menos reacciones emocionales. La conciencia de nosotros mismos nos lleva a la sabiduría que vislumbra lo que verdaderamente somos. No es suficiente ser consciente, es preciso, además, indagar en lo que vemos, profundizar en la experiencia hasta trascender y reconocer la fuente de las experiencias, la esencia de lo que somos.

La combinación de atención consciente e indagación, despierta el conocimiento de la verdad y cuando vivimos con esta sabiduría sabemos que el sufrimiento y las degeneraciones no afectan a nuestra naturaleza primordial.
Ahora bien, muchas veces no tenemos suficiente lucidez para poner consciencia. Con frecuencia nos vemos negativos y ofuscados, nos afectan las cosas y las personas, y no somos capaces deeludirlo. Es en estos momentos, cuando lo que más nos ayuda es el camino del corazón. Recuperamos la lucidez y el equilibrio ejercitando emociones positivas que nos acercan a los demás. Siempre es posible, un mayor grado de gratitud, compasión o amor, siempre tenemos oportunidades de alegrarnos de las cualidades de los demás, perdonar o trabajar por una mayor armonía.
El camino del corazón, no es una forma de ser buenos ni de ser espirituales. Por el contrario, es un método inteligente y efectivo de transformar la mente y recobrar la claridad para retomar el trabajo de la sabiduría hacia nuestra esencia. Si lo estudiamos con detenimiento es la forma más efectiva de hacer que esta época de decadencia pueda servir para el camino espiritual.
Es importante que tomemos la decisión de aplicar la sabiduría y la compasión a todas las situaciones que vivamos. Así es como dejamos de estar a merced del destino y abandonamos el rol de víctimas. Pero ante todo este es el modo de afianzar el progreso espiritual y hacerlo irreversible.

 

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