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RAMIRO CALLE

Ramiro Calle

YOGA Y ORIENTALISMO
Pionero en la enseñanza del yoga en España, disciplina que imparte desde hace más de 30 años en el centro de Yoga y Orientalismo “Shadak”. Fue el primero en promover investigaciones médicas sobre la terapia Yoga en España. Durante 40 años, ha explorado recuperado y aplicado, los métodos de sosiego y equilibrio, sintetizando los conocimientos de las psicologías de Oriente y Occidente.

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Yoga, un diamante con muchas caras

241 ILUS RAMIROwEstas consideraciones y reflexiones, inspiradas en el rigor y la ecuanimidad, son sobre el genuino yoga, por lo que no tendrán mucho eco en personas que lo practican como una gimnasia, una calistenia, un deporte o una especie de juego contorsionista. Aunque hay personas que comienzan con el yoguismo y, por fortuna, luego trascienden al verdadero yoga.

¿Qué es el yoga? Es bueno hacerse esta pregunta para poder esclarecer el tema. Y lo primero que se me ocurre responder es que es una disciplina psicosomática y psicomental, pero asimismo un método de desarrollo y evolución de la consciencia, y, desde luego, una técnica de introspección y cultivo de las facultades mentales y espirituales, a fin de desenvolverlas en el mayor grado posible. Y no pocas personas, perplejas, quizá preguntarían: "¿Pero todo eso es yoga?". Pues pudiera parecer que con eso está todo dicho, pero no es cierto, porque el yoga es tan polivalente y de tanto alcance, que su ámbito llega a resultar casi inabordable y difícilmente explorable. Y lo digo, queridos amigos, después de estar en su cauce sesenta años. Así que nos os extrañareis cuando declaro, como el protagonista de mi relato iniciático El Faquir, que soy un aprendiz y el deber de todo aprendiz es seguir aprendiendo.

El yoga es como un diamante de muchas caras y, por supuesto, una técnica de vida o un arte de vivir. Es, por supuesto, un modo de enfocar la vida, con una especial y cimentada actitud basada en el esfuerzo correcto, la atención, el sosiego, la ecuanimidad, la lucidez y la compasión. Es como un inmenso río que ha ido desde hace milenios recogiendo toda suerte de enseñanzas (a menudo transmitidas de maestro a discípulo), métodos y técnicas. Quizá parte de sus enseñanzas y procedimientos hayan quedado sepultados con el paso del tiempo, pero aun así su legado es inmenso e impagable, y recoge las aportaciones de maestros, yoguis, iniciados y practicantes. Es experiencial y en sus técnicas nada se ha librado al azar.

El yoga como tal es un método liberatorio, independiente de cualquier culto, pero sus técnicas han demostrado ser tan valiosas que han sido tomadas por diversos sistemas filosófico-religiosos, por lo que ha sido utilizado por el hinduismo, el vedanta, el budismo theravada, el budismo tibetano y otros sistemas soteriológicos. En el yoga ya se encuentran vestigios del dravidismo y otras corrientes espirituales. En la antigüedad las técnicas yóguicas se utilizaron asimismo por ascetas, chamanes, magos, místicos y personas de muy variadas tendencias espirituales. Los primeros yoguis ya se dieron cuenta de que había que tratar de trascender la condición humana y de ello hablaremos en un próximo trabajo. No se resignaban a las limitaciones de una mente ofuscada y, por tanto, avarienta y tendente al odio.

¿Cómo siendo el yoga un sistema tan venerable, solvente y eficiente fue reducido a un fragmento por muchos mentores hindúes que lo llevaron a USA? Más aún: ¿cómo pudieron aquellos mentores o gurúes traicionar la esencia de un sistema tan precioso para la evolución del ser humano, y mostrarlo como una gimnasia exótica? Simplemente, y ya lo supieron ver no pocas personas que se tomaban la enseñanza en serio, porque lo simplificaron hasta lo absurdo y casi esperpéntico y porque lo falsearon para rentabilizarlo, ofreciéndolo como una disciplina para rejuvenecer, adquirir longevidad, superar toda suerte de enfermedades y casi obtener la inmortalidad. Apego sobre apego, cuando el yoga es desapego, ecuanimidad y una técnica fundamentalmente psicoespiritual y de enorme efectividad para alcanzar la paz interior si se orienta como debe hacerse.  

Jung, hace décadas, ya presintió lo que iba a suceder. Declaró: "El yoga en la India es un negocio. ¡Ay lo que nos espera cuando llegue a Europa!". Peor al llegar a Estados Unidos de la mano de mentores hindúes que en su afán por mercantilizar el yoga, lo convirtieron en una gimnasia exótica, una simple calistenia, una disciplina de contorsionismo sin el menor alcance psíquico, mental o espiritual. Asimismo Sonu Sambadashani aseveró:

"La proliferación de clases de yoga junto a cursos de aerobic, entrenamiento para perder peso, masajes y otras sectas del contemporáneo culto al cuerpo en los gimnasios y centros deportivos nos puede hacer olvidar fácilmente que el yoga es una antigua disciplina espiritual".

El yoga no es una cultura física y los asanas aislados y como una simple técnica de flexibilidad pierden mucho de su sentido y pueden convertirse en herramientas tan solo de culto al cuerpo, el envanecimiento y la afirmación del narcisismo, creando apego en lugar de desapego, y orgullo en lugar de humildad. Aparte de que al llegar a cierta edad esos "yogas" gimnásticos y obsesionados por el cuerpo ya no tienen la menor aplicación. Pero un diamante, por mucho que se quiera empolvar, siempre reluce, y en cualquier caso al diamante no le importa que los bisuteros no lo valoren.

No hay verdadero yoga sin transformación

240 RAMIROEl yoga es una disciplina mental y espiritual para alcanzar otro modo de ver, ser y serse. Es una vía para aproximarse a lo Real o ultima realidad, que no importa en que términos se defina, pues está más allá de cualquier concepto. Pretende la evolución de la consciencia y superar esos condicionamientos humanos que han sembrado de horrores la historia de la humanidad, pero que pueden evitarse cuando la mente, que es causa de ofuscación, avaricia y odio, se transforme y genera lucidez, generosidad y amor. La mente velada por tendencias insanas, provocadoras de tanto innecesario sufrimiento, puede despejarse y brindar lo mejor de sí misma. Solo mediante la motivación, el esfuerzo bien encaminado, la actitud, el firme propósito y las técnicas, puede acelerarse la evolución consciente.

A través de la meditación y otras técnicas se busca un conocimiento mucho más alto, fiable y revelador, y sobre todo transformativo. No hay verdadero yoga sin transformación. Y esta transformación es para obtener lo mejor de uno mismo y poderlo así compartir con las otras criaturas.
El yoga ha ido acopiando una gran cantidad de enseñanzas y métodos a lo largo de su dilatada historia, para poder ir más allá de la consciencia semievolucionada y abordar otra forma de ver y proceder basada en la sabiduría y la compasión. Si se quiere no es un sueño. Contamos con el legado impagable de las mentes más brillantes en el terreno del mejoramiento humano. Pero, como a menudo recuerdo en mis conferencias y talleres, todo está dicho pero nada está hecho.
En el seno del gran río del yoga se han ido incorporando, a lo largo de milenios, las experiencias de muchos yoguis, que han aportado sus enseñanzas y revalidado los métodos que hay que experimentar por uno mismo, pues en el yoga todo debe convertirse en verificación personal y volverse uno su propio laboratorio viviente en el que indagar y experimentar. Muchos maestros nos han ido dejando su legado a través de su propia experiencia. No hay que guiarse por creencias (sean hindúes, budistas, jainas o cristianas), sino por experiencias. Buda nos invitaba a escuchar la enseñanza, reflexionarla, ponerla en práctica y tomar aquello que nos ayudase y descartar lo que no nos ayudase. Pero para eso hay que experimentar.

El yoga es una herramienta para desarrollar paz interior y superar el sufrimiento debido a la mente ofuscada. Es a la vez una técnica de introspección, un método de autodesarrollo, una disciplina psicomental y psicosomática. Se trata, mediante su práctica y sobre todo la meditación, de perfeccionar esas herramientas que son nuestras funciones mentales. Pero el yoga es heterogéneo y polivalente, y por eso no resulta nada fácil explorarlo y comprenderlo. Además de lo apuntado, es una técnica de vida o arte de vivir, un modo de enfocar la existencia humana desde la visión clara y el entendimiento correcto. En el transcurso de los tiempos parte de su sabiduría puede haber quedado sepultada, pero mucha otra sigue siendo un caudal inmenso de enseñanzas y métodos. Independiente, pues, de cualquier culto, el yoga es un método liberatorio y al demostrar sus técnicas una alta eficacia, fueron siendo incorporadas a diversos sistemas filosófico-religiosos.

En el ámbito del yoga ha habido manifestaciones o expresiones muy diversas desde los comienzos de su historia, y a veces en lo aparente contradictorias, pues en su corriente hay incluso vestigios de la cultura espiritual de los drávidas. Desde antaño sus procedimientos fueron utilizados por chamanes, ascetas, magos, místicos y toda suerte de buscadores de lo Inefable, más allá de tendencias monoteístas, politeístas, panteístas o ateas. Muchos yoguis surgieron al margen de la asfixiante ortodoxia del hinduismo e incluso ha habido una tradición de lo que podemos llamar "maestros extravagantes", que con sus "terapias" de choque y su estrafalaria e intencionada conducta trataban de quebrar los parámetros ordinarios de la mente de sus discípulos. El yoga siempre ha gozado de una enorme plasticidad o flexibilidad, pero ese no es motivo ni debe ser nunca causa para conducirlo a la degradación por aquellos precisamente que nada de yoga saben, o muy poco, pues lo prostituyen y comercian. Hay que poner bajo sospecha a esos mercaderes del espíritu. Y en último lugar, uno debe trabajar sobre sí mismo para convertirse en luz para uno mismo, y no olvidar que el verdadero maestro es el que conduce a su discípulo hasta su propio maestro interno, y no el que crea dependencias ni se aprovecha de la minoría de edad emocional del discípulo.

Una espiritualidad sin dogmas

236 RAMIROEl ego solo quiere enredar y las religiones instituidas son muchas veces caldo de cultivo para que el ego crezca en lugar de decrecer. Así se crean rencillas, conflictos, afán de dominio, tendencias a devaluar y humillar a los otros, cenagosa y espesa burocracia y adoctrinamientos que roban la lucidez mental. Y esto sucede tanto en el cristianismo como en el budismo tibetano u otros sistemas filosófico-religiosos. Siempre que hay jerarquías o linajes se abona más el terreno para que el ego pueda robustecerse, y en lugar de surgir la unión (religión), brote el enfrentamiento, la desunión, la petulancia, el aferramiento ciego a las ideas y convicciones religiosas. Entonces la religión institucionalizada, sea teísta o no, se convierte en una especie de cárcel, de mordaza, de atadura, y en lugar de poner alas de libertad, pone cadenas de esclavitud.

Surge el dogma, la mentalidad sectaria y, detrás, el fanatismo y la hipocresía, todo ello arropado bajo el aparataje eclesiástico (sea cristiano, lamaísta, o de otro tipo), y se crean toda clase de grupúsculos religiosos o pseudorreligiosos que incitan al borreguismo más que a la sabia utilización del discernimiento, encegeciendo la consciencia en lugar de esclareciéndola.

El Dharma palpita en mí, o sea la enseñanza autentica, pero nadie tiene el monopolio de la Verdad y las sendas hacia la cima son innumerables y al final uno mismo es su propia senda y su propio maestro, sin tener por qué rendir pleitesía a nadie y menos obediencia ciega y abyecta, se trate del Papa o del Dalai Lama, de un gurú o de un pastor o rabino. Sin embargo, todas las creencias puras son respetables, si bien al final tendrán que conducir a la experiencia personal, se siga la senda del Buda, de Jesús, de Lao-Tsé o de Mahavira. El maestro es la Enseñanza. Pueden fallar los seguidores, pero la Enseñanza es pura en su comienzo, medio y fin, aunque haya sido tan vapuleada por los profesionales de la religión, tanto las monoteístas como las que no lo son, o esos grupos sectarios pseudoespirituales que, sean cristianos o hindúes, budistas o de otro tipo, siempre hay que poner bajo rigurosa sospecha, vengan también de Oriente o de Occidente.

Mucha gente nace libre y se muere sierva de las ideas con las que otros, más ciegos les adoctrinan y que no conducen a la experiencia y la verificación personal. Hay una historia: El diablo y uno de sus acólitos vienen a darse un paseo por el confuso planeta Tierra. De repente el acólito del diablo, espantado, exclama:

“¡Señor, señor, cuidado! Es que allí hay una partícula de la Verdad.

El diablo, sin inmutarse en lo más mínimo, dice:

No te preocupes, ya la institucionalizarán”.

El occidental, descontento o insatisfecho con su religión, idealiza las religiones de Oriente, y viceversa, para a la postre comprobar que, al estar formadas por seres humanos, el escenario de fondo viene a ser el mismo. Al final uno tiene que seguir sus propios "insights" (vislumbres, golpes de luz) y tomar lo mejor de la Enseñanza para ser libre y no un esclavo, para obtener una mente independiente y no contaminada.

Si peligroso es el ego individual, ¡cuanto más el colectivo! Y más cuando es un ego colectivo fanatizado y que en lugar de alimentar auténtica compasión y lucidez, se extravía en el aferramiento a ideas. Como en ello insistía Krishnamurti, el poder siempre es putrescible, sea político, económico o religioso.

Siempre me atrajeron el yoga y la meditación, entre otras vías, porque invitan a la duda razonable (que no sistemática y escéptica) y no se mueven por ideas sino por experiencias y se someten las enseñanzas y métodos a la verificación personal. El sentido de la vida no es el que otros nos puedan indicar, sino el que uno va descubriendo por sí mismo mediante su propio trabajo interior. La espiritualidad no es de uno u otro sistema religioso, sino que es el impulso que hay en el ser humano —sea teísta, politeísta, panteísta, transteísta o ateo— a autodesarollarse, evolucionar y humanizarse, esclarecer la mente y abrir en compasión el corazon. Hay otra historia en la que reflexionar:

“Un discípulo acude a visitar al maestro y le dice: Señor, estoy confuso.

Cómo siendo la última realidad una, hay tantas vías.

El mentor replica: - ¡Necio! Más debería haber, porque cada persona debe ser su propia vía, su propia doctrina”.

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