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RAMIRO CALLE

Ramiro Calle

YOGA Y ORIENTALISMO
Pionero en la enseñanza del yoga en España, disciplina que imparte desde hace más de 30 años en el centro de Yoga y Orientalismo “Shadak”. Fue el primero en promover investigaciones médicas sobre la terapia Yoga en España. Durante 40 años, ha explorado recuperado y aplicado, los métodos de sosiego y equilibrio, sintetizando los conocimientos de las psicologías de Oriente y Occidente.

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No hay verdadero yoga sin transformación

240 RAMIROEl yoga es una disciplina mental y espiritual para alcanzar otro modo de ver, ser y serse. Es una vía para aproximarse a lo Real o ultima realidad, que no importa en que términos se defina, pues está más allá de cualquier concepto. Pretende la evolución de la consciencia y superar esos condicionamientos humanos que han sembrado de horrores la historia de la humanidad, pero que pueden evitarse cuando la mente, que es causa de ofuscación, avaricia y odio, se transforme y genera lucidez, generosidad y amor. La mente velada por tendencias insanas, provocadoras de tanto innecesario sufrimiento, puede despejarse y brindar lo mejor de sí misma. Solo mediante la motivación, el esfuerzo bien encaminado, la actitud, el firme propósito y las técnicas, puede acelerarse la evolución consciente.

A través de la meditación y otras técnicas se busca un conocimiento mucho más alto, fiable y revelador, y sobre todo transformativo. No hay verdadero yoga sin transformación. Y esta transformación es para obtener lo mejor de uno mismo y poderlo así compartir con las otras criaturas.
El yoga ha ido acopiando una gran cantidad de enseñanzas y métodos a lo largo de su dilatada historia, para poder ir más allá de la consciencia semievolucionada y abordar otra forma de ver y proceder basada en la sabiduría y la compasión. Si se quiere no es un sueño. Contamos con el legado impagable de las mentes más brillantes en el terreno del mejoramiento humano. Pero, como a menudo recuerdo en mis conferencias y talleres, todo está dicho pero nada está hecho.
En el seno del gran río del yoga se han ido incorporando, a lo largo de milenios, las experiencias de muchos yoguis, que han aportado sus enseñanzas y revalidado los métodos que hay que experimentar por uno mismo, pues en el yoga todo debe convertirse en verificación personal y volverse uno su propio laboratorio viviente en el que indagar y experimentar. Muchos maestros nos han ido dejando su legado a través de su propia experiencia. No hay que guiarse por creencias (sean hindúes, budistas, jainas o cristianas), sino por experiencias. Buda nos invitaba a escuchar la enseñanza, reflexionarla, ponerla en práctica y tomar aquello que nos ayudase y descartar lo que no nos ayudase. Pero para eso hay que experimentar.

El yoga es una herramienta para desarrollar paz interior y superar el sufrimiento debido a la mente ofuscada. Es a la vez una técnica de introspección, un método de autodesarrollo, una disciplina psicomental y psicosomática. Se trata, mediante su práctica y sobre todo la meditación, de perfeccionar esas herramientas que son nuestras funciones mentales. Pero el yoga es heterogéneo y polivalente, y por eso no resulta nada fácil explorarlo y comprenderlo. Además de lo apuntado, es una técnica de vida o arte de vivir, un modo de enfocar la existencia humana desde la visión clara y el entendimiento correcto. En el transcurso de los tiempos parte de su sabiduría puede haber quedado sepultada, pero mucha otra sigue siendo un caudal inmenso de enseñanzas y métodos. Independiente, pues, de cualquier culto, el yoga es un método liberatorio y al demostrar sus técnicas una alta eficacia, fueron siendo incorporadas a diversos sistemas filosófico-religiosos.

En el ámbito del yoga ha habido manifestaciones o expresiones muy diversas desde los comienzos de su historia, y a veces en lo aparente contradictorias, pues en su corriente hay incluso vestigios de la cultura espiritual de los drávidas. Desde antaño sus procedimientos fueron utilizados por chamanes, ascetas, magos, místicos y toda suerte de buscadores de lo Inefable, más allá de tendencias monoteístas, politeístas, panteístas o ateas. Muchos yoguis surgieron al margen de la asfixiante ortodoxia del hinduismo e incluso ha habido una tradición de lo que podemos llamar "maestros extravagantes", que con sus "terapias" de choque y su estrafalaria e intencionada conducta trataban de quebrar los parámetros ordinarios de la mente de sus discípulos. El yoga siempre ha gozado de una enorme plasticidad o flexibilidad, pero ese no es motivo ni debe ser nunca causa para conducirlo a la degradación por aquellos precisamente que nada de yoga saben, o muy poco, pues lo prostituyen y comercian. Hay que poner bajo sospecha a esos mercaderes del espíritu. Y en último lugar, uno debe trabajar sobre sí mismo para convertirse en luz para uno mismo, y no olvidar que el verdadero maestro es el que conduce a su discípulo hasta su propio maestro interno, y no el que crea dependencias ni se aprovecha de la minoría de edad emocional del discípulo.

Una espiritualidad sin dogmas

236 RAMIROEl ego solo quiere enredar y las religiones instituidas son muchas veces caldo de cultivo para que el ego crezca en lugar de decrecer. Así se crean rencillas, conflictos, afán de dominio, tendencias a devaluar y humillar a los otros, cenagosa y espesa burocracia y adoctrinamientos que roban la lucidez mental. Y esto sucede tanto en el cristianismo como en el budismo tibetano u otros sistemas filosófico-religiosos. Siempre que hay jerarquías o linajes se abona más el terreno para que el ego pueda robustecerse, y en lugar de surgir la unión (religión), brote el enfrentamiento, la desunión, la petulancia, el aferramiento ciego a las ideas y convicciones religiosas. Entonces la religión institucionalizada, sea teísta o no, se convierte en una especie de cárcel, de mordaza, de atadura, y en lugar de poner alas de libertad, pone cadenas de esclavitud.

Surge el dogma, la mentalidad sectaria y, detrás, el fanatismo y la hipocresía, todo ello arropado bajo el aparataje eclesiástico (sea cristiano, lamaísta, o de otro tipo), y se crean toda clase de grupúsculos religiosos o pseudorreligiosos que incitan al borreguismo más que a la sabia utilización del discernimiento, encegeciendo la consciencia en lugar de esclareciéndola.

El Dharma palpita en mí, o sea la enseñanza autentica, pero nadie tiene el monopolio de la Verdad y las sendas hacia la cima son innumerables y al final uno mismo es su propia senda y su propio maestro, sin tener por qué rendir pleitesía a nadie y menos obediencia ciega y abyecta, se trate del Papa o del Dalai Lama, de un gurú o de un pastor o rabino. Sin embargo, todas las creencias puras son respetables, si bien al final tendrán que conducir a la experiencia personal, se siga la senda del Buda, de Jesús, de Lao-Tsé o de Mahavira. El maestro es la Enseñanza. Pueden fallar los seguidores, pero la Enseñanza es pura en su comienzo, medio y fin, aunque haya sido tan vapuleada por los profesionales de la religión, tanto las monoteístas como las que no lo son, o esos grupos sectarios pseudoespirituales que, sean cristianos o hindúes, budistas o de otro tipo, siempre hay que poner bajo rigurosa sospecha, vengan también de Oriente o de Occidente.

Mucha gente nace libre y se muere sierva de las ideas con las que otros, más ciegos les adoctrinan y que no conducen a la experiencia y la verificación personal. Hay una historia: El diablo y uno de sus acólitos vienen a darse un paseo por el confuso planeta Tierra. De repente el acólito del diablo, espantado, exclama:

“¡Señor, señor, cuidado! Es que allí hay una partícula de la Verdad.

El diablo, sin inmutarse en lo más mínimo, dice:

No te preocupes, ya la institucionalizarán”.

El occidental, descontento o insatisfecho con su religión, idealiza las religiones de Oriente, y viceversa, para a la postre comprobar que, al estar formadas por seres humanos, el escenario de fondo viene a ser el mismo. Al final uno tiene que seguir sus propios "insights" (vislumbres, golpes de luz) y tomar lo mejor de la Enseñanza para ser libre y no un esclavo, para obtener una mente independiente y no contaminada.

Si peligroso es el ego individual, ¡cuanto más el colectivo! Y más cuando es un ego colectivo fanatizado y que en lugar de alimentar auténtica compasión y lucidez, se extravía en el aferramiento a ideas. Como en ello insistía Krishnamurti, el poder siempre es putrescible, sea político, económico o religioso.

Siempre me atrajeron el yoga y la meditación, entre otras vías, porque invitan a la duda razonable (que no sistemática y escéptica) y no se mueven por ideas sino por experiencias y se someten las enseñanzas y métodos a la verificación personal. El sentido de la vida no es el que otros nos puedan indicar, sino el que uno va descubriendo por sí mismo mediante su propio trabajo interior. La espiritualidad no es de uno u otro sistema religioso, sino que es el impulso que hay en el ser humano —sea teísta, politeísta, panteísta, transteísta o ateo— a autodesarollarse, evolucionar y humanizarse, esclarecer la mente y abrir en compasión el corazon. Hay otra historia en la que reflexionar:

“Un discípulo acude a visitar al maestro y le dice: Señor, estoy confuso.

Cómo siendo la última realidad una, hay tantas vías.

El mentor replica: - ¡Necio! Más debería haber, porque cada persona debe ser su propia vía, su propia doctrina”.

Los Secretos del Yoga (II)

ILUS 237 RAMIRO wEn mi anterior reportaje escribí sobre los secretos del yoga, pero ahora quiero hacerlo sobre los del verdadero hatha-yoga. Esta modalidad yóguica es una de las más falseadas, adulteradas e incluso prostituidas. Fueron parte de los primeros mentores que llevaron el yoga a América los que lo falsearon para mercantilizarlo y lo convirtieron en una enrarecida fusión de elementos gimnásticos, poniendo un desmesurado énfasis en el asana-contorsión y dando lugar a lo que se podría denominar el "yoga americanizado". Incluso se daba la bienvenida a campeonatos de asanas o se acentuaba el culto y apego por el cuerpo y, desde luego, al jactarse narcisistamente de ejecutar los asanas más enrevesados y, por cierto, inútiles.

El genuino hatha-yoga encuentra su origen en la escuela de los Natha, entre los que destacaban Matyendranath y Goratnath, y se consolida en textos como el Hatha-Yoga Pradipika, el Shiva Samhita y el Gheranda Samhita, donde se da rienda suelta a todo tipo de exageraciones y abundancia de efectos milagreros de sus técnicas, pero que son de obligada lectura para el especialista en hatha-yoga.
El hatha-yoga cuenta con diferentes técnicas:

  • Asanas o determinadas posiciones corporales, ensayadas y experimentadas a lo largo de siglos, que tienen por objeto servirse conscientemente del cuerpo para no solo favorecer éste, sino también estabilizar la mente y pacificar las emociones. El trabajo consciente sobre el cuerpo a través de los asanas, unifica y ensancha la consciencia, sintoniza mente y cuerpo, favorece la integración psicosomática y activa el sentido de la introspección. En el verdadero hatha-yoga las posturas se mantienen un tiempo determinado y de ese modo se incrementa el estiramiento muscular, se acentúan los masajes a vísceras y órganos, se estabiliza la acción cardiaca y se permite una más estrecha captación de las funciones corporales. Las combinaciones para los programas son muy diversas, puesto que hay miles de asanas, aunque unas veinte son los más esenciales. En nuestra web (www.ramirocalle.com) pueden encontrarse tablas de asanas para cada día de la semana.
  • Pranayama. Son ejercicios muy elaborados y verificados de control respiratorio, que no solo revitalizan el cuerpo y lo fortalecen, sino que ayudan a frenar el pensamiento mecánico y hallar un estado de equilibrio y sosiego. Tan importante es el pranayama, que ha habido grandes maestros que han asegurado que sin pranayama no hay hatha-yoga. Prana es la fuerza vital y el pranayama ayuda a reorientarla y administrarla.
  • Mudras y Bandhas. Son valiosas técnicas tendentes a la conservación de la energía o prana y que facilitan un estrecho control sobre determinados músculos y funciones, aumentando la toma de consciencia del cuerpo. Se combinan parte de ellos con los pranayamas y ayudan a un notable dominio neuromuscular, redirigiendo y gestionando el prana, que no solo opera en el cuerpo, sino también en el órgano psicomental.
  • Shatkarmas. Son técnicas muy eficientes para limpiar e higienizar el cuerpo, pero que tambien favorecen el armónico flujo de energías. Se clasifican en seis grupos: 
a) Dhauti: limpieza de la boca, la garganta y el recto.

b) Basti: limpieza de los intestinos.
c) Neti: limpieza de las fosas nasales.
d) Nauli: purificación de los intestinos y fortalecimiento de los músculos abdominales.
e) Trataka: limpieza de los ojos.
f) Kapalabhati: limpieza de los senos frontales.

La ejecución de las técnicas del hatha-yoga exige mucha atención, y de ese modo, además de los beneficios fisiológicos, se consiguen los mentales y emocionales. Hay que estar muy atento durante la ejecución de todas las técnicas y por supuesto de los asanas, que deben atender los siguientes requisitos:

  • Ejecutarse con lentitud, tanto al hacer el asana como al deshacerlo.
  • Realizar el asana con máxima atención, sintonizando el cuerpo y la mente.
  • Mantener el asana el tiempo requerido, porque en el verdadero hatha-yoga -como ya hemos apuntado- todas las posturas se mantienen, con lo cual los beneficios psicosomáticos se intensifican.
  • Estar atento a las sensaciones, masajes, estiramientos y presiones que el asana produce en el cuerpo.
  • Adaptarse a la postura, pero también adaptar la postura a uno.
  • Evitar cualquier esfuerzo excesivo tanto al hacer como al deshacer la postura.
  • Seguir la sesión de asanas de ejercicios de control respiratorio y relajación profunda.
  • El hatha-yoga, de acuerdo a los textos clásicos, se convierte en una escalera hacia el radja-yoga o yoga mental. En la verdadera tradición del hatha-yoga jamás se ha contemplado éste como una gimnasia o actividad deportiva. Nada más aberrante con respecto a las fuentes y logros del genuino hatha-yoga, que trabaja en tres planos: Somático, Energético y Psicomental.

Como explica muy bien el escritor y editor Alvaro Enterría en mi obra "Yoga, Método Ramiro Calle", incluso ahora en la India se hace una diferencia entre Yug y yogá. Yug es el genuino yoga en tanto que yogá es el "yoga" que, adulterado en Occidente, ha regresado a la misma India. Un yoga desvirtuado, fragmentado y que pone obsesivamente el énfasis en el cuerpo. Pero lo tristemente paradójico es que este tipo de "yoga" fue el mostrado y alentado por buena parte de los maestros hindúes que viajaron a Estados Unidos. Unos difundieron un "yoga" marcadamente religioso, hasta lo empalagoso, y otros un "yoga" gimnástico y de sesgo contorsionista. Pero el verdadero yoga seguirá imponiéndose, como lo lleva haciendo a lo largo de más de cinco mil años.

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