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La Verdadera Tracición Iniciática

 Aunque la verdadera tradición iniciática se ha perdido en muchos sentidos, siempre cabe esperar el resurgimiento de nuevos iniciados que prevengan de la completa degradación interna, siendo un verdadero iniciado solo aquel que haya penetrado en las sublimes esferas de la autorrealización. Solo cuando haya un número considerable de personas autorrealizadas será posible una comunicación espiritual universal, pero eso, hoy por hoy parece impensable, y es cada buscador por sí mismo, motivado por su inquietud espiritual, el que se ve impulsado a una búsqueda personal que a veces resulta muy fecunda, por difícil que resulte, ya que no hay atajos para llegar al paraíso interior. 174 RAMIRO
La verdadera tradición iniciática, la verdadera y no la manoseada o falseada por pseudoesoteristas o mistagogos, la que se ha alimentando con la sabiduría de los que alcanzaron la experiencia liberadora, es una terapéutica en el sentido más elevado de la palabra, capaz de prevenir y curar la angustia que procede de la fragmentación, de la neurosis, de la inadaptación y de la carencia de una idónea comunicación de la persona consigo misma y con los demás. Es una terapéutica profunda y transcendental que viene desde el comienzo de los tiempos. Pero la desconexión vertiginosa -seguramente debido a la ausencia de verdaderos iniciados- de esa tradición iniciática a la que nos referimos, solo consigue acentuar la inmadurez espiritual y la desintegración psíquica. Hay un notorio desequilibrio entre esa tradición, el destino individual y la técnica; una evidente desarmonía entre el yin y el yang. Por ello se necesitan fármacos espirituales que resuelvan conflictos internos y tengan la capacidad de afectar positivamente la psique del individuo. Las personas realizadas son las que nos han legado tales fármacos. El bienestar externo es insuficiente si no se ve correspondido por el bienestar interno. La persona que encuentra un punto intermedio y equilibrado entre ambos, es la que recobra la madurez. La persona realizada es como un árbol invertido que tiene sus raíces en la Conciencia y toma la savia de los cósmico y se ramifica fundiéndose con Todo.

La persona común no es receptiva al mensaje superior que le es llegado desde tiempos inmemoriales. No dispone de las "antenas" del conocimiento superior para captarlo. Al ser el yoga el eje de la tradición iniciática, encierra este mensaje dentro de sí mismo, y lo imparte a través de las enseñanzas y técnicas que lo conforman. Gracias a esas técnicas yóguicas tendentes a la experiencia liberadora, se logra que la tradición iniciática sea algo más que una entelequia, una indefinida aspiración, una especulación o una búsqueda solo potencial. Dichas técnicas han dado sobradas pruebas de eficacia y han reportado reconocida satisfacción. Así el buscador espiritual no está desasistido y puede ascender, aunque sea lentamente, hacia lo luminoso. Cunado las tinieblas de la ignorancia básica, que ocultan el conocimiento, se disipen por completo, se producirá una explosión de luz en todo el Ser, siendo este estado, también conocido como iluminación, la experiencia liberadora o autorrealización.
Ni que decir tiene que solo las sendas genuina de autodesarrollo y autorrealización hacen posible el proceso de apertura espiritual, siendo el yoga la piedra angular de los distintos sistemas liberatorios de Oriente. Por supuesto, que el verdadero yoga y no esa serie de penosos y deplorables pseudoyogas que en lugar de evitar la competencia y afirmación del ego, la robustecen; que conducen a sus aspirantes al peor de los orgullos -el espiritual- y que rinden un delirante culto al cuerpo en lugar de ocuparse de seguir las huellas del Ser. Esos psudoyogas o yogas desnaturalizados son un narcótico perverso y traidor para apartar al aspirante de la senda auténtica hacia la realización de sí, haciéndole poner su energía no en pos de lo más elevado y ensanchamiento de la consciencia, sino en el acrecentamiento del ego.
La verdadera tradición ha sido como un río de sabiduría, de corriente despierta, para hacer posible el estado de liberación en vida. En la gran farmacia del yoga podemos encontrar infinidad de métodos para atender el cuerpo y la mente y cuidarlos, lo que es importante, pero la más alta terapéutica es la del espíritu, aquella que apunta a una experiencia de orden superior, inasible a lo conceptual, y que consiste en establecerse en "aquello" que se esconde tras el ego como la perla se oculta en la ostra.

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