Pautas para comer atentos -Mindful eating*-

181 AGUSTIN

Mindfulness o atención plena- es prestar atención de manera deliberada, ser totalmente consciente de lo que sucede tanto en tu interior – en el cuerpo, el corazón y la mente- como fuera, en tu entorno. Mindfulness es consciencia sin juicio de valor ni crítica. Jan Chozen Bays

Mindfulness es una capacidad natural que ya existe en nosotros, que puede estar dormida, pero que podemos desarrollar, empezando por breves momentos de atención para llegar a una atención sostenida más fluida.
La práctica no consiste solo en el aspecto formal de un tiempo diario de quietud y silencio –aún siendo esto básico-, sino que pretende además llevar la consciencia gradualmente a otras actividades de la vida cotidiana, como es el hecho de alimentarse.
Comer atentos significa, de entrada, poner presencia en el acto de comer, en las sensaciones de gusto, aspecto y olor de los alimentos. Darse tiempo para masticar y disfrutar del hecho de alimentarse.
Además se cultivan dos habilidades esenciales: primera, dirigir la atención a la sensación de hambre, para indagar su causa y cómo satisfacerla. A veces nos confunden estados emocionales como la ansiedad, induciéndonos a comer sin hambre. Y segunda, darse cuenta del grado óptimo de satisfacción. Muchas personas no saben decidir cuándo el cuerpo está satisfecho, solo reconocen las señales de “incómodo-hambre” e “incómodo-atiborrado”; cuando comen se saltan la señal más sutil de satisfecho.
Otro aspecto importante es ser cada vez más conscientes de los hábitos alimentarios que desarrollamos a lo largo de la vida. Es decir de nuestros condicionamientos. A veces estos son inofensivos, pero otras veces traen consecuencias dañinas. Por ejemplo, podemos tener el patrón de acabar siempre toda la comida del plato, y ello podría llegar a ser un problema.
Podemos sospechar hábitos problemáticos cuando se siente angustia o rabia al comer, cuando hay un deseo abrumador de cierto tipo de alimento, o cuando usamos la comida para tapar emociones dolorosas como la culpa, la rabia o la tristeza.
La clave para trabajar los condicionamientos es tener el coraje de superar la comodidad de vivir en piloto automático. Rompemos con los viejos hábitos siendo conscientes de ellos y dejando de reaccionar compulsivamente. Cuando hacemos un espacio entre el impulso y la acción que lo sigue, empezamos a salir de la prisión del automatismo.
Por otro lado, quizá necesitemos aprender a observar y manejar nuestros antojos de alimentos con sal,  azúcar o grasas, cuyo suministro ilimitado  en nuestra vida actual causa problemas por estar relacionados con el sobrepeso y muchas enfermedades. Podemos observar cómo afectan a nuestro estado de ánimo, podemos comerlos con mayor atención y podemos sustituirlos conscientemente por alimentos más sanos, y que causen el mínimo perjuicio.

Para desarrollar la práctica de comer atentos se sugiere una serie de pautas:
Ir más despacio

Masticar despacio y saborear es importante para lograr satisfacción. La boca disfruta con la consciencia de los diferentes sabores y texturas. Masticar bien ayuda a obtener más nutrientes para facilitar la actividad de las enzimas digestivas. Al comer despacio también damos tiempo a que el regulador del apetito nos envíe claras señales de satisfacción.
Para facilitar el comer despacio se puede hacer una pausa antes de comer para observar cada alimento y olerlo (comer también con la vista y el olfato), dar las gracias a los seres que hicieron posible la realidad de los alimentos; saborear en pequeños bocados, masticar más veces, contrastando los diversos ingredientes. Se propone beber despacio, lo cual significa mantener el líquido en la boca unos segundos, disfrutar de sabor antes de tragar.

Cantidad adecuada

Necesitamos aprender a comer sólo lo suficiente para estar sanos y satisfechos. Para ello hemos de ser conscientes mientras comemos despacio, y detectar la señal de satisfacción. Dependiendo de diversos factores como la temperatura ambiental y la actividad física necesitaremos mayor o menor cantidad.

Sustitución consciente de un alimento insano por otro sano, comido de forma lenta y consciente

Funciona mejor que la represión de nuestros deseos adictivos. Se trata de buscar un sustituto sano y saborear pequeñas dosis. Para algunas personas también funciona  el sustituir los deseos de comida por una actividad mental beneficiosa y adecuada como puede ser la meditación o la respiración consciente.

Tratarnos con amabilidad
Necesitamos aprender a ser más comprensivos con nosotros mismos. Podemos reconocer los pensamientos críticos que nos dicen, por ejemplo, lo que debemos o no debemos comer. En la práctica meditativa del comer atentos escuchamos esas voces, las dejamos ir, y volvemos al momento presente. Cuando estamos realmente en el aquí y ahora desaparecen los juicios y las preocupaciones. Podemos observar y aceptar  los impulsos de nuestra mente y aprender a dejar de ser arrastrados por ellos.
Necesitamos relacionarnos con nuestra dimensión corporal con bondad y aceptación. Podemos realizar prácticas sencillas para recuperar el aprecio por nuestros subestimados cuerpos. Se trata de reconciliarnos con nuestro organismo sustituyendo la energía negativa del rechazo con la energía de la benevolencia, lo que nos ayudará a sintonizar mejor con las señales que envía. Ciertas prácticas de mindfulness como la exploración corporal compasiva nos ayudan a tener una relación más armónica con el cuerpo.

Cultivar la gratitud
En las sociedades ricas se ha venido creando angustia y confusión en torno a la alimentación, en parte debido a una sobrecarga informativa provocada por escuchar opiniones de especialistas, muchas veces contradictorias, en lugar de escuchar la sabiduría natural del cuerpo.
Por otro lado, en la abundancia de la sociedad consumista, lo común es que nos influya y arrastre la oferta publicitaria. Se olvida el sentido de la gratitud y se conecta más fácilmente con la insatisfacción y la queja.
Practicamos la atención hacia nuestro cuerpo, aprendiendo una actitud amorosa, y agradecida por su inteligencia innata. También practicamos la gratitud hacia los alimentos, tomando conciencia de los seres y vidas relacionadas con ellos, lo cual nos ayuda a sentir una conexión mayor con el universo. El acto de comer se convierte así en un acto con sentido más profundo.

Buscar apoyo
Todas estas pautas de poner presencia, de manejar  impulsos y controlar automatismos requieren una práctica disciplinada: es más fácil realizarlas en un marco grupal o al menos con alguien de confianza que nos respalde. Por supuesto que los trastornos de alimentación suelen necesitar de ayuda terapéutica profesional que apoye en el proceso de cambio tras tomar conciencia de los patrones dañinos arraigados.

Pero cualquier persona puede empezar a usar alguna comida como parte de su práctica meditativa. Saboreando los alimentos más despacio y con mayor presencia, observando el cuerpo y los contenidos de la mente en este proceso, podemos acceder a una mayor satisfacción en relación con este asunto vital.

*Este artículo está inspirado en el libro Comer atentos, de Editorial Kairós. La autora Jan Chozen Bays es pediatra y profesora de meditación. Fundó un monasterio zen donde imparte cursos sobre comer atentos y otras prácticas de mindfulness.

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