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El enigma de la Vitamina D

Ya está aquí la primavera, por fin empiezan esos días maravillosos donde toda la magia de la naturaleza se deja ver en plena ebullición, donde las brotes de los árboles empiezan a nacer, los pájaros revolotean de felicidad, y donde se percibe el olor de las flores. Todo este nuevo escenario nos invita a salir de nuestras madrigueras con toda la intención, de dejar caer esos primeros rayos de Sol sobre nuestra piel.

Aunque tomar el Sol puede convertirse en algo peligroso, lo cierto es que se trata de una actividad imprescindible para la salud. Obviamente hay unas horas concretas del día que son más convenientes y también el tiempo de exposición debe ser controlado ya que el exceso de rayos solares puede ser el desencadenante del cáncer de piel. Tomar el Sol es algo vital y más que necesario; sin ser conscientes, la inteligencia suprema del universo nos empuja hacia el Sol por algún motivo. Esa información está impresa en nuestros genes, estamos hechos de tal forma, que para poder encontrarnos totalmente saludables debemos permitir que los rayos del Sol entren en contacto con nuestra piel. No cabe la menor duda, que la necesidad de tomar el Sol para generar vitamina D, es tan sólo una excusa con una doble intención más profunda e impensable para muchas personas. Nada se escapa de la inteligencia divina, todo está perfectamente calculado, pero a veces, estamos tan ciegos que la mente con su incredulidad nos impide ir más allá de lo que nos explica el intelecto. Todo es maravilloso cuando abres los ojos y descubres la inteligencia del universo que es sólo perceptible para quien lo quiere “ver”.

Muchas cosas simplemente no necesitan explicaciones, tan sólo con observar detenidamente una célula, un árbol y el universo podemos ver que todo es absolutamente perfecto. Para tener aún más claras las cosas, la vitamina D se podría obtener a partir de algunos alimentos (huevo, salmón y lácteos) pero sorprendentemente -y está documentado- es bastante difícil conseguirla de forma efectiva a través de este medio. Sin embargo, el método más eficiente de sintetizar tal vitamina es a través los rayos solares.

¿Para qué sirve la vitamina D? Cumple con muchas funciones realmente importantes para la salud de las personas y es absolutamente imprescindible su presencia para evitar el desarrollo de patologías bastante serias. En primer lugar, esta vitamina es en realidad una hormona llamada Colecalciferol, cuya principal función es la de regular el paso de calcio hacia nuestros huesos, su déficit puede dar lugar al raquitismo, osteomalacia y osteoporosis. Además de esta importante labor la vitamina D es indispensable para muchas otras cosas:

Regula los niveles de calcio y fósforo en sangre. Estos dos minerales a parte de formar parte de nuestro sistema óseo son imprescindibles para correcto funcionamiento del metabolismo celular. Si nuestra alimentación es deficiente en calcio y fósforo, la vitamina D “ordena” la salida de dichos minerales de los huesos para que puedan llevar a cabo sus otras funciones. Sobra decir que este efecto es negativo para el organismo, de ahí la importancia de una alimentación equilibrada y variada.

Se trata de una hormona antitumoral. Actúa como protectora e inhibidora en el desarrollo del cáncer; quienes tienen déficit de dicha vitamina están proporcionalmente más expuestos a padecer esta grave enfermedad. De hecho en grandes estudios oncológicos se ha comprobado que quien sufre esta patología presenta niveles bajos de vitamina D.

• Las concentraciones bajas en vitamina D puede ser la causa del desarrollo de varias enfermedades de tipo autoinmune. En casos como la artritis reumatoidea, la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn y la esclerosis múltiple se ha observado que los niveles de esta vitamina están por debajo de los requeridos. • Niveles bajos de vitamina D pueden dar lugar a la insulinoresistencia porque existe una relación entre la insulina y la vitamina D. Esto puede dar lugar al padecimiento de diabetes.

• En un importante estudio publicado sobre el Alzheimer se sugirió que la carencia de esta vitamina podría aumentar el riesgo de padecer esta enfermedad.

Como podemos ver, la vitamina D es más importante de lo que pensamos y aún me quedaría por explicar otros efectos negativos, pero estos son más que suficientes para explicar que muchas veces desarrollamos enfermedades que quizá tienen que ver con la deficiencia vitaminas, minerales o ácidos grasos esenciales de los cuales no somos conscientes de su verdadera importancia.

La hora ideal para tomar los rayos de Sol es preferiblemente por la mañana antes de las diez -idealmente a la salida del sol- o por la tarde después de las seis de la tarde justo al ocaso. Para conseguir la vitamina D es necesario tener los brazos y piernas descubiertas. Quince minutos al día es más que suficiente para hacernos con una ración de nuestra vitamina D. No es un secreto que nada se escapa de la inteligencia que subyace en todo el universo, los rayos solares son importantes porque con ellos se produce el despertar de nuestra conciencia. Levantarse por las mañanas, meditar con los primeros rayos de Sol en nuestro rostro es un práctica que además de saludable nos acerca a nuestro propia divinidad. Más allá de todo lo empírico, el Sol tiene un enorme poder y nuestros antepasados lo sabían; los egipcios, los griegos, los incas... Todas estas culturas actuaban por intuición, el intelecto aún no había contaminado sus vidas, actuaban con el corazón y la inocencia los impulsaba a pensar que el Sol era algo importante y en efecto lo es, aunque parece que lo hemos olvidado. El contacto con la naturaleza es el escenario donde el ser humano ha recibido inspiraciones a lo largo de la historia de la humanidad. Sólo en la naturaleza se encuentra el equilibrio de la mente, no se piensa, sólo se observa, se escucha y se respira. Los árboles, los animales, la tierra son poseedores de la energía suprema e inalterable de la cual muchos de nosotros estamos carentes porque vivimos sumergidos un mundo más superfluo.

Está claro que por algún motivo estamos hechos para estar en contacto con el Sol y la naturaleza, quizá el olvido de esta práctica es lo que nos tiene tan enfermos, enfadados, estresados, cansados y angustiados. Retornar a nuestros inicios con una alimentación menos proteica, más natural y el contacto con la naturaleza con toda seguridad nos prolongará esa salud que tanto necesitamos para alargar nuestra experiencia de vida.

Tagged under: Ángela Tello

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