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No te quejes, ni te culpes: haz tu parte

 

191 DANIEL

Decíamos, al comenzar esta serie de artículos, que para amar hay que aprender a hacerlo, que amar solamente con buena voluntad, pero sin tener una preparación previa no es suficiente. Que el libre albedrío en el amor puede llevarnos a dañar a las personas a quienes sólo deseamos el bien. En este artículo veremos que para amar hay que renunciar a la queja y la culpa porque nos distancia de quienes amamos, y el quejarnos de todo y de todos, nos empobrece.

Al presentar estas dos nuevas herramientas para amar, conviene refrescar su porqué. El motivo de que aprendamos a usarlas es para que dejemos de improvisar en el amor y en las relaciones. El amor es demasiado importante como para no prepararse para amar bien. Las herramientas de amor que os ofrecemos son muy fáciles de asimilar y pueden explicarse tanto en positivo (lo que hay que hacer) como en negativo (a lo que hay que renunciar). Utiliza estas herramientas como te sea más sencillo: verás que funcionan de ambas maneras.

HERRAMIENTA Nº 4: Renunciar a culpar
Si hemos de renunciar a culpar a los demás es porque, simplemente, el culpable no existe: todas las personas, cuando actúan, lo hacen justificando su acción, pensando en que tienen razón.
Vamos a un ejemplo extremo: cuando alguien roba, secuestra a otro o, simplemente, se salta un semáforo en rojo, lo hace sabiendo que está mal... ¡pero pensando que tiene una razón, que tiene un motivo para ello! Cada visión del mundo conlleva una actuación sobre en el mismo, que es inevitable: según tu nivel de conciencia, actúas de una forma o de otra. Es inevitable. Por lo tanto, yo no puedo culpar a alguien porque tenga una visión primitiva sobre el mundo; lo que sí puedo hacer es intentar darle más información, o, si es necesario, puedo protegerme de su miopía. Pero pensar que esa persona es culpable es cerrarme; significa que pretendo que los otros actúen como yo, que actúen como si viesen el mundo igual que yo, que actúen de una manera distinta de como actúan, que su visión del mundo sea distinta. Y eso no es posible: actúan en función de lo que creen adecuado... ¡el mal no existe: lo que existe es la ignorancia! Para ciertos niveles de ignorancia existen ciertos niveles de acción, y eso es inevitable.
Pero además, el culpar me quita poder: si yo te culpo a ti, si tú tienes la culpa, yo no puedo hacer nada y me encuentro indefenso y desposeído de poder.

Por el contrario, si renuncio a culpar (y esta es la parte positiva) entonces puedo asumir la responsabilidad de mi vida. Da igual que lo que tú hagas me guste o no, eso es indiferente. Lo que debo preguntarme es ¿qué hago yo ahora con lo que tú haces? ¿Qué hago yo en mi vida, sabiendo que no puedo cambiarte? Yo te puedo dar información, pero que la aceptes o no, depende de ti. Por lo tanto, señalarte como culpable es absurdo y lo que está evitando es que yo asuma mi propia vida. ¿Por qué? Porque externalizo la queja y la responsabilidad y me convierte en una víctima. ¿Verdad que eso no te parece deseable para ti? Si deseas relaciones excelentes, no culpes. Asume tu responsabilidad.

Cuando me culpo a mí mismo
¿Cómo puedo intentar superar la auto culpa? A veces propongo que nos miremos al espejo y nos digamos lo siguiente: "Entre millones de espermatozoides y centenares de óvulos, tú fuiste el escogido. La vida ha confiado en ti.", por lo tanto mírate y bésate. Si la vida ha apostado por ti, no hay ninguna duda de que éste es tu lugar. Entonces me miro al espejo y le digo a esa persona que está del otro lado, que soy yo: "No te voy a defraudar, no defraudaré a la vida". La vida ya sabía que yo podría equivocarme; es más: la vida sabía que yo tenía que equivocarme para aprender. Dicen que un sabio es aquel que ha gastado todos los errores. ¡Así que haz el favor de gastarlos rápido y aplaudir cuando los gastes, en lugar de culparte! Pero si te culpas no pasa nada, es otro error del que vas a tener que aprender y con el tiempo, el haberlo pasado te ayudará a no caer de nuevo. Ten paciencia. Nada se aprende a la primera.

Un ejercicio para que la uses
Para verificar si esta herramienta es cierta y funciona existen dos formas muy sencillas: la negativa y la positiva. Vamos a relacionarnos durante toda esta semana desde un punto de vista negativo. A cualquier persona que podamos, echémosle la culpa. No importa a quien sea: a nuestros jefes o compañeras en el trabajo, a los políticos, a nuestra pareja, a nuestros hijos. Y vamos a comprobar de qué manera más sencilla nuestra vida se convierte en un bonito infierno. Al hacerlo habrás comprobado que cuando culpas a los demás ocurre que: 1) te sientes impotente, y 2) la otra persona se enfada. Y cuando te culpas a ti mismo comprobarás que tu vida es un sufrimiento. Así que, a partir de ahora, harás el ejercicio y te culparás de todo: de no ser lo bastante alta, no tener demasiado cabello, no tener la voz adecuada para cantar, etc. Tu vida será un infierno y habrás comprobado que culpar no es una buena forma de relacionarse. Lo habrás verificado. No será fe, será evidencia.
La otra forma de comprobarlo es justamente al revés. Durante esa semana, frente a cualquier cosa que ocurra, no culpes a nadie, desde el corazón. Comprende que su acción era lo máximo que esa persona podía hacer, y verás que en tu corazón habita la paz. Podrás relacionarte con los demás de una forma que transformará las relaciones, incluso si tu jefe llega tarde, vomita encima de tu escritorio después de haber bebido cinco cubatas sabiendo que no puede; no le eches la culpa y limítate a proteger tu escritorio y quizás, busca un nuevo trabajo... Asume tu responsabilidad, no culpes: asume tu responsabilidad. Actúa. Asume. Tu vida será un espacio de libertad. No dependerás de los demás.

HERRAMIENTA Nº 5: Renunciar a la queja
La prosperidad es el resultado de valorar lo que tengo. Si me quejo de algo, le estoy pidiendo a la vida que me lo quite. Luego, la queja me hace pobre. Cuando pongo la atención en algo, eso se multiplica. Por lo tanto, si pongo la atención en lo que me gusta, si lo valoro, esa será una puerta hacia la riqueza. Y la puerta hacia la pobreza es la contraria: es la queja.
Entonces, ¿a qué debo renunciar? A quejarme. ¿Qué debo hacer en positivo? Valorar lo que tengo, y entender que siempre tengo lo necesario para ser feliz. Esto puede parecer una estupidez porque muchas veces estamos esperando que ocurran cosas mágicas, para que sólo entonces podamos ser felices. ¡Pero si no somos felices ahora, tampoco lo seremos luego! Solo tendremos más, o menos. Tengas lo que tengas, siempre tienes lo necesario para ser feliz, porque mientras tú estés ahí, siempre tienes lo necesario para ser feliz, solo te necesitas a ti.
A pesar de ello, alguien podrá decirme: "Sí, pero es que no tengo un novio". Antes tampoco lo tenías, y eras feliz. Siempre tenemos lo necesario, ahora solo falta que lo valoremos. Cuando valore lo que tengo, seré feliz. Cuando me queje, seré infeliz. Pero no solo infeliz: seré pobre: cada vez tendré menos. Cuando soy un quejica, cuando soy un llorón, lo que estoy diciéndole a la gente es que se vaya... ¡y esa es una forma muy errónea de amar! ¡Nadie con dos dedos de frente diría a las personas que aman que se vayan! ¡Aunque cueste, no te quejes! ¡Es una herramienta poderosa de potenciar lo valioso! ¡Una herramienta poderosa de amor!
La pobreza y la queja
Es importante hacer esta última reflexión: la queja nos lleva a la pobreza. ¡Y me quedo tan ancho diciendo esto! Porque cuando yo me quejo de las cosas, le estoy diciendo a la vida "esto no lo quiero, quítamelo". Y cuantas más cosas me quite la vida, más pobre seré.
Por lo tanto, la parte que me corresponde hacer a mí es asumir que mis sentimientos, mis pensamientos, mis emociones, las genero yo. Asumir que yo tengo que decidir cómo actúo.
Esta es una herramienta fundamental de relación: la manera en que yo me relaciono con los demás, contigo, con el mundo, es siempre desde la no-culpa. ¡Basta de quejarte de los políticos, de la crisis, de las multinacionales! Si no te gustan las multinacionales, compra en pequeñas tiendas. Si no te gustan los políticos que hay, preséntate tú… Asume tu responsabilidad, haz tu parte y deja de quejarte. Valora lo que tienes, y lo valioso se multiplicará.
Compruébalo tú mismo.
Si quieres ver cómo funciona esta herramienta, conviértete en un quejica durante toda esta semana y verás cómo dentro de ti comienzan a nacer la frustración y la tristeza. Y comprueba cómo la gente empieza a evitarte. Inclusive fíjate como las personas que se juntan contigo son gente que se queja, y que lo que te aportan es energía negativa. Entonces pregúntate: "¿es esto lo que yo quiero en mi vida?" Y si es lo que quieres, ¡adelante!, hay mucha gente que se queja (pero a mí no me das pena).

La otra forma de comprobarlo es al revés: empieza abriendo los ojos y diciendo: "Gracias por este cuerpo”. “Gracias por este aire que puedo respirar”. “Gracias por este día que va a ser maravilloso”. Y por cada una de las cosas que ocurran, bendice todo lo que tienes y que puedes disfrutar. Es cierto que a veces nos ocurren cosas que nos disgustan. Por ejemplo, uno puede perder el trabajo. Yo no te digo que bendigas que has perdido el trabajo; pero sí bendice la capacidad que tienes de trabajar, y que ahora vas a poner al servicio de otro proyecto. Y bendice tu trabajo anterior, porque te ha dado la oportunidad de aprender. El agradecimiento es el gran antídoto contra la queja. Por eso cuando valoramos (agradecemos) la realidad, llegamos a entender que somos ricos. ¡Valora lo que tienes!

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