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El mito del eterno retorno, o, "cómo todo regresa de algún modo..."

 

191 PABLO¿No has notado alguna vez, que, pese a que los años pasan en tu vida, siempre te sientes en la “cresta de la ola”?, ¿cómo que tú eres, de una u otra forma lo importante?, es decir, el centro de tu universo? Pues sí, ésa es una sensación que todos los seres comparten, desde la mosca o la planta, hasta el ser humano.
Tenemos la sensación de que, por más que la vida va cambiando, todavía somos una especia de misma cosa en el fondo.
La razón para ésta peculiar sensación es que, efectivamente, la vida es “los ojos que siempre miran desde detrás de la mirada de cada ser vivo”.
Cuando era niño, miraba la vida exactamente con la misma sensación de ser que ahora. Cierto que han cambiado pensamientos, sentimientos, cuerpo, etc… pero esa sensación permanece allí. Esa es la razón de que nos sorprenda tanto cuando alguien nos llama por primera vez “señor” o “señora”… no podemos concebir el cambio que los otros ven, ya que a nosotros nos parece que somos los mismos.
Además de ello, de repetirse la sensación, también vemos que se repiten situaciones, rostros, maneras de pensar, sentimientos, etc… A veces aisladamente, por ejemplo, alguien que posee un rostro parecido a algún viejo amigo, pero, cuando hablamos con él notamos que piensa de otra manera, o damos con alguien que posee un cuerpo diferente a ese viejo conocido nuestro, pero piensa casi por completo como él, pese a que medien, por ejemplo, décadas entre ellos.
El hecho es que, hay una sensación que es común a todos nosotros: el yo, es decir, esa sensación de ser, de existir. Luego viene lo demás, el nombre, el apellido, los gustos, los disgustos, los sueños, las depresiones, pero, detrás, siempre hay esta constante (en movimiento), tal como la nota sruti de la música india, que consiste en un sonido que discurre por detrás de todas las variaciones musicales y que se mantiene constante, una especie de “mmmmooonnnnggggmmmooonnnnggggmmmmoooonnnnggggg” eterno.
Así es que, tal como en una pieza de Mozart o Bach, podemos oír variaciones musicales, pero siempre hay algo que se re-itera, que regresa, como si una constante estuviese siempre presente. Puede que oigamos unos acordes al comienzo, y, transcurrida media pieza, pensemos que no regresarán, pero lo hacen, y con algunos agregados, pero todavía reconocibles. De la misma forma, nuestros amigos nos reconocen, aún luego de dejar de vernos por veinte años, justamente por nuestras constantes, por ese algo que se repite, eso que podríamos llamar el alma, el ánima, o lo que nos anima, aquello que, si un Alzheimer lo hace desaparecer, nuestros seres queridos dirán: “él ya no está allí”.
Entonces, si en una pieza musical, si en la vida psíquica y/o física de una persona, hay características que regresan, no podríamos acaso extender esta idean a toda la existencia, tanto temporal como espacial?

Qué cómo sería esto?...
Bueno, imaginemos que podemos viajar en el tiempo, y ver fechas muy dispares a la nuestra, así como también que podemos viajar en el espacio, hasta sitios muy distantes del Universo. ¿Qué pasaría?, ¿qué veríamos? Pues más de lo mismo. Presenciaríamos cómo la vida entera es como una pieza musical, en la que se repiten procesos, situaciones, objetos, nunca de forma idéntica, pero si muy semejante, tanto que pueden ser reconocidas por nosotros.
Así, notaríamos que nosotros mismos, existimos en muchos lugares de este Universo, y en muchos tiempos simultáneamente, a veces con un rostro parecido, a veces con una mentalidad similar, a veces con ambas cosas. También veríamos que muchas situaciones resultan sospechosamente semejantes a otras que hemos presenciado en otros tiempos y lugares.
De esta manera, podríamos decir que la vida, está siempre haciendo lo mismo, cantando la misma canción, con su correspondiente nota sruti o constante de fondo, que es la sensación de ser que todo en esta vida posee, la sensación de ser el centro, de ser especial.
Esto no sería, en ningún modo la reencarnación, ya que para que tal cosa sucediese, haría falta que existiese una entidad fija, indisoluble, inmutable, personal, con recuerdos igualmente inmutables, inafectables, llamada alma (o de cualquier otra forma), que perdurase en el tiempo y en el espacio, lo cual contradeciría el sentido común más básico, ya que, en el caso de la canción, no es nunca algo inmutable, sino que va variando según quién la cante y cómo lo haga, es decir, se mantiene cambiando. Como el antiguo dicho francés “cuanto más cambia, mas es la misma cosa” (plus ça change, plus c'est la même chose)
A su vez, los acordes (ya no la canción misma), se repiten (siempre con variaciones), a lo largo del tiempo y del espacio, y cada nota que los componen también hacen lo mismo, y cada vibración que compone cada nota, ondulantemente, aparece y re-aparece una y otra vez.
Así es que, con toda justeza, podemos decir que siempre, desde el principio de los tiempos, hemos sido la misma cosa, la misma canción repitiéndose una y otra vez, y siempre será así. Una canción en la que, tal como dicen los hindúes, Krishna desciende en cada dvapara yuga y realiza sus lilas o pasatiempos divinos, en cada universo de una forma “ligeramente” diferente. Es como si dijésemos que Jesús, descendiese para vivir su pasión en cada mundo de cada galaxia, pero también que, a veces, él cae una sola vez al llevar su cruz, mientras que otras, ninguna, pero, sin embargo, para un supuesto observador de estas ocasiones, todavía todo el acto sería reconocible como: “la pasión de Jesucristo”.
Por todo lo dicho, no se extrañe de cruzarse, aún sin poder viajar en el tiempo, con alguien demasiado parecido a usted mismo o a algún viejo amigo suyo, y de que, a su vez, la misma canción haya estado sonando siempre, por lo que usted es completamente inmortal, porque la vida entera lo es… y que, en algún lugar de éste Universo, ahora mismo, esté ocurriendo la revolución rusa, o que un país llamado EEUU, esté llegando a la Luna… claro que, con pequeñas variaciones…

 

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