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Cuando la danza es Poesía

 

199 LALITALa importancia de los Círculos de Mujeres

Adoro la Danza
En realidad la Amo, la Amo con todo mi Ser. Agradecida a todo cuanto me ha permitido experimentar, explorar y conocer. A cuantas personas  ha puesto en mi camino, y me ha llevado a compartir junto a ellas, sueños, risas, llantos y alegría. Algo más que puro movimiento.  
Pero lo que más me ha regalado, ha sido comunicarme conmigo misma… sí, conmigo, y con mi Ser. Me ha ofrecido instantes de plenitud y gozo dónde he dejado de ser yo misma, para desaparecer… Ser nada y, volverme Todo. Una mota de polvo, y el mismo Universo.
El cuerpo es el vehículo. El cuerpo alberga no sólo la vida. Acoge la capacidad de percibir, sentir o imaginar. El cuerpo, es en realidad un límite… entre lo que ocurre fuera y lo que ocurre dentro. Un velo, una capa, una coraza… una piel que suspira.
El cuerpo es en realidad una separación… y sólo por el hecho de estar encarnados nos ofrece este Anhelo. El anhelo por volver a la Unidad. Por el reencuentro. El reencuentro con nuestro Yo profundo, con la Fuente, con el Ser, con el Amado.
No existiría esta Búsqueda, si en realidad no hubiéramos experimentado antes esa Unidad. Procedemos de la Unión, y a ella, retornaremos.
Y a lo largo de nuestra Vida podremos experimentar este deseo ferviente por volver a fundirnos en los brazos del Amado.

La Danza Mística Persa, me ha regalado la belleza de esta sutil experiencia. Un espacio de intimidad, dónde el cuerpo ofrece forma a la palabra, palabra que es Poesía, y que nace del Corazón. El Arte Persa tiene el valor de elevar la vibración del Amor, a través de la Belleza, la Gracia, y la Pureza. Tanto la Danza como la Música Mística Persa se inspiran en la Poesía Sufí, siendo ésta, expresión directa de los sentires más profundos del Alma humana.
“Así, la Danza se convierte en Poesía en Movimiento y ofrece un lenguaje no verbal para la comunicación del cuerpo con el espíritu.”
Los temas que abraza la Poesía Sufí son en su mayoría los relacionados con el Amor, la Muerte, y la Oración.
Para Rumí, uno de los poetas místicos sufíes más emblemáticos, todo se basa en el Amor, que es de hecho el Alma del Universo. A causa de él se esfuerza el hombre por regresar a la fuente de su Ser. La Música y la Danza, el movimiento de los átomos, la ascensión del ser…todo proviene de Él.
Rumí habla de la Muerte como un nuevo nacimiento, y a menudo compara al hombre en su condición terrenal con el embrión aprisionado en el seno materno, incapaz de imaginar un mundo exterior a él.
La Oración es la práctica del aspirante espiritual, para pulir la piedra del corazón, hasta convertirla en espejo. Espejo cristalino y puro, que pueda reflejar la luz del Amado.
La oración a través de la Danza, es para mí la práctica del Giro. Una experiencia meditativa, mística y de encuentro íntimo con Uno y con el Universo. Orientado a conectar con nuestro Ser interior, es una práctica de escucha, abandono y confianza, que aporta calma, equilibrio y plenitud. Es una danza contemplativa, una meditación dinámica, en la que uno gira además de con su cuerpo, con el centro del Ser o Conciencia. Los Giros Derviches cultivan el movimiento físico para abrir la puerta entre lo mecánico y lo Divino, utilizando la danza ritual y los ejercicios con movimientos controlados para promover estados sutiles de conciencia.
Cuando la Danza se convierte en Poesía, abrazamos la expresión sutil del Alma; cuando la Danza se convierte en Oración nos abrimos a la elevación del Espíritu.
Que la Danza nos guíe en nuestro viaje hacia la Libertad.

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